La administración de Donald Trump se alista para anunciar este viernes un cambio que ha generado gran expectación: el Departamento de Defensa pasaría a llamarse nuevamente Departamento de Guerra, recuperando el título que acompañó a la institución desde 1789 hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
El presidente planea firmar una orden ejecutiva que autorizaría a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, a utilizar denominaciones como Secretario de Guerra o Departamento de Guerra en comunicaciones oficiales.
Argumentos de la administración Trump
Según un documento filtrado, la Casa Blanca sostiene que restaurar este nombre “enviará un mensaje claro a los adversarios” y reflejará mejor la misión de las fuerzas armadas: defender los intereses estadounidenses incluso mediante el conflicto.
Durante semanas, Trump había adelantado el cambio. En la Oficina Oval llegó a bromear: “Muy pronto dejará de llamarse Departamento de Defensa”.
Obstáculos legales y dudas en el Congreso
No obstante, expertos advierten que el presidente no puede modificar unilateralmente el nombre de un organismo creado por ley. Cualquier cambio formal debería pasar por el Congreso. En este caso, la estrategia de la administración parece ser usar “Departamento de Guerra” como título secundario para sortear este requisito.
Hasta el momento, líderes republicanos y demócratas del Comité de Servicios Armados no han emitido comentarios oficiales.
El peso histórico del “Departamento de Guerra”
El término no es nuevo. El Departamento de Guerra fue creado en 1789 y gestionó las principales operaciones militares de EE.UU. hasta 1947, cuando fue reemplazado por el Establecimiento Militar Nacional y posteriormente, en 1949, rebautizado como Departamento de Defensa.
Trump no sería el primero en impulsar un cambio simbólico: en 2018, su entonces secretario Jim Mattis renombró el Comando del Pacífico como Comando Indo-Pacífico, reflejando la importancia de India en la estrategia militar.
Costos y críticas a la medida
El cambio podría tener un alto costo económico: logotipos, letreros, membretes, sellos oficiales y señalización en cientos de instalaciones militares deberían actualizarse.
Críticos señalan que el dinero podría invertirse en fortalecer al ejército frente a rivales como China, en lugar de en un rebranding simbólico. Brad Bowman, analista de defensa, advirtió: “Cambiar el nombre no mejorará la capacidad de combate estadounidense”.
Hegseth, la mano ejecutora de Trump
Pete Hegseth, exoficial de la Guardia Nacional y figura televisiva, ha sido uno de los principales impulsores del cambio. En discursos recientes, llegó a insinuar que su cargo podría llamarse “Secretario de Guerra” en cuestión de días.
Su cercanía con Trump y su estilo combativo han reforzado la idea de que este giro es tanto político como simbólico.


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