Las protestas contra ICE se preparan para extenderse por todo Estados Unidos luego del asesinato de Renee Good, una mujer de 37 años que murió tras recibir disparos de un agente federal durante un operativo migratorio en Mineápolis. El caso reavivó un debate que parecía latente, pero nunca resuelto: el uso de la fuerza letal en operativos de inmigración y el impacto que estas acciones tienen en comunidades enteras.
La indignación no se limita a Minnesota. Organizaciones sociales, colectivos de derechos humanos y activistas anunciaron movilizaciones simultáneas en decenas de ciudades, desde Texas hasta Ohio, pasando por Florida, Kansas y Nuevo México. Para muchos, el nombre de la convocatoria lo dice todo: “ICE Out for Good”.
El caso que encendió la protesta nacional
El asesinato de Renee Good ocurrió en un vecindario residencial de Mineápolis durante una operación encabezada por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Según la versión oficial del gobierno federal, el agente disparó en defensa propia luego de que la mujer supuestamente utilizara su vehículo como arma.
Sin embargo, para las organizaciones civiles, este argumento no justifica la pérdida de una vida ni el despliegue de fuerza que caracteriza a los operativos del ICE. La muerte de Good se convirtió rápidamente en un símbolo del temor que viven muchas comunidades migrantes frente a las políticas de control migratorio.
A partir de ese momento, las protestas contra ICE comenzaron a multiplicarse tanto en redes sociales como en las calles.

Mineápolis, un escenario cargado de memoria
Mineápolis no es una ciudad ajena a la protesta social. El recuerdo del asesinato de George Floyd en 2020 sigue presente y condiciona cada movilización. A diferencia de aquel episodio, las manifestaciones actuales han sido mayormente pacíficas, aunque con algunos enfrentamientos aislados cerca de instalaciones federales.
En Powderhorn Park, a pocos kilómetros del lugar donde murió Renee Good, se convocó una marcha para honrar su memoria y exigir lo que los organizadores llaman “el fin del terror letal en nuestras calles”. El tono es firme, pero busca evitar una escalada de violencia.
Una ofensiva migratoria sin precedentes
Las protestas contra ICE ocurren en paralelo a lo que el Departamento de Seguridad Nacional describe como su mayor operativo migratorio hasta la fecha en las Ciudades Gemelas. Más de dos mil agentes federales fueron desplegados en Minnesota como parte de una ofensiva vinculada a presuntas investigaciones de fraude.
Este despliegue masivo generó una sensación de ocupación entre residentes locales, especialmente en comunidades migrantes. Para muchos, la presencia de agentes armados en barrios residenciales rompe cualquier idea de normalidad y alimenta el miedo cotidiano.
Reacciones oficiales y respuesta ciudadana
La Casa Blanca defendió las acciones del ICE y respaldó la versión de defensa propia. Sin embargo, estas declaraciones no lograron frenar el malestar social. Organizaciones como Indivisible, nacida durante el primer mandato de Donald Trump, anunciaron protestas en los 50 estados, replicando la estrategia de movilización que ya habían utilizado en años anteriores.
A mitad del debate público, las protestas contra ICE ya no se enfocan solo en un caso puntual, sino en el modelo de aplicación de la ley migratoria y su impacto humano.
Un país dividido ante la política migratoria
Estados Unidos enfrenta una profunda división en torno a la inmigración. Mientras el gobierno sostiene que los operativos buscan garantizar la seguridad nacional, los críticos advierten que el costo humano es demasiado alto y que la militarización de estos procedimientos agrava la tensión social.
Las protestas reflejan ese choque de visiones. Para algunos, son una defensa de los derechos humanos; para otros, un desafío a la autoridad federal. Lo cierto es que el tema volvió al centro del debate político y social.
Lo que viene tras las protestas contra ICE
Las movilizaciones programadas para el fin de semana podrían marcar un punto de inflexión. Si bien hasta ahora la mayoría se desarrolló de forma pacífica, el nivel de tensión sugiere que el conflicto está lejos de resolverse.
Al cierre de esta historia, las protestas contra ICE continúan creciendo como una respuesta colectiva al asesinato de Renee Good y como un reclamo más amplio contra una política migratoria que, para muchos estadounidenses, cruzó una línea difícil de ignorar.