Washington busca liderar el mundo de la IA con medidas agresivas y una estrategia sin precedentes
En un momento en que la inteligencia artificial redefine industrias, economías y relaciones de poder, la Casa Blanca ha decidido dar un paso audaz. Este miércoles, el gobierno de Estados Unidos presentará el plan “Winning the AI Race”, una ambiciosa iniciativa destinada a consolidar su liderazgo global en inteligencia artificial. Más que un documento técnico, se trata de una declaración política: la inteligencia artificial será uno de los ejes centrales del poder estadounidense en la era moderna.
El nacimiento del plan: de la contención a la expansión
Durante la administración Biden, la preocupación por la seguridad nacional moldeó muchas decisiones tecnológicas. Las restricciones a la exportación de chips a China, los límites a la computación en la nube y el control sobre el desarrollo de modelos de IA con capacidad autónoma marcaron la pauta.
Pero ahora, con Donald Trump nuevamente en el centro del poder, la estrategia cambia radicalmente. Para Trump, el riesgo no está en el exceso de IA, sino en perder la carrera por su dominio. La consigna es clara: crecer, expandirse, controlar el ecosistema.
El evento de lanzamiento será encabezado por David Sacks, zar de IA y criptomonedas del actual gobierno y una figura clave del influyente pódcast All-In. Su presencia simboliza la unión entre Silicon Valley, poder político y visión tecnológica.
Castigo a los estados que frenen la IA
Uno de los ejes más controvertidos del plan es que el gobierno federal bloqueará fondos destinados a inteligencia artificial en aquellos estados que impongan regulaciones consideradas “demasiado restrictivas”.
La Casa Blanca solicitará a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) que revise si esas leyes estatales violan la supremacía federal en cuestiones tecnológicas. En otras palabras, los estados tendrán que elegir: se alinean con la expansión o se quedan sin apoyo.
Esta decisión no solo busca eliminar obstáculos al crecimiento, sino enviar un mensaje contundente: la inteligencia artificial es política de Estado.
Exportar tecnología, imponer estándares
Otro de los grandes objetivos es garantizar que los modelos, algoritmos y paquetes de IA utilizados en el mundo lleven sello estadounidense. Para ello, el plan incluye incentivos para la exportación de modelos con pesos abiertos, despliegue de código libre, y la promoción de infraestructura digital “Made in USA”.
No se trata únicamente de vender tecnología, sino de establecer las reglas del juego global. Así como Estados Unidos impuso estándares en telecomunicaciones, software y navegación por internet, ahora quiere liderar la arquitectura de la IA.
Centros de datos: la nueva infraestructura crítica
El desarrollo de IA depende de capacidad computacional masiva. Por eso, el gobierno también propone acelerar los permisos de construcción de centros de datos, sobre todo aquellos liderados por el Departamento de Comercio o contratistas militares.
La administración considera que el rezago en infraestructura es uno de los principales cuellos de botella, y pretende tratar a los centros de datos con la misma urgencia que una carretera o una planta energética.
Una IA militar: poder blando y duro
Uno de los puntos más estratégicos del plan es la integración de sistemas de IA en el Departamento de Defensa. Desde simulaciones de combate hasta control autónomo de drones y ciberseguridad automatizada, la inteligencia artificial será un componente estructural del poder militar estadounidense.
En este sentido, la IA se convierte en una herramienta de doble filo: económica y bélica. No solo es una industria millonaria, también una ventaja geopolítica.
Riesgos, dilemas éticos y desafíos globales
Aunque el plan es agresivamente expansionista, incluye menciones al “mal uso” y los “riesgos futuros” de la IA. Pero en contraste con estrategias europeas más enfocadas en la ética y la protección de derechos, el enfoque estadounidense se basa en regulación mínima, control federal y confianza en la innovación como motor de progreso.
El debate, sin embargo, está lejos de cerrarse. Expertos como Janet Egan, del Center for a New American Security, han advertido que “no se puede competir globalmente sin un marco ético robusto”. Pero en el contexto actual, los beneficios económicos y de poder parecen pesar más que las advertencias.
¿Qué viene después?
La presentación de “Winning the AI Race” marca un punto de inflexión. La carrera por la inteligencia artificial ya no es solo entre empresas, sino entre naciones. Estados Unidos busca marcar el ritmo y definir el mapa.
Y lo hace con una estrategia clara: menos restricciones, más exportaciones, dominio militar y control narrativo. El resto del mundo —incluidos sus propios estados— tendrá que decidir si se adapta… o se queda atrás.


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