La decisión de Washington de imponer un arancel del 17% al jitomate mexicano no es una noticia lejana para Miami. La medida amenaza con aumentar los precios de un ingrediente esencial en la cocina latina, afectando desde el supermercado hasta el restaurante local.
Para los residentes de Miami, una política comercial decidida a cientos de kilómetros en Washington D.C. está a punto de sentirse directamente en la mesa y en el bolsillo. El nuevo arancel del 17.09% sobre los jitomates frescos importados de México amenaza con encarecer uno de los pilares de la gastronomía latina, un golpe directo al corazón culinario y económico de la ciudad.
De Washington a la Calle Ocho: un impacto directo
En una ciudad donde la cultura latina define el día a día, el jitomate es más que un simple vegetal; es la base de sofritos, salsas y guisos que dan sabor a platos emblemáticos de la cocina cubana, venezolana, colombiana y centroamericana. Un aumento de precio proyectado de hasta un 7% se traducirá inevitablemente en facturas de supermercado más altas y menús de restaurantes con precios ajustados al alza.
Desde los pasillos de los supermercados en Doral y Kendall hasta las cocinas de los restaurantes en la Pequeña Habana y Wynwood, la preocupación es palpable. Los dueños de pequeños negocios se enfrentan a un dilema: absorber el aumento de costos y reducir sus ya ajustados márgenes de ganancia, o trasladar el precio a sus clientes, arriesgándose a perderlos en un mercado competitivo.
La paradoja de Florida: una política con efectos contrapuestos
La situación en Miami es particularmente compleja debido a la propia economía de Florida. Históricamente, han sido los poderosos grupos de agricultores de jitomate del estado, especialmente en áreas como Homestead, al sur de Miami, quienes han presionado al gobierno federal para imponer aranceles a la competencia mexicana.
Esto crea una paradoja local: la política que beneficia al sector agrícola de Florida podría perjudicar directamente a su vital industria de la hospitalidad y el comercio minorista, además de afectar el poder adquisitivo de sus ciudadanos. Es una política que enfrenta a un sector económico del sur de la Florida contra otro.
«Los primeros afectados serían los consumidores americanos, ya que subiría el precio del tomate. Recordemos que México es el principal proveedor (…) de cada 10 tomates, seis son mexicanos.» – Juan Carlos Anaya Castellanos, Director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
Efectos en la logística y el comercio
El impacto no se detiene en el plato. El Puerto de Miami es una puerta de entrada crucial para productos agrícolas de América Latina. Aunque gran parte del jitomate mexicano ingresa por tierra, cualquier disrupción en el comercio con un socio tan importante como México genera incertidumbre en la industria logística de la región. Las empresas de transporte y distribución que operan en el sur de la Florida se preparan para las posibles consecuencias de esta nueva tensión comercial.
Para la familia promedio en Miami, esta noticia transforma una abstracta política arancelaria en un asunto tangible y cotidiano. El costo de la canasta básica está en juego, y la «guerra del ketchup» se libra ahora en cada cocina y restaurante de la ciudad.


TE PODRÍA INTERESAR