miércoles, enero 7, 2026

Padre polémico: se cambió de género para no pagar pensión

Padre viraliza en redes un caso en Durango al cambiar legalmente de género para evadir la pensión

Un padre debería dar protección, responsabilidad y cuidado, pero en este caso se transforma en un concepto vacío que revela las grietas más profundas del sistema judicial mexicano. La historia de Gloria Valentina Méndez Arámbula no sólo expone la violencia ejercida por su ex pareja, Cristian Janet Montenegro Chairez, sino también una estructura institucional que parece incapaz de proteger a quienes más lo necesitan: mujeres y niñas atrapadas en procesos interminables.

Durante cuatro años, Gloria Valentina ha vivido con su vida judicializada. Cada semana implica audiencias, denuncias, carpetas de investigación y escritos legales que avanzan con una velocidad desigual. Mientras las acciones promovidas por su agresor prosperan, sus denuncias por violencia familiar parecen quedar suspendidas en un limbo administrativo que la revictimiza constantemente.

Un conflicto que desborda lo privado

El conflicto comenzó con una frase devastadora. Padre fue la figura que decidió negar toda relación con su hija menor, renunciando a ella de palabra y por escrito, mientras utilizaba recursos legales para evadir responsabilidades económicas y emocionales. La paradoja jurídica se volvió aún más compleja cuando él modificó su identidad legal para eludir la obligación de pagar pensión alimentaria, una maniobra que dejó perplejas a las autoridades.

Gloria Valentina describe un escenario surrealista en los juzgados de Durango. En una audiencia, cuando solicitó perspectiva de género como víctima, su agresor exigió el mismo trato mostrando un acta de nacimiento modificada. El juez quedó en silencio. Padre dejó de ser reconocido como tal en el papel, pero continuó ejerciendo poder legal sobre la madre de la niña.

Violencia institucional como segunda agresión

Más allá de la violencia en el ámbito doméstico, Gloria Valentina denuncia una agresión institucional constante. Padre no sólo la atacó mediante procesos judiciales, sino que utilizó su conocimiento legal para hostigarla laboralmente. Denuncias ante contralorías, fiscalías y mecanismos de transparencia fueron usadas como herramientas de intimidación para aislarla y debilitar sus redes de apoyo.

La consecuencia fue su despido de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas. Paradójicamente, la institución destinada a proteger a personas vulneradas terminó exponiendo información confidencial de su caso. Padre logró que documentos sensibles circularan sin autorización, profundizando el daño emocional y profesional.

Antecedentes de una relación marcada por el control

La relación inició con promesas de estabilidad, pero pronto surgieron señales de alerta. El padre mostró conductas de celos extremos, control y manipulación emocional. Durante el embarazo, se negó a brindar cuidados y apoyo, mientras su comportamiento se volvía errático y agresivo. Gloria Valentina relata episodios de amenazas, simulaciones de enfermedades y chantajes emocionales que marcaron una dinámica de violencia progresiva.

La situación escaló tras el nacimiento de la niña. El padre nunca manifestó afecto genuino hacia ella y protagonizó episodios que despertaron temor real por la seguridad de la menor. La madrugada en que abandonó el hogar tras una discusión violenta marcó un punto de no retorno. Desde entonces, la confrontación se trasladó a los tribunales.

El uso del sistema judicial como arma

Las denuncias falsas se convirtieron en una estrategia recurrente. El padre promovió acusaciones por robo, sustracción de menores y otros delitos que obligaron a Gloria Valentina a destinar tiempo, recursos y energía a su defensa. Cada carpeta abierta implicó nuevas audiencias y un desgaste emocional constante.

En uno de los episodios más graves, se le imputó un delito sin investigación previa, únicamente con base en los dichos de su agresor. El padre logró así colocarla en calidad de imputada, generando un daño moral profundo y una sensación permanente de vulnerabilidad frente al sistema.

Custodia, abandono y contradicciones legales

El caso alcanza niveles de contradicción alarmantes. El padre solicitó la guarda y custodia de una niña a la que había negado públicamente como hija. Al mismo tiempo, dejó de asistir a los centros de convivencia, abandonando a la menor durante las visitas. Sin embargo, cada ausencia de la madre es utilizada como amenaza de pérdida de custodia.

Gloria Valentina denuncia que la ley parece castigar más a quien cuida que a quien abandona. El padre se ausenta sin consecuencias, mientras ella enfrenta advertencias constantes de sanción. Esta disparidad evidencia vacíos legales que afectan directamente a la infancia.

Contubernio y polivictimización

La violencia se intensificó cuando Gloria Valentina inició una nueva relación. El padre mantuvo comunicación con su entonces pareja para ejercer violencia indirecta y coordinada. Fotografías, publicaciones y acciones conjuntas fueron utilizadas como mecanismos de intimidación psicológica.

Este contubernio derivó en nuevas denuncias y procesos que ampliaron el cerco legal en su contra. Padre no actuó solo; encontró aliados circunstanciales para sostener una dinámica de daño prolongado que impacta todas las esferas de la vida de la víctima.

El costo emocional y social

El impacto de esta historia va más allá de los expedientes. Padre dejó una huella de miedo, ansiedad y desgaste emocional en una mujer que buscó durante años resolver el conflicto por vías legales. La sensación de desprotección institucional es constante y se traduce en afectaciones a la salud mental, la estabilidad laboral y la vida familiar.

Gloria Valentina insiste en que no buscó judicializar su vida, pero el silencio dejó de ser una opción cuando la violencia escaló. El padre se convirtió en un símbolo de cómo el abuso puede sostenerse cuando las instituciones no actúan con perspectiva de derechos humanos.

Una historia que interpela al sistema

Este caso no es aislado. El padre representa a una figura que, amparada en vacíos legales y complicidades, utiliza la ley como mecanismo de control. La ausencia de respuestas efectivas coloca en riesgo no sólo a una familia, sino a otras mujeres que enfrentan escenarios similares.

La exigencia es clara: procesos judiciales con enfoque en la verdad, protección efectiva a la infancia y sanciones para quienes instrumentalizan el sistema. Mientras eso no ocurra, historias como esta seguirán repitiéndose en silencio.

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