El hantavirus volvió a encender las alertas sanitarias tras los recientes casos detectados en un crucero internacional y las dudas sobre una posible transmisión entre personas. Aunque el tema ha generado preocupación en redes sociales, especialistas y organismos internacionales coinciden en que, por ahora, el riesgo de una pandemia similar al COVID-19 sigue siendo bajo.
La Organización Mundial de la Salud explicó que los hantavirus son un grupo de virus transmitidos principalmente por roedores infectados. Las personas suelen contagiarse al inhalar partículas presentes en orina, saliva o heces de ratones y ratas portadores del virus. En América, estas infecciones pueden provocar un síndrome cardiopulmonar grave y potencialmente mortal.
El temor aumentó después de que autoridades sanitarias investigaran un brote relacionado con el virus Andes, una variante detectada en Sudamérica que sí ha mostrado capacidad limitada de transmisión entre humanos. Sin embargo, los expertos subrayan que este contagio ocurre en contextos muy específicos y no con la facilidad observada en el SARS-CoV-2, responsable de la pandemia de COVID-19.
¿Qué tan contagioso es el hantavirus?
A diferencia del coronavirus, el hantavirus no se transmite fácilmente por el aire en espacios cotidianos ni mediante contactos casuales. La evidencia científica disponible indica que la propagación entre personas suele requerir contacto estrecho y prolongado, principalmente con pacientes infectados por la variante Andes.
La OMS mantiene que el riesgo global es bajo porque los brotes registrados hasta ahora han sido limitados y relativamente fáciles de contener con rastreo de contactos, aislamiento y vigilancia epidemiológica. Además, la mayoría de los hantavirus identificados en el mundo ni siquiera tienen capacidad de transmisión entre humanos.
Otro factor importante es que el hantavirus provoca síntomas severos en poco tiempo. Esto reduce las posibilidades de que una persona infectada continúe realizando actividades normales durante varios días mientras contagia masivamente a otros, como ocurrió en los primeros meses del COVID-19.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran fiebre, dolor muscular, cansancio, náuseas y problemas respiratorios. En casos graves puede derivar en insuficiencia pulmonar y cardíaca. La tasa de mortalidad puede ser alta, especialmente en América, donde algunos brotes han registrado cifras superiores al 30%.
El hantavirus y las diferencias frente al COVID-19
Los especialistas consideran que existen varias razones por las que el hantavirus difícilmente replicaría el impacto global del COVID-19. La principal es su menor capacidad de transmisión. Mientras el coronavirus logró expandirse rápidamente mediante gotas respiratorias y personas asintomáticas, el hantavirus depende sobre todo del contacto con roedores infectados.
También influye el comportamiento epidemiológico. Los casos de hantavirus suelen aparecer de forma localizada, vinculados a zonas rurales, boscosas o espacios con infestaciones de roedores. Esto permite identificar focos de contagio con mayor rapidez y aplicar medidas de control más efectivas.
En México, los casos de hantavirus son poco frecuentes, pero las autoridades sanitarias mantienen vigilancia epidemiológica debido a la presencia de roedores silvestres en distintas regiones del país. Los especialistas recuerdan que la experiencia del COVID-19 dejó una mayor capacidad de respuesta internacional, con protocolos de monitoreo, intercambio de información científica y coordinación entre laboratorios que permiten detectar brotes con mayor rapidez. Esa preparación sanitaria también reduce las probabilidades de que un brote aislado evolucione hacia una emergencia mundial grave descontrolada.
Aun así, los expertos advierten que el monitoreo debe mantenerse constante. El cambio climático, la urbanización y las alteraciones ambientales pueden modificar el comportamiento de los roedores y aumentar el riesgo de exposición humana en distintos países.
Las autoridades sanitarias recomiendan evitar contacto con excremento de roedores, sellar grietas en viviendas, mantener alimentos cerrados y limpiar espacios infestados utilizando protección adecuada. La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva frente a un virus que, aunque no apunta a una pandemia global, sí puede causar brotes peligrosos y letales.


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