Mató al héroe que todos amábamos y el juego nos obligó a ponernos en su piel. Abby Anderson rompió el gaming. Analizamos la historia completa del personaje más polémico de The Last of Us y desvelamos por qué su viaje es la clave de toda la saga.
Abby Anderson es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más polarizantes de la historia reciente de los videojuegos. Su introducción en The Last of Us Part II no solo sacudió los cimientos de la franquicia, sino que generó una ola de debate y controversia que sigue vigente. El juego tomó una decisión narrativa audaz y arriesgada: después de que Abby asesinara brutalmente a Joel Miller, el amado protagonista de la primera entrega, obligó a los jugadores a abandonar a Ellie y a vivir una parte significativa de la historia desde la perspectiva de Abby.
Esta elección narrativa fue diseñada para ser incómoda y desafiante. ¿Es Abby una villana sin redención o una heroína trágica cuya historia simplemente no habíamos entendido? La respuesta es compleja y se encuentra en el corazón de la tesis del juego sobre la naturaleza cíclica de la violencia y la búsqueda de la empatía en un mundo roto.
El origen de la venganza: «Mi padre, el cirujano»
Para comprender a Abby, es fundamental conocer su punto de partida. Ella no es una antagonista que surge de la nada. Su motivación está directamente ligada a las acciones del jugador en el primer juego. Abby es la hija de Jerry Anderson, el cirujano jefe de los Luciérnagas que iba a operar a Ellie para intentar desarrollar una cura, un procedimiento que habría acabado con la vida de la niña.
Joel, en un acto de amor paternal desesperado, masacra al equipo médico, incluido a Jerry, para salvar a Ellie. Lo que para el jugador fue un acto heroico y comprensible, para Abby fue el asesinato de su padre. Este evento es el catalizador de su historia, el trauma que la consume y la impulsa durante años a buscar una venganza que, en su mente, es justicia. El juego nos obliga a confrontar una verdad incómoda: el héroe de una historia es siempre el villano de otra.
El ciclo de violencia: La cacería en Seattle
La estructura de The Last of Us Part II es su herramienta más poderosa para generar empatía. Durante la primera mitad del juego, controlamos a Ellie en su implacable cacería por Seattle, eliminando uno por uno a los amigos de Abby que participaron en la muerte de Joel. Desde la perspectiva de Ellie, sus acciones están completamente justificadas.
Luego, el juego da un giro radical y nos transporta al pasado, obligándonos a jugar como Abby durante esos mismos tres días. Es aquí donde la narrativa despliega su genialidad y su crueldad. Vemos a los «enemigos» que Ellie ha estado matando no como meros obstáculos, sino como los amigos de Abby: personas con relaciones, miedos y esperanzas. Jugamos con Owen, nos preocupamos por Mel, que está embarazada, y entendemos la dinámica de su grupo.
Cuando la línea temporal de Abby alcanza los momentos en que Ellie mata a sus amigos, el jugador, ahora en la piel de Abby, siente la pérdida de forma directa. La mecánica del juego no solo cuenta una historia; nos obliga a sentirla desde ambos lados del conflicto. Nos damos cuenta de que no hay buenos ni malos, solo dos protagonistas atrapadas en un devastador ciclo de violencia, cada una convencida de su propia rectitud.
«Pasé años buscando a Joel, construyéndose para el momento en que pudiera matarlo. Cuando finalmente lo logra, descubre que el acto no le trae paz, solo un vacío más profundo.».
La búsqueda de redención: El sacrificio por Lev y Yara
El verdadero arco de personaje de Abby comienza cuando su camino se cruza con el de Lev y Yara, dos hermanos que huyen de la secta religiosa de los Serafitas. En un primer momento, son enemigos, pero las circunstancias los obligan a colaborar. La decisión de Abby de salvarlos, incluso a costa de traicionar a su propia facción, la WLF, marca su punto de inflexión.
Proteger a Lev y Yara le da a Abby un nuevo propósito, uno que no está basado en el pasado y la venganza, sino en el futuro y la protección. Este viaje redentor es un claro paralelismo con el de Joel en el primer juego, quien también encontró un nuevo sentido a su vida al proteger a una niña. Abby, al salvar a Lev, comienza a sanar la herida que le dejó la pérdida de su padre, rompiendo con el legado de violencia que él, sin quererlo, le había dejado.
El espejo incómodo
Al final, Abby no es ni una villana ni una heroína tradicional. Es un espejo. Es el reflejo de lo que Ellie está a punto de convertirse: una persona consumida por el odio, dispuesta a sacrificarlo todo y a todos por una venganza que nunca la satisfará.
La prueba definitiva llega en la confrontación final en el teatro. Abby, tras descubrir que Ellie ha matado a sus amigos, incluida la embarazada Mel, tiene a Dina, también embarazada, a su merced. Tiene todos los motivos para continuar el ciclo y vengarse. Sin embargo, gracias a la intervención de Lev y a su propia transformación, decide perdonarles la vida. Abby logra romper el ciclo de violencia, algo que Ellie, en ese punto, es incapaz de hacer.
La historia de Abby es una píldora difícil de tragar, diseñada para desafiar al jugador. Nos obliga a empatizar con «el enemigo» y a comprender que la violencia solo engendra más violencia. Su arco no es una justificación de sus actos, sino una dolorosa pero necesaria exploración de las consecuencias de la venganza y la difícil búsqueda de la redención en un mundo sin héroes fáciles.


TE PODRÍA INTERESAR