El sueño de toda fan es conocer a su ídolo. Pero para Ivet Playà, ese sueño terminó en controversia tras presunto abuso y manipulación a manos de Alejandro Sanz. Ahora, el cantante responde con un comunicado que es una obra maestra de la gestión de crisis.
Ivet Playà, una exfan y excolaboradora, ha salido a la luz con una denuncia pública que detalla una presunta relación de abuso emocional y manipulación que, según ella, comenzó cuando apenas tenía 18 años.
La respuesta del cantante no se hizo esperar. Lejos de un simple desmentido, Sanz emitió un comunicado oficial que es un ejemplo de manual de cómo intentar desmantelar una acusación potencialmente devastadora. Pero, ¿es una defensa sincera o una brillante jugada de ajedrez mediático?
La denuncia: «Me siento engañada, utilizada y humillada»
El relato de Ivet Playà es escalofriante y está cargado de un lenguaje que resuena con los ecos del movimiento #MeToo. Según su testimonio, su interacción con Sanz comenzó en 2015, cuando ella, una admiradora de 18 años, fue contactada por el artista, que entonces tenía 49. Lo que empezó como un coqueteo digital, afirma, evolucionó hacia un encuentro en privado y, eventualmente, a una relación «íntima y sexual».
Playà describe una dinámica de poder desigual, donde se sentía vigilada y controlada, una experiencia que califica de «terrible pesadilla». Sus palabras son potentes y buscan generar una conexión emocional con el público: «Me siento engañada, me siento utilizada, me siento humillada, me siento incluso sucia».
El contrataque de Sanz: ¿Víctima o vengativa? El comunicado que lo cambia todo
Frente a una crisis de esta magnitud, el equipo de Alejandro Sanz respondió con una precisión quirúrgica. Su comunicado, difundido a través de Instagram, es una pieza de antología en el arte de la reconversión narrativa.
Analicemos la genialidad de esta defensa. Primero, Sanz no niega la relación. Al contrario, la enmarca en términos positivos: «un recuerdo muy bonito», «personas adultas», «compartiendo su cariño», «siendo libres».
Pero el golpe maestro es la segunda parte. Sanz introduce un elemento completamente nuevo y transaccional: la propuesta de negocios rechazada. Esta es una jugada brillante. Con una sola frase, el cantante pivota toda la historia. Ya no se trata de una joven presuntamente abusada emocionalmente; ahora, se insinúa que podría tratarse de una aspirante a socia de negocios, despechada y vengativa. Sanz cambia el presunto móvil de la denuncia: del dolor y la humillación al rencor por un «no» financiero. Esta táctica, que podemos llamar el «Reencuadre Empresarial», es sumamente efectiva porque le ofrece a su base de fans una razón lógica y no emocional para dudar de las intenciones de Playà.
Entre líneas: Lo que el comunicado de Sanz no dice
Tan importante como lo que dice el comunicado es lo que omite. Sanz nunca niega explícitamente la diferencia de edad, el inicio de la relación cuando ella tenía 18 años, ni la naturaleza íntima del vínculo. Su defensa no se basa en desmentir los hechos centrales del relato de Playà, sino en reinterpretar el contexto y la motivación detrás de la denuncia.
Es una estrategia de «negar la acusación, no los hechos». No dice «eso no pasó», sino «eso no fue abuso, fue un cariño entre adultos, y ahora tú reaccionas así porque te negué un negocio». Esta sutileza le permite mantener una apariencia de honestidad («recuerdo muy bonito de nosotros dos») mientras socava por completo la credibilidad de su acusadora.
La batalla por la opinión pública está en pleno apogeo. Ivet Playà ha presentado una narrativa emocionalmente poderosa que apela a la conciencia social post-#MeToo. Alejandro Sanz ha respondido con una contraofensiva de relaciones públicas impecable, diseñada para sembrar la duda y redefinir el conflicto.


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