Olvídense de las rencillas por herencias. La guerra entre Aida y Carlos Cuevas ha escalado a un nivel aterrador. Ella lo acusa de violencia física con una frase escalofriante. Él dice que está loca. ¿Quién miente en esta tragedia familiar?
Hay disputas familiares, y luego está la guerra de los Cuevas. Lo que desde hace años era un pleito mediático entre los hermanos Aida y Carlos, dos de las voces más reconocidas de la música mexicana, ha descendido a un infierno de acusaciones de violencia física que hielan la sangre.
En una reciente entrevista, Aida Cuevas, la reina de la música ranchera, lanzó la acusación más grave hasta la fecha contra su hermano: «Venía mal, desorbitado de los ojos. Entró a la casa, llegó a maldecirme, a decir muchas groserías, me zarandeó y me tiró contra la pared».
El Poder de una Acusación Específica
En la era del #MeToo, una acusación de esta naturaleza es una bomba nuclear. La especificidad de la frase «me zarandeó y me tiró contra la pared» es su mayor poder. No es una queja vaga de maltrato; es una imagen de violencia concreta, visceral y, para muchos, profundamente creíble. Transforma una pelea de dimes y diretes en una denuncia de agresión.
La respuesta de Carlos Cuevas ha sido la esperada: una negación total y un contraataque. Ha calificado las declaraciones de su hermana como «mentiras» y «calumnias», ha asegurado que no la ha visto en más de diez años y ha insinuado que ella padece problemas de salud mental. Incluso ha afirmado que teme ser acusado de feminicidio.
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Una Batalla por el Legado y la Reputación
Esta guerra no es nueva. Lleva años librándose en los tribunales y en los programas de espectáculos. Carlos demandó a Aida por daño moral, acusándola de manchar su nombre. Ahora, Aida no solo responde, sino que eleva la apuesta con denuncias por violencia de género y acoso, afirmando que existen acciones legales correspondientes en curso.
Lo que estamos presenciando es más que una pelea entre hermanos; es una lucha a muerte por el legado y la reputación. Al acusarlo de violencia, Aida no solo busca justicia personal, sino que intenta demoler la imagen pública de Carlos, invalidándolo como heredero moral de la tradición musical de su familia. Por su parte, Carlos, al pintarla como una figura inestable y mentirosa, busca proteger su carrera y su posición en la industria.
La tragedia de los Cuevas es un recordatorio sombrío de que detrás de las luces del escenario y las fortunas, a menudo se esconden dramas familiares tan oscuros y dolorosos como los de cualquier otra familia, pero amplificados por el eco implacable de la fama. La pregunta que queda en el aire es si esta dinastía podrá sobrevivir a su propia autodestrucción.


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