Inicios en la música: Un sueño que comenzó en Timbiriche
Cuando Erik Rubín se unió a Timbiriche en 1983, pocos imaginaban que este joven de Puebla, México, se convertiría en una pieza clave de la historia del pop latino. Con apenas 12 años, entró como el séptimo integrante de una banda que ya era un fenómeno en Latinoamérica.
“Todo era nuevo para mí. De pronto, pasé de cantar frente al espejo a hacerlo ante miles de personas”, recordó Erik en una entrevista.
El grupo no solo marcó su vida profesional, sino también su vida personal. Compartió escenario con compañeros que se convirtieron en amigos cercanos, como Sasha Sokol y Benny Ibarra, y juntos crecieron enfrentando los altibajos de la fama.
Los años 80 fueron frenéticos: giras interminables, ensayos, grabaciones y la presión de la industria moldearon al joven Erik. Sin embargo, su pasión por la música lo mantenía enfocado. En 1991, después de casi una década con Timbiriche, decidió dar un salto al vacío y emprender su camino como solista.
El desafío de ser solista: Reinventarse en un mercado competitivo
El debut en solitario de Erik Rubín llegó en 1993 con La casa del amor. El disco, que incluía el exitoso sencillo Cuando mueres por alguien, fue bien recibido por el público, y sus ventas alcanzaron el disco de oro.
Sin embargo, el camino no fue sencillo. Erik enfrentó el desafío de demostrar que podía brillar más allá de Timbiriche.
“Pasar de ser parte de un grupo a estar solo en el escenario fue aterrador, pero también emocionante. Era mi momento para mostrar quién era realmente”, explicó Erik.
Con álbumes como Sueño de fantasía (1995) y Frecuencia continental (1997), Rubín experimentó con diferentes estilos, consolidándose como un artista versátil. Sus baladas románticas y su energía en el escenario conquistaron a una nueva generación de fans.
El teatro: La magia de los escenarios
La música siempre fue el centro de su carrera, pero en 1999 Erik descubrió una nueva pasión: el teatro musical. Fue elegido para interpretar a Roger Davis en la adaptación mexicana de Rent, donde su poderosa voz y emotiva actuación cautivaron al público.
Sin embargo, fue su papel como Judas en Jesucristo Superestrella (2001) el que lo catapultó al estrellato teatral. Este papel no solo le valió elogios de la crítica, sino también el premio Heraldo de México como Mejor Actor.
Erik describe su experiencia en el teatro como una de las más gratificantes de su carrera:
“El teatro te exige darlo todo en cada función. No hay espacio para errores; cada noche es única, y eso lo hace mágico.”
Su regreso al papel de Judas en una nueva producción de Jesucristo Superestrella (2019-2022) consolidó su legado en el teatro, demostrando que aún tiene mucho que ofrecer a los escenarios.
Sasha, Benny y Erik: La química de un trío inolvidable
En 2012, el destino lo reunió con Sasha Sokol y Benny Ibarra para un proyecto que combinaba nostalgia y modernidad: Primera Fila. Este álbum no solo fue un éxito comercial, alcanzando Triple Platino + Oro, sino también un hito emocional para los tres artistas.
Canciones como Cada beso y Japi no solo se convirtieron en éxitos, sino también en un reflejo de la madurez artística de Erik.
Las giras con Sasha, Benny y Erik agotaron escenarios como el Auditorio Nacional y crearon una conexión única con su público.
“Trabajar con Sasha y Benny fue como volver a casa, pero desde una perspectiva completamente nueva. Compartimos algo mágico que el público pudo sentir”, comentó Erik.
Los altibajos personales: Amor y resiliencia
En el año 2000, Erik se casó con Andrea Legarreta en una boda que parecía sacada de un cuento de hadas. La pareja se convirtió en una de las favoritas del público mexicano, y juntos formaron una familia con sus dos hijas, Mía y Nina.
Sin embargo, en 2023, Erik y Andrea anunciaron su separación tras más de 20 años juntos. En un comunicado, ambos dejaron claro que su prioridad seguiría siendo el bienestar de sus hijas.
“El amor evoluciona, y aunque tomamos caminos distintos, siempre seremos una familia”, expresó Erik.
A pesar de la separación, Erik ha seguido adelante, enfocándose en su música, sus proyectos y en ser un ejemplo para sus hijas, quienes también han comenzado a explorar sus propios caminos en el mundo artístico.
Un artista que sigue vigente
En los últimos años, Erik ha participado en giras como el 90’s Pop Tour, donde compartió escenario con artistas icónicos de la época como OV7, Fey y Caló. Además, su colaboración con Cumbia Machine Tour mostró su capacidad para adaptarse a nuevos estilos musicales.
Incluso en el mundo del doblaje, ha dejado huella con personajes en películas como Spirit: El corcel indomable y Trolls 3: Se armó la banda.
Erik Rubín sigue siendo una figura clave en la industria del entretenimiento mexicano, demostrando que el talento y la pasión no tienen fecha de caducidad.


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