viernes, febrero 6, 2026

Simios y el hallazgo que redefine la imaginación animal

Simios sorprenden a la ciencia al mostrar juego simbólico, una capacidad ligada por siglos a la mente humana

Los Simios han dejado de ser solo observadores silenciosos del mundo para convertirse en protagonistas de uno de los debates más profundos de la ciencia moderna: la imaginación no sería exclusiva del ser humano. Durante décadas, la capacidad de fingir, de interactuar con objetos inexistentes y de sostener una representación mental más allá del presente fue considerada una frontera cognitiva claramente humana. Hoy, esa línea comienza a desdibujarse.

La historia que sostiene este cambio de paradigma no ocurre en un laboratorio frío y distante, sino en una escena casi doméstica, parecida a una fiesta de té infantil. En ese espacio, Simios entrenados demostraron algo que hasta hace poco parecía imposible: comprender y manipular objetos imaginarios sin confundirlos con la realidad física. Este comportamiento, lejos de ser anecdótico, se repitió de forma consistente bajo condiciones controladas, obligando a la comunidad científica a replantear viejas certezas.

Un experimento que cambió la forma de mirar a los animales

El estudio se diseñó para eliminar cualquier posibilidad de error o interpretación forzada. Tazas vacías, jarras sin contenido y recipientes aparentemente inertes se convirtieron en el escenario donde Simios mostraron una habilidad mental compleja. Al observar cómo un objeto inexistente “se movía” de un lugar a otro, los sujetos fueron capaces de seguir su rastro imaginario con notable precisión.

Este comportamiento no se basó en ensayo y error ni en recompensas inmediatas. Al contrario, implicó mantener una representación mental activa, una capacidad que exige memoria, atención y comprensión simbólica. Para muchos especialistas, aquí radica la verdadera importancia del hallazgo: los Simios no solo reaccionaron a estímulos visibles, sino que actuaron sobre una idea.

La imaginación como herencia evolutiva

Durante años, la imaginación fue vista como una joya cognitiva surgida tardíamente en la evolución humana. Sin embargo, los resultados sugieren que esta capacidad podría remontarse a un ancestro común compartido hace millones de años. En ese contexto, Simios actuales funcionarían como una ventana viva hacia la mente de nuestros antepasados.

Este planteamiento no minimiza la singularidad humana, pero sí la contextualiza. Si la imaginación tiene raíces más profundas, entonces muchas de nuestras habilidades culturales, artísticas y sociales podrían haberse construido sobre cimientos mucho más antiguos de lo que se pensaba. La historia evolutiva se vuelve así más continua y menos abrupta.

El juego simbólico más allá de la infancia humana

En los seres humanos, el juego simbólico aparece a edades tempranas y se considera clave para el desarrollo social y emocional. Fingir beber té o alimentar a una muñeca no es un simple pasatiempo, sino un entrenamiento mental para comprender roles y escenarios. Ver comportamientos análogos en Simios obliga a replantear el alcance de este tipo de juego.

Lo relevante no es solo que puedan hacerlo, sino que sepan diferenciar entre lo real y lo imaginario. En las pruebas, cuando se ofrecía una opción real junto a una ficticia, la elección correcta fue consistente. Esto indica que los Simios no estaban confundidos, sino que manejaban dos planos de realidad de forma paralela.

Implicaciones éticas y científicas

Aceptar que los Simios poseen una vida mental más rica implica responsabilidades. Si pueden imaginar, planear y representar mentalmente objetos ausentes, entonces su experiencia del mundo es más compleja de lo que tradicionalmente se ha reconocido. Esta comprensión tiene consecuencias directas en debates sobre bienestar animal, conservación y cautiverio.

Desde la ciencia cognitiva, el hallazgo abre nuevas líneas de investigación. ¿Pueden los Simios imaginar escenarios futuros? ¿Son capaces de entender lo que otro individuo piensa o siente? Cada respuesta potencial amplía el mapa de la mente animal y reduce la distancia que creíamos infranqueable entre especies.

Un cambio cultural en marcha

La historia de la ciencia muestra que cada vez que se atribuye una capacidad “humana” a otros animales, la definición de humanidad se transforma. Ocurrió con el uso de herramientas, con la comunicación compleja y ahora con la imaginación. Los Simios vuelven a colocarse en el centro de ese movimiento que invita a la humildad intelectual.

Lejos de restar valor a la condición humana, este reconocimiento la enriquece. Entender que compartimos más de lo que creíamos con otras especies nos permite construir una relación menos dominada por la explotación y más guiada por el respeto. En ese sentido, los Simios no solo protagonizan un estudio científico, sino un cambio cultural silencioso.

El futuro de la investigación cognitiva

Los próximos pasos buscan ampliar el número de individuos y especies estudiadas. Si estos resultados se replican, la imaginación dejará de ser un rasgo aislado para convertirse en una característica compartida en distintos grados. Así, los Simios podrían ser apenas el inicio de una revisión más amplia sobre la inteligencia animal.

La ciencia avanza cuando se atreve a cuestionar sus propios límites. Hoy, gracias a este hallazgo, sabemos que la mente animal no está anclada únicamente al presente. Y en ese descubrimiento, los Simios nos devuelven una mirada incómoda pero fascinante sobre lo que significa pensar, imaginar y ser consciente.

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