sábado, enero 24, 2026

Cultura zapoteca revela misterios de una tumba milenaria

Cultura zapoteca sorprende con una tumba milenaria que conserva murales, inscripciones y pistas sobre la vida ritual antigua

La cultura zapoteca vuelve al centro del asombro tras el hallazgo de una tumba prehispánica milenaria en el cerro de la Cantera, en San Pablo Huitzo, Oaxaca, un descubrimiento que permaneció sellado durante casi mil 400 años y que hoy ofrece una ventana única al pasado. La cripta, construida en el siglo VII, no sólo sorprende por su estado de conservación, sino por la riqueza simbólica de sus murales, su arquitectura monumental y los elementos epigráficos que narran una historia olvidada de poder, ritual y memoria ancestral.

Datos sobre la a Tumba 10 de Huitzo

El sepulcro, conocido como la Tumba 10 de Huitzo, fue identificado tras una denuncia anónima por posible saqueo, lo que activó un operativo arqueológico que terminó revelando uno de los hallazgos más relevantes de la década en México. Para investigadores y comunidades locales, este descubrimiento confirma la profundidad histórica de la cultura zapoteca y su capacidad para resignificar el territorio generación tras generación.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia explicaron que la cámara funeraria corresponde al periodo Clásico Tardío y estuvo destinada a un personaje de alto rango. Su ubicación en la cima del cerro de la Cantera no fue casual: desde ahí dominaba visual y simbólicamente el antiguo asentamiento, lo que refuerza la idea de una élite que utilizaba la arquitectura como instrumento de legitimación dentro de la cultura zapoteca.

El hallazgo que permaneció oculto por siglos

La tumba fue sellada deliberadamente en tiempos antiguos, lo que permitió que se conservara prácticamente intacta. Durante casi mil 400 años, la cripta permaneció invisible bajo la tierra hasta que una denuncia ciudadana alertó sobre un posible saqueo.

Esa llamada anónima detonó una inspección arqueológica que derivó en uno de los redescubrimientos más significativos de los últimos años. Para los especialistas, la forma en que fue sellada refuerza la idea de un espacio sagrado cuidadosamente protegido por la cultura zapoteca.

Un acceso cargado de simbolismo ancestral

El acceso al sepulcro ya anticipa su carga ritual. Un búho, ave asociada con la noche, la muerte y el poder, decora la entrada de la antecámara. Bajo su pico se conserva el rostro estucado y pintado de un personaje zapoteca, posiblemente el ancestro al que estuvo dedicada la tumba.

Este personaje habría sido concebido como intermediario entre sus descendientes y las divinidades, un rasgo central dentro de la cosmovisión de la cultura zapoteca.

Dinteles, frisos y guardianes del recinto

El umbral está flanqueado por un dintel coronado por un friso compuesto por lápidas grabadas con nombres calendáricos. En las jambas aparecen labradas las figuras de un hombre y una mujer, ataviados con tocados y objetos rituales.

Estas figuras han sido interpretadas como guardianes del recinto funerario, una imagen que refuerza la noción de protección espiritual tan presente en la cultura zapoteca.

La cultura zapoteca tiene figuras que han sido interpretadas como guardianes del recinto funerario.
La cultura zapoteca tiene figuras que han sido interpretadas como guardianes del recinto funerario.

Murales que narran rituales del pasado

Dentro de la cámara funeraria, las paredes conservan secciones de una pintura mural extraordinaria en tonos ocre, blanco, verde, rojo y azul. La escena representa una procesión de personajes que portan bolsas de copal y avanzan hacia la entrada.

Esta imagen refuerza el carácter ceremonial del espacio y proporciona una representación visual directa de las prácticas rituales de la cultura zapoteca durante el siglo VII.

Una arquitectura monumental cuidadosamente planeada

La cámara mide 5.55 metros de longitud, entre 1.66 y 2.79 metros de ancho, y presenta una altura variable de entre 1.68 y 2.60 metros. Estas dimensiones dan cuenta de una arquitectura compleja, diseñada para impresionar y perdurar.

Cada losa, cada recubrimiento de estuco y cada elemento estructural confirma el alto nivel técnico alcanzado por los constructores de la cultura zapoteca.

Restauración en condiciones extremas

Un equipo interdisciplinario trabaja actualmente en la estabilización de la pintura mural, una tarea particularmente compleja debido a la presencia de raíces, insectos y cambios abruptos en las condiciones ambientales.

A pesar de estos desafíos, los restauradores confían en que la conservación permitirá estudiar durante décadas el arte mural de la cultura zapoteca sin perder su integridad original.

Vestigios arqueológicos en la zona dan cuenta del alto grado de sofisticación alcanzado por los grupos humanos
Vestigios arqueológicos en la zona dan cuenta del alto grado de sofisticación alcanzado por los grupos humanos

Cerámica, epigrafía y restos óseos

De manera paralela, se realizan análisis cerámicos de vasijas miniaturas halladas fuera de la cámara, así como estudios iconográficos y epigráficos dirigidos a descifrar los significados del mascarón, el friso, las jambas y los murales.

También se llevan a cabo investigaciones de antropología física a partir de los escasos fragmentos óseos recuperados, lo que permitirá profundizar en el conocimiento de quienes fueron depositados en este espacio funerario de la cultura zapoteca.

Un redescubrimiento impulsado por la comunidad

La historia del redescubrimiento comenzó meses antes del hallazgo oficial, cuando arqueólogos encabezaron una inspección de campo guiados por un pastor conocedor del terreno y acompañados por autoridades locales.

Una irregularidad en la superficie marcó el inicio de la excavación que condujo a la tumba, un proceso que hoy se interpreta como un esfuerzo conjunto entre ciencia y comunidad para proteger la herencia de la cultura zapoteca.

Comparaciones con otros conjuntos funerarios

Por la calidad de su arquitectura y la riqueza de su decoración, el equipo arqueológico compara esta cripta con la Tumba 5 del cercano cerro de la Campana, en Suchilquitongo.

Estas comparaciones permiten situar el hallazgo dentro de una tradición funeraria compleja, asociada a linajes prominentes del periodo Clásico Tardío, entre los años 600 y 900 de nuestra era, y refuerzan la continuidad histórica de la cultura zapoteca.

Un legado que sigue vivo en Oaxaca

San Pablo Huitzo ha sido habitado de forma prácticamente ininterrumpida desde tiempos prehispánicos. Su ubicación estratégica explica por qué fue un punto clave para el desarrollo de la cultura zapoteca.

Vestigios arqueológicos en la zona dan cuenta del alto grado de sofisticación alcanzado por los grupos humanos que se establecieron en este territorio.

Patrimonio que dialoga con el presente

Para especialistas y autoridades culturales, este descubrimiento confirma que el patrimonio arqueológico no sólo pertenece al pasado, sino que sigue produciendo conocimiento para el presente.

Hablar de este hallazgo es también hablar de culturas vivas, de pueblos que mantienen una relación profunda con su territorio, su memoria y su identidad, y que encuentran en la cultura zapoteca un eje de continuidad histórica.

Una tumba que reescribe la historia

Hoy, la tumba del cerro de la Cantera no sólo es un monumento arqueológico, sino un símbolo de la resiliencia histórica de la cultura zapoteca.

Su redescubrimiento permite conectar a las generaciones actuales con un pasado que sigue hablando a través de la piedra, el estuco y los murales.

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