La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los campos tecnológicos con mayor crecimiento y México enfrenta una oportunidad que va más allá de utilizar herramientas desarrolladas en otros países. El reto consiste en construir capacidades propias para diseñar tecnología, procesar datos, fabricar componentes y formar especialistas, de manera que el país pueda participar en una industria que ya transforma sectores como la manufactura, los servicios y las telecomunicaciones.
México parte de una posición favorable por su industria manufacturera, su cercanía con Estados Unidos, su infraestructura tecnológica en expansión y la presencia de universidades y centros de investigación capaces de formar talento especializado. Sin embargo, todavía existen importantes brechas en infraestructura y adopción tecnológica, por lo que la oportunidad no está garantizada: aprovecharla dependerá de convertir inversiones, investigación y formación profesional en una cadena productiva nacional.
¿Por qué México puede competir en esta industria?
La oportunidad para México no significa necesariamente crear desde cero los grandes modelos tecnológicos que dominan el mercado mundial, sino participar en distintos eslabones de la cadena. Esto incluye fabricar componentes, desarrollar semiconductores, operar centros de datos, generar aplicaciones para industrias específicas y crear soluciones adaptadas a las necesidades de empresas mexicanas y latinoamericanas. En ese escenario, la inteligencia artificial puede convertirse en una industria productiva y no únicamente en una herramienta de consumo.
Uno de los puntos de partida es la manufactura, donde la adopción todavía es relativamente baja. Un estudio presentado por la Secretaría de Economía con datos del Censo Económico 2024 señala que solamente 4.8% de las empresas manufactureras mexicanas con más de diez empleados utiliza inteligencia artificial, frente a 19.1% del promedio de la OCDE. El mismo análisis encontró asociaciones entre mayor adopción, incremento de la producción y mejores remuneraciones.

¿Qué papel tienen los semiconductores?
Los chips son fundamentales porque están presentes en computadoras, teléfonos, vehículos, equipos médicos, sistemas industriales y servidores. Por ello, desarrollar una industria de semiconductores permitiría a México avanzar hacia una mayor participación en la fabricación de los componentes que hacen posible buena parte de la economía digital, incluida la inteligencia artificial. El proyecto Kutsari contempla precisamente fortalecer capacidades nacionales de diseño y avanzar posteriormente hacia la fabricación y el empaquetado.
El proyecto mexicano contempla una primera etapa enfocada en el diseño de semiconductores, con nodos de trabajo en Puebla, Jalisco y Sonora, y una segunda fase relacionada con una fábrica. La estrategia oficial también plantea completar posteriormente los procesos de ensamble, pruebas y empaquetamiento, con el objetivo de desarrollar una cadena de proveeduría más completa hacia 2030. Esto permitiría que la inteligencia artificial encuentre en México parte de la infraestructura física necesaria para crecer.
¿Por qué son importantes los centros de datos?
Otro elemento indispensable son los centros de datos, porque los sistemas digitales requieren enormes capacidades de almacenamiento y procesamiento. México ya está recibiendo inversiones importantes en este sector: CloudHQ anunció un proyecto de seis centros de datos en Querétaro por 4 mil 800 millones de dólares, mientras que Flex anunció mil millones de dólares para desarrollar centros de datos vinculados con inteligencia artificial entre 2026 y 2028.
Estas inversiones pueden generar empleos especializados y atraer nuevas empresas, pero también muestran uno de los principales desafíos del país: disponer de suficiente energía, conectividad y capacidad de cómputo. En agosto de 2026, la Asociación Mexicana de Data Centers señaló que México todavía no cuenta con infraestructura especializada para alojar modelos de inteligencia artificial de gran escala, por lo que buena parte de esa capacidad continúa dependiendo de instalaciones ubicadas fuera del país.
¿México ya tiene talento para desarrollar tecnología?
El talento es otro de los activos que pueden determinar si el país consigue avanzar. Universidades, centros públicos de investigación y empresas tecnológicas participan en proyectos relacionados con programación, bases de datos, semiconductores, supercómputo y nuevas tecnologías. Además, en agosto de 2026 la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y AMD anunciaron una colaboración para fortalecer la formación en inteligencia artificial, cómputo de alto rendimiento, semiconductores e investigación científica.
La formación de especialistas resulta especialmente importante porque fabricar tecnología no depende únicamente de contar con edificios, servidores o maquinaria. También requiere ingenieros, investigadores, programadores, diseñadores de chips, especialistas en datos, expertos en ciberseguridad y profesionales capaces de convertir investigación científica en productos comerciales. Por ello, la inteligencia artificial puede impulsar nuevas oportunidades laborales si México consigue conectar la preparación académica con las necesidades reales de la industria.

¿Qué falta para que México pueda fabricar más tecnología?
El principal desafío es construir un ecosistema completo y no solamente atraer inversiones aisladas. Una industria tecnológica necesita energía suficiente, agua o sistemas de refrigeración adecuados, conectividad, infraestructura digital, proveedores especializados, reglas claras, financiamiento para investigación y mecanismos eficientes para proteger y comercializar la propiedad intelectual. Sin esos elementos, México puede convertirse únicamente en sede de instalaciones extranjeras sin capturar todo el valor económico generado.
La infraestructura eléctrica será especialmente relevante porque los centros de datos y las instalaciones de alta tecnología requieren grandes cantidades de energía. El proyecto de CloudHQ en Querétaro, por ejemplo, contempla una capacidad de 900 megawatts y una primera etapa con energía asegurada para 200 megawatts, lo que muestra la escala de los recursos necesarios para sostener la nueva economía digital.
¿Qué beneficios podría obtener el país?
Si México logra desarrollar capacidades propias, la inteligencia artificial podría convertirse en un nuevo motor para la industria nacional. Las empresas tendrían la posibilidad de incorporar automatización, análisis de datos y sistemas predictivos para elevar su productividad, mientras que los desarrolladores mexicanos podrían crear soluciones para sectores como automotriz, salud, agricultura, logística, finanzas y manufactura. Esto también podría reducir parte de la dependencia tecnológica que actualmente existe frente a proveedores extranjeros.
La manufactura ofrece una muestra concreta del potencial económico. De acuerdo con el estudio presentado por la Secretaría de Economía, un aumento de diez puntos porcentuales en la adopción de inteligencia artificial está asociado con un incremento de 18.8% en la producción bruta por unidad económica, además de una prima salarial de 5.4% y 3.3% más personas ocupadas por unidad económica. Los datos no implican causalidad automática, pero sí muestran el tamaño de la oportunidad productiva.
¿México puede convertirse en fabricante y no solo consumidor?
La posibilidad existe, pero requiere avanzar simultáneamente en varios frentes. La inteligencia artificial necesita software, datos y talento, pero también una infraestructura física compuesta por chips, servidores, redes y centros de procesamiento. Por ello, los proyectos de semiconductores, supercómputo y centros de datos pueden entenderse como piezas de una misma estrategia para aumentar la capacidad tecnológica nacional y darle al país mayor participación en una industria global.
El objetivo de largo plazo sería que México no se limite a instalar infraestructura de empresas extranjeras, sino que también genere propiedad intelectual, empresas tecnológicas y productos propios. El proyecto Kutsari plantea precisamente que los diseños desarrollados por investigadores puedan patentarse y posteriormente comercializarse o incorporarse a empresas públicas, privadas o mixtas. Esa conexión entre ciencia, industria y mercado será determinante para que la inteligencia artificial genere valor dentro del país.
La oportunidad, por tanto, no consiste únicamente en tener más herramientas de inteligencia artificial disponibles para consumidores y empresas. El verdadero cambio estaría en desarrollar la capacidad para producir parte de la tecnología que las hace posibles, desde los semiconductores hasta los sistemas de cómputo y las aplicaciones especializadas. México cuenta con una base industrial, talento e inversiones que pueden favorecer ese proceso, pero todavía debe resolver importantes retos de infraestructura, energía y escalamiento.
Para México, la inteligencia artificial representa una carrera tecnológica en la que todavía existe margen para construir una posición propia. La combinación de manufactura, semiconductores, centros de datos, supercómputo, investigación y formación de talento puede abrir una nueva etapa industrial si los proyectos logran conectarse entre sí y mantenerse en el tiempo. El desafío será transformar la oportunidad en capacidades nacionales capaces de generar innovación, empleos especializados y productos tecnológicos competitivos.


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