Computadora cuántica de Google. En un laboratorio altamente restringido de Santa Bárbara, California, una estructura metálica suspendida y enfriada con helio líquido está redefiniendo lo que la tecnología puede lograr. Su nombre es Willow y no es solo otro experimento científico: es el procesador cuántico más avanzado jamás construido por Google y una señal clara de que la computación cuántica ya dejó de ser ciencia ficción.
A diferencia de los grandes anuncios tecnológicos que prometen cambios lejanos, Willow ya demostró su valor práctico. Según Google, esta máquina resolvió en minutos un problema científico que a la mejor supercomputadora clásica del mundo le habría tomado más de 10 septillones de años, un periodo que supera ampliamente la edad estimada del universo.
Cómo funciona la supercomputadora cuántica Willow
La clave del poder de la computadora cuántica de Google está en sus cúbits. A diferencia de los bits tradicionales, que solo pueden representar un 0 o un 1, los cúbits pueden existir en múltiples estados al mismo tiempo gracias a la superposición cuántica.
Willow cuenta con 105 cúbits operando de forma coordinada. Aunque esta cifra puede parecer modesta frente a los millones de transistores de un chip convencional, en el mundo cuántico representa un salto significativo. Para funcionar correctamente, el procesador debe mantenerse a una temperatura cercana al cero absoluto, apenas una milésima de grado por encima, convirtiendo al laboratorio en el lugar más frío conocido del universo.

El algoritmo que marcó un antes y un después
El logro histórico de Willow se concretó al ejecutar el algoritmo Quantum Echoes, diseñado para resolver un problema de referencia científica imposible de abordar con computadoras clásicas. Este algoritmo permite analizar estructuras moleculares complejas utilizando principios similares a los de la resonancia magnética, pero con una precisión y velocidad inalcanzables para la informática tradicional.
Para Hartmut Neven, jefe de Google Quantum AI, este experimento cerró definitivamente el debate sobre la supremacía cuántica: existen tareas que solo una computadora cuántica puede resolver.
Dentro del laboratorio más secreto de Google
El entorno donde opera Willow contrasta con la magnitud del avance. El chip, del tamaño de un barril pequeño, cuelga dentro de una estructura metálica que recuerda a un diseño industrial de los años 80. Murales de arte contemporáneo y luz natural rodean el laboratorio, creando una atmósfera relajada que oculta estrictos controles de seguridad y exportación tecnológica.
Cada computadora cuántica desarrollada por Google recibe un nombre propio, como Yakushima o Mendocino, reforzando la idea de que cada prototipo es una pieza única en la carrera global por la computación cuántica.
Qué hace diferente a la computadora cuántica de Google
Mientras empresas como Microsoft exploran enfoques alternativos con apenas ocho cúbits, Willow destaca no solo por su escala, sino por un avance crucial: la corrección de errores. Según el profesor Peter Knight, experto en tecnología cuántica, Willow fue la primera máquina en demostrar que los errores pueden corregirse mediante rondas repetidas de reparación.
Este avance es fundamental, ya que la fragilidad de los cúbits ha sido uno de los mayores obstáculos para llevar esta tecnología a aplicaciones reales. Gracias a este progreso, los expertos estiman que en siete u ocho años podrían alcanzarse billones de operaciones precisas, mucho antes de lo previsto.
Aplicaciones reales: más allá del laboratorio
La computadora cuántica de Google no busca solo romper récords teóricos. Su impacto potencial es profundo y tangible. Desde el diseño de medicamentos más eficientes hasta la optimización de la producción y almacenamiento de energía, la computación cuántica promete resolver problemas que hoy parecen inabordables.
Neven lo resume de forma directa: esta tecnología podría ayudar a combatir el cambio climático, mejorar la seguridad alimentaria y acelerar descubrimientos científicos clave para la humanidad.
Computadora cuántica de Google y el futuro inmediato
Aunque Willow sigue siendo un prototipo, su éxito demuestra que la computación cuántica ya ofrece valor real. No se trata de una promesa lejana, sino de una herramienta emergente que está comenzando a redefinir la competencia tecnológica entre países y empresas.
La computadora cuántica de Google marca el punto de inflexión donde lo imposible para la informática clásica deja de ser un límite y se convierte en un desafío superado.


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