Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum se plantó nuevamente frente a los micrófonos en Palacio Nacional, lo hizo con un mensaje claro: Pemex está cambiando. No solo creciendo, no solo ajustándose… cambiando profundamente. Y ese cambio, dijo, ya se siente en indicadores financieros, en operación y en el proyecto político que busca devolver a la petrolera su carácter estratégico.
Desde el inicio de la conferencia, Sheinbaum repitió la idea central: la reestructuración “profunda” emprendida desde el año pasado le ha permitido a Pemex mejorar su posición financiera y operativa como no ocurría en décadas. Y así comenzó un relato que mezcla reformas legales, decisiones estratégicas, producción en ascenso y la promesa de un nuevo capítulo energético para México.
La reestructuración de Pemex: el giro que define esta administración
Sheinbaum afirmó que Pemex “va muy bien” gracias a los cambios aprobados en 2024 y 2025, que reformaron el marco constitucional y legal de la empresa productiva del Estado. Para ella, el verdadero punto de inflexión no fue un dato financiero, sino la transformación de la estructura misma de la institución.
Recordó que desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, Pemex había sido fragmentada en subsidiarias, una estrategia que —según su visión— abrió la puerta a intentos de privatizar segmentos clave de la cadena de valor. Más tarde, las reformas de 2013 profundizaron esa lógica, dispersando decisiones y debilitando la integración de la petrolera.
“Lo importante lo hicimos el año pasado”, dijo, subrayando el regreso del párrafo en el artículo 28 constitucional que protege a las empresas del Estado de ser consideradas monopolios. Con ello, afirmó, Pemex ahora puede operar nuevamente como una sola entidad, con un único consejo de administración en lugar de cinco.
Esa reforma, explicó, es la columna vertebral del nuevo Pemex: más integrado, más ágil y con una capacidad ampliada para atraer inversiones sin ceder propiedad del petróleo.
Dos Bocas y Tula: la evidencia operativa del nuevo Pemex
Como parte del storytelling que caracteriza su discurso, Sheinbaum invitó a imaginar Dos Bocas: una refinería funcionando a plena capacidad después de enfrentar retos técnicos. Contó cómo la refinería Olmeca pasó de producir 150 mil barriles diarios a 280 mil, superando fallas en su sistema eléctrico con apoyo de la Comisión Federal de Electricidad.
Ese salto, dijo, simboliza lo que está ocurriendo en la empresa: un avance tangible, con cifras que —según ella— comprueban que las decisiones tomadas ya están dando resultados.
Tula también incrementó su procesamiento, y la extracción nacional de hidrocarburos muestra una tendencia ascendente. Aunque México mantendrá un límite de 1.8 millones de barriles diarios por compromisos climáticos, Sheinbaum insistió en que esto no frena la consolidación del sector.
A mitad de su exposición, retomó la palabra clave objetivo para enfatizar el punto: la reestructuración es lo que permite que Pemex recupere fuerza, credibilidad y un proyecto claro hacia el futuro.
Marco legal renovado y mejores perspectivas financieras
La presidenta destacó que la nueva base jurídica abrió la puerta a instrumentos financieros más eficientes y a esquemas de inversión combinada, siempre sin transferir la propiedad del petróleo.
Según Sheinbaum, las agencias calificadoras —históricamente duras con la empresa— han comenzado a mejorar la nota de Pemex, señal de que la comunidad internacional está reconociendo los cambios estructurales.
La mandataria aseguró que sin la reestructuración realizada en 2024 y 2025, sería imposible sostener los niveles de producción actuales o implementar los planes de inversión que se ejecutan hoy.
En su visión, Pemex dejó de ser un gigante fragmentado para convertirse de nuevo en una empresa sólida, verticalmente integrada y estratégica para la soberanía energética del país.
Pemex como empresa del pueblo: el mensaje político detrás del técnico
El mensaje final de Sheinbaum no fue técnico, sino simbólico: recuperar Pemex significa devolverle al pueblo la propiedad energética del país.
Reiteró que este proceso no busca cerrar las puertas al capital privado, sino asegurar que la empresa opere bajo un modelo que beneficie al Estado mexicano. Por ello, su discurso mezcla narrativa histórica, decisiones jurídicas y resultados operativos.
Según Sheinbaum, la petrolera ya está en un punto de inflexión y lo que viene es consolidar la inversión, estabilizar la producción y asegurar que las nuevas estructuras legales surtan efecto en la vida financiera de la empresa.
Así como comenzó, así termina: la historia del renacer de Pemex. Con reformas constitucionales, integración vertical, incrementos operativos y una nueva narrativa institucional, la presidenta sostiene que la empresa vive un momento determinante. Y por ello, al cerrar su argumentación, volvió a la palabra que marcó todo su mensaje: Pemex.


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