El PIB de México volvió a colocarse en el centro del debate económico luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportara una contracción mensual de 0.2 por ciento en noviembre de 2025. A primera vista, el dato podría interpretarse como una señal negativa aislada; sin embargo, al observar el contexto completo, el comportamiento de la economía mexicana revela un escenario más complejo, marcado por contrastes, resistencias sectoriales y expectativas moderadamente optimistas hacia 2026.
El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), utilizado como un termómetro mensual del producto interno bruto, mostró que, aunque la economía se contrajo respecto a octubre, todavía logró crecer 1.1 por ciento a tasa anual. Este contraste entre la variación mensual y anual es clave para entender la narrativa económica que cerró 2025.
Qué explica la caída del PIB de México en noviembre
La contracción del PIB de México en noviembre se explicó principalmente por el retroceso de las actividades terciarias, es decir, el comercio y los servicios, que cayeron 0.4 por ciento respecto al mes previo. Este sector concentra cerca de dos terceras partes del PIB nacional, por lo que cualquier ajuste, incluso marginal, tiene un impacto significativo en el indicador general.
El dato resulta llamativo porque noviembre suele ser un mes dinámico para el consumo, impulsado por el pago de aguinaldos, bonos y eventos comerciales como El Buen Fin, que en 2025 superó sus metas de ventas. Aun así, estos estímulos no fueron suficientes para evitar la desaceleración mensual, lo que sugiere un consumo más cauteloso de los hogares.
El peso del sector primario y la resistencia industrial
Otro factor que influyó en el comportamiento del PIB fue la fuerte contracción mensual de 7.0 por ciento en la agricultura, ganadería y pesca. Aunque estas actividades tienen menor peso relativo en el PIB de México, su caída contribuyó al resultado negativo del mes.
En contraste, la actividad industrial mostró un crecimiento mensual de 0.6 por ciento, incluso en un entorno marcado por los aranceles impuestos por Estados Unidos a las exportaciones mexicanas. Este dato refuerza la idea de que la industria comienza a estabilizarse tras varios trimestres de debilidad, especialmente en manufacturas y construcción.
Una lectura anual más alentadora del PIB de México
A mitad del análisis, el panorama cambia cuando se observa la variación anual. El crecimiento de 1.1 por ciento del PIB de México en noviembre frente al mismo mes de 2024 fue impulsado por el comercio y los servicios, que avanzaron 1.5 por ciento, así como por el sector primario, que creció 2.9 por ciento anual.
La nota discordante fue la industria, que se contrajo 0.1 por ciento en comparación anual, reflejando los retos estructurales que aún enfrenta este sector, particularmente en energía y manufactura pesada.
En el acumulado de enero a noviembre, la economía mexicana creció apenas 0.2 por ciento, muy por debajo del 1.5 por ciento registrado en el mismo periodo de 2024. Este bajo crecimiento resume el desafío central de 2025: una economía que evitó la recesión, pero avanzó con extrema lentitud.
Analistas ven señales de recuperación gradual
Pese al dato negativo de noviembre, analistas de Banamex consideran que la economía mexicana muestra señales de recuperación. Señalan que los indicadores disponibles apuntan a una moderación en el último bimestre del año, pero destacan dos elementos clave: la estabilización de la producción industrial y una tendencia al alza, aunque moderada, en los servicios.
Con base en este escenario, Banamex mantuvo su proyección de crecimiento del PIB de México en 1.5 por ciento para 2026. Esta expectativa se apoya en varios factores: mayor gasto público, una política monetaria que transitaría de restrictiva a neutral, menor incertidumbre frente a 2025 y un crecimiento de Estados Unidos similar al observado el año pasado.
Riesgos y oportunidades para el PIB en 2026
El desempeño futuro del PIB de México no está exento de riesgos. Entre los factores a la baja destacan una posible desaceleración de la economía estadounidense, un nuevo deterioro de la actividad petrolera y la incertidumbre asociada a la revisión del TMEC.
Del lado positivo, existen oportunidades relevantes: una mayor resiliencia del consumo interno, una recuperación más rápida de la inversión privada y los efectos económicos asociados a la Copa Mundial de Futbol, que podría impulsar sectores como el turismo, los servicios y la construcción.
Una señal de cautela más que de crisis
El dato de noviembre no debe leerse como una señal de crisis, sino como un recordatorio de la fragilidad del crecimiento económico. El PIB de México cerró 2025 con claroscuros: resistencia en algunos sectores, debilidad en otros y una economía que avanza, pero sin la fuerza suficiente para consolidar un ciclo expansivo sólido.
La evolución de 2026 será decisiva para confirmar si esta desaceleración fue solo un bache estadístico o el reflejo de desafíos más profundos. Por ahora, el PIB de México sigue enviando un mensaje claro: la estabilidad está presente, pero el crecimiento aún necesita impulso estructural.


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