China emite nuevas directrices para potenciar a Shanghái como centro financiero internacional, buscando atraer capital pero con un control férreo. ¿El fin de Hong Kong?
Pekín ha lanzado un nuevo y ambicioso plan para consolidar a Shanghái como un centro financiero internacional de primer nivel. Las directrices buscan atraer inversión extranjera, pero con una condición clave: un control estatal absoluto sobre los flujos de capital.
En un movimiento estratégico que refleja sus ambiciones globales y sus crecientes recelos geopolíticos, el gobierno central de China ha emitido una serie de directrices para acelerar la transformación de Shanghái en un centro financiero internacional (IFC, por sus siglas en inglés). El plan, sin embargo, no busca replicar el modelo abierto de plazas como Nueva York, Londres o su rival doméstico, Hong Kong. En su lugar, Pekín está construyendo una «fortaleza financiera»: un sistema diseñado para atraer capital extranjero bajo sus propios términos, mientras mantiene un control férreo para prevenir la fuga de capitales y resistir posibles sanciones occidentales.
Directrices clave desde la Comisión Financiera Central
El 18 de junio, la poderosa Comisión Financiera Central de China, un organismo de alto nivel del Partido Comunista, publicó las directrices oficiales que marcarán el futuro de Shanghái. Los puntos clave del plan incluyen:
* Facilitar la inversión: Se implementarán medidas para simplificar y promover el comercio y la inversión transfronteriza.
* Atraer instituciones: Se impulsará activamente que más organizaciones financieras internacionales establezcan operaciones significativas en Shanghái.
* Control y monitoreo estricto: Simultáneamente, se mejorarán los sistemas de monitoreo y alerta para los flujos de capital transfronterizo, con el objetivo explícito de «prevenir y desactivar riesgos financieros».
Este doble enfoque —facilitar la entrada de dinero mientras se vigila de cerca su salida— no es una contradicción, sino el núcleo de la estrategia china. Se busca crear una especie de «válvula de un solo sentido» que permita al capital global financiar las prioridades de China —como la inteligencia artificial y la energía limpia, tal como instó recientemente el Premier Li Qiang — sin arriesgarse a una desestabilizadora fuga de capitales.
El doble juego: apertura controlada y la rivalidad con Hong Kong
La ambición de Shanghái de recuperar su gloria financiera de antes de la era comunista no es nueva y la ha colocado en una rivalidad histórica con Hong Kong. Sin embargo, sus modelos son fundamentalmente diferentes. Hong Kong ha prosperado como un centro «integrado», donde la libre circulación de capital, un poder judicial independiente basado en el derecho consuetudinario y el acceso sin restricciones a la información son sus principales atractivos.
Shanghái, por otro lado, opera como un centro «segregado». Las instituciones financieras extranjeras enfrentan restricciones significativas y el capital no puede moverse libremente a través de la frontera. Las nuevas directrices no buscan cambiar este modelo, sino perfeccionarlo.
La estrategia de Pekín parece ser la construcción de un ecosistema financiero que pueda funcionar como una alternativa al sistema dominado por el dólar estadounidense. En un mundo donde las sanciones financieras se han convertido en un arma geopolítica, China está desarrollando un centro financiero que pueda operar con un alto grado de autonomía, sirviendo a sus intereses estratégicos y a los de los países dentro de su órbita de influencia, en lugar de competir con Hong Kong en términos de apertura.


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