El pasado 10 de diciembre, Paul Krugman, Nobel de Economía 2003, publicó su última columna en el New York Times titulada “Mi última columna: la esperanza en una era de resentimiento”. Después de 25 años de análisis incisivos, Krugman deja una reflexión sobre el deterioro del liderazgo global y la creciente desconfianza en los sistemas de poder.
En su columna, Krugman traza un arco histórico desde los años 2000, cuando la fe en los líderes del mundo occidental era sólida, hasta hoy, una era marcada por crisis sistémicas, mentiras institucionales y la pérdida de legitimidad de las élites políticas y económicas.
El concepto de caquistocracia: el gobierno de los peores
Krugman resalta el término caquistocracia, que describe un sistema gobernado por los más ineptos, corruptos y cínicos. Aunque su uso data del siglo XVII, el término ha adquirido una relevancia inquietante en la actualidad.
El autor menciona cómo este tipo de liderazgo no solo refleja incompetencia, sino también una arrogancia peligrosa basada en el poder, como lo señaló Tucídides:
“…lo correcto, según el mundo, es solo una cuestión entre iguales en poder, mientras que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.”
El impacto de Donald Trump y los liderazgos globales
Krugman enfoca parte de su análisis en el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, a quien considera un ejemplo claro de caquistocracia. Sin embargo, su crítica va más allá de Estados Unidos, abarcando el panorama global, donde los liderazgos son cada vez más disfuncionales.
Este fenómeno no se limita a países desarrollados: los gobiernos de naciones periféricas, con sistemas políticos frágiles y economías desiguales, también enfrentan retos similares.
¿Es posible recuperar la esperanza?
A pesar del pesimismo en su diagnóstico, Krugman termina su columna con una nota esperanzadora:
“Puede que con el tiempo encontremos el camino de vuelta a un mundo mejor.”
Este regreso, según el autor, depende de la capacidad ciudadana para recuperar la voz, dignidad y participación activa en la esfera pública. La reconstrucción de la república, como un espacio colectivo donde la prosperidad y la paz coexistan, es clave para superar la actual crisis de liderazgo.
Reflexiones finales: la república como horizonte
Krugman llama a reflexionar sobre el estado de nuestras democracias y el impacto de los liderazgos en la vida cotidiana. Si bien señala los peligros de la caquistocracia, también plantea la urgencia de reavivar el sentido común, el juicio crítico y la acción colectiva.
Como él mismo lo expresa, la prosperidad sin paz y la paz sin prosperidad son ilusiones que solo perpetúan la miseria. En este sentido, su legado no solo es una advertencia, sino también un llamado a la acción.
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