El conflicto en Medio Oriente, particularmente la guerra en Irán, comienza a generar efectos que van más allá del ámbito militar. La incertidumbre geopolítica, sumada a tensiones energéticas y comerciales, ya está impactando a economías de todo el mundo, incluida México.
Analistas financieros advierten que si la llamada coloquialmente “guerra en Irán” se prolonga, los efectos podrían sentirse directamente en el bolsillo de los mexicanos. Desde el precio de la gasolina hasta los alimentos, pasando por el empleo y las exportaciones, el escenario se vuelve cada vez más complejo.
Guerra en Irán y sus impactos en México
Uno de los primeros impactos se relaciona con el petróleo. El posible cierre o restricción del Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del crudo mundial, ha encendido las alarmas en los mercados internacionales.
El analista Enrique Quintana señaló para medios economistas que el encarecimiento del petróleo ya no es necesariamente una buena noticia para México. Aunque el país puede recibir más ingresos por exportaciones, también enfrenta mayores costos para importar combustibles.
Esto obliga al gobierno a tomar decisiones complicadas, como reducir el IEPS a las gasolinas para evitar aumentos bruscos en precios. Sin embargo, esta medida implica una menor recaudación fiscal, lo que presiona las finanzas públicas.
Es decir, si el conflicto continúa, llenar el tanque podría ser más caro, mientras el gobierno tendría menos margen para subsidiar el combustible.

Exportaciones en riesgo
El segundo gran riesgo para México está ligado a su relación comercial con Estados Unidos. Si la crisis energética desacelera la economía estadounidense, la demanda de productos mexicanos podría disminuir.
Esto afectaría directamente a sectores clave como la manufactura, la industria automotriz y las exportaciones agrícolas. En consecuencia, habría menos ingresos por comercio exterior y una posible caída en la actividad económica.
“El petróleo caro puede ayudar por un lado, pero golpear por el otro”, advierten especialistas. Es decir, mientras el país gana por exportaciones energéticas, pierde por menor dinamismo en su principal socio comercial.
Este efecto dominó desencadenado de la guerra en Irán podría traducirse en menor crecimiento económico, menos empleos y presión adicional sobre las empresas mexicanas.
Alimentos más caros como efecto de la guerra en Irán
El tercer riesgo es quizá el más sensible para la población es el aumento en los precios de los alimentos. La guerra no solo afecta al petróleo, también impacta el suministro de fertilizantes y los costos de transporte a nivel global.
Organismos como la UNCTAD han advertido que el encarecimiento de estos insumos puede reducir la producción agrícola en varios países.
En el caso de México, la dependencia de fertilizantes importados es alta. En 2024, el país importó mucho más de lo que exportó en este sector, lo que lo vuelve vulnerable ante crisis internacionales.
Si los fertilizantes suben de precio, producir alimentos será más caro. A esto se suma el aumento en los costos de transporte marítimo y seguros, lo que termina impactando directamente en el precio final que pagan las familias.
El resultado podría ser un incremento en productos básicos, afectando especialmente a los hogares con menor poder adquisitivo.
Un escenario incierto que podría empeorar
Las tensiones aumentaron tras los mensajes contradictorios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha fijado plazos y amenazas sin ofrecer una ruta clara.
Esto ha generado nerviosismo en los mercados, que reaccionan con mayor volatilidad ante la falta de certezas. Como explica Quintana, cuando los inversionistas perciben improvisación, elevan el costo del riesgo.
Si en las próximas semanas se logra una negociación y se normaliza el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el impacto podría ser temporal. Pero si el conflicto de la guerra en Irán se prolonga, México enfrentará una combinación peligrosa: gasolina cara, menor crecimiento económico y alimentos más costosos.
En este contexto, la guerra en Irán dejaría de ser un problema lejano para convertirse en una presión directa sobre el bolsillo de millones de mexicanos.


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