Cuando un refrigerador, lavadora, horno o cualquier otro electrodoméstico deja de funcionar, la primera pregunta suele ser si vale la pena pagar la reparación o comprar uno nuevo. La respuesta no depende únicamente de cuántos años tenga el aparato, además, sustituir un aparato no significa automáticamente pagar menos en el recibo de CFE. Para saber si realmente habrá un ahorro, es necesario comparar el consumo anual del equipo actual con el del modelo nuevo.
El costo de la falla, la pieza que necesita, el historial de reparaciones, la disponibilidad de refacciones y el consumo de electricidad son factores que pueden cambiar completamente la decisión. Un electrodoméstico viejo puede seguir funcionando durante años después de una reparación sencilla, mientras que uno relativamente nuevo puede dejar de ser conveniente si presenta una avería costosa.
¿Cuándo conviene reparar un electrodoméstico?
La antigüedad sirve como referencia, pero no debe utilizarse como una fecha de caducidad. De acuerdo con las referencias proporcionadas, los refrigeradores tienen una vida promedio de entre 10 y 14 años; las lavadoras y secadoras, de 10 a 13; los lavavajillas, de 9 a 12; los hornos, de 13 a 16, y los microondas, de 7 a 10 años.
La OCU, a partir de una encuesta entre cerca de 40 mil consumidores europeos, calculó alrededor de 12 años de duración promedio para las lavadoras, aunque algunas marcas superaron los 16 años.
Por eso, si el aparato todavía se encuentra relativamente lejos del final de su vida útil y la falla puede resolverse con una pieza de bajo costo, reparar suele tener más sentido que reemplazarlo.
¿Cuándo es mejor comprar un electrodoméstico nuevo?
La decisión cambia cuando el aparato ya acumula varios años, tiene un historial de fallas y la reparación implica una pieza cara o mucha mano de obra. Un compresor de refrigerador, un rodamiento del tambor de una lavadora o determinadas tarjetas electrónicas pueden representar un gasto considerable. Si además existen otros componentes desgastados, reparar una sola falla puede ser apenas el comienzo de nuevos gastos.
Una regla de referencia consiste en considerar el reemplazo cuando la reparación supera la mitad del precio de un equipo nuevo equivalente y el aparato ya ha superado aproximadamente dos tercios de su vida esperada. Las dos condiciones deben analizarse juntas.
También hay que comparar contra un modelo realmente equivalente e incluir gastos que suelen pasar desapercibidos, como entrega, instalación, retiro del equipo viejo y, en el caso de aparatos empotrados, posibles modificaciones del mueble.
¿Cómo saber si un electrodoméstico nuevo gastará menos luz?
Aquí es donde el consumo de energía puede cambiar la decisión. Un equipo nuevo puede tener un precio de compra más alto, pero consumir menos electricidad durante los años siguientes y esto se reflejará en el recibo de luz CFE.
La Conuee señala que las etiquetas de eficiencia energética permiten comparar el consumo de productos similares y elegir modelos más eficientes. En el caso de los refrigeradores, la etiqueta indica, entre otros datos, el consumo de energía en kWh por año. Además, la NOM-015-ENER-2018 establece límites, métodos de prueba y requisitos de etiquetado para refrigeradores y congeladores domésticos. La norma continúa vigente en México.
Por eso, antes de comprar un refrigerador nuevo no basta con comparar precios. Conviene revisar los kWh anuales del modelo que tienes con los del que estás considerando.
¿Un refrigerador nuevo puede bajar el recibo de CFE?
Sí, aunque el ahorro en el recibo CFE depende de cuánto consume el aparato actual y de las características del nuevo equipo. La Conuee señala que los refrigeradores son de los aparatos que más electricidad utilizan en el hogar y recomienda considerar el cambio de un refrigerador con más de 10 años de uso por uno nuevo si las condiciones económicas lo permiten. También destaca la importancia de mantener limpios los serpentines, revisar los empaques y colocar el aparato en un espacio ventilado.
La actualización de la NOM-015-ENER-2018 también elevó los estándares de eficiencia de estos equipos. La Conuee estimó que los nuevos requisitos podían representar una reducción de hasta 35% en el consumo frente a las especificaciones anteriores.
Esto no significa que cualquier refrigerador nuevo reduzca 35% el recibo de una vivienda. Ese porcentaje corresponde a la comparación de especificaciones de la norma, no a un ahorro garantizado en el recibo de cada familia.
¿Cómo calcular si conviene cambiarlo por el gasto de luz?
Para hacer una comparación sencilla, revisa el consumo anual en kWh de ambos aparatos. Por ejemplo, si el equipo viejo consume 700 kWh al año y el nuevo 450 kWh, la diferencia sería de 250 kWh anuales. Después hay que multiplicar esos 250 kWh por el costo efectivo que representa cada kWh en tu recibo.
Así puedes estimar cuánto dinero podrías ahorrar al año y compararlo con el costo adicional de comprar el equipo nuevo.
La comparación es especialmente útil cuando el electrodoméstico funciona todos los días y durante muchas horas, como ocurre con un refrigerador.
¿Qué debes revisar antes de pagar una reparación?
Antes de autorizar el trabajo, pide un diagnóstico y solicita que te indiquen qué pieza falló, cuánto cuesta el repuesto, cuánto cobrarán de mano de obra, qué garantía tendrá la reparación y cuánto tiempo tardará.
También conviene revisar si el fabricante todavía ofrece refacciones para ese modelo. En algunos casos, conseguir una pieza puede resultar más complicado o costoso que la reparación misma.
Si el equipo todavía tiene garantía, primero revisa las condiciones con el vendedor o fabricante antes de pagar una reparación por cuenta propia.


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