Hay un botón rojo en el volante que no solo enciende un motor. Despierta a un titán. El estruendo del V12 del Ferrari 12Cilindri no es un sonido, es un evento sísmico. Un desafío gutural y mecánico a un futuro que susurra en eléctrico. Es el sonido del fin de los tiempos.
El mundo del automóvil de ultra altas prestaciones se encuentra en una encrucijada existencial. La electrificación, con su par instantáneo y su silencio implacable, parece el camino inevitable. Los turbocompresores han domesticado y potenciado a la mayoría de los motores de combustión que se resisten a desaparecer. Y en medio de esta transición casi dogmática, Ferrari, el custodio de la llama sagrada del automovilismo, comete el acto de rebeldía más glorioso imaginable: lanza un coche cuyo nombre es, literalmente, su alma. El Ferrari 12Cilindri.
No es solo el sucesor del ya magnífico 812 Superfast. Es un manifiesto. Un monumento de aluminio y fibra de carbono erigido en honor al motor de doce cilindros en V, atmosférico, sin un solo turbo, sin la más mínima asistencia híbrida. En una era donde el software define la experiencia, Ferrari nos recuerda que la verdadera emoción nace del hardware más puro y visceral. La marca no está vendiendo simplemente un coche capaz de superar los 340 km/h; está vendiendo algo mucho más valioso y finito: la experiencia acústica y mecánica irremplazable de un motor que grita hasta las 9,500 revoluciones por minuto. El producto es la emoción destilada, una sinfonía que evoluciona de un rugido mecánico a un aullido animalístico que te eriza la piel y te conecta con más de 70 años de historia. Este coche es la prueba de que Ferrari ha identificado su propuesta de valor más potente en la era moderna: no es la velocidad, es el sonido. Están monetizando la pureza en tiempo real, antes de que se extinga para siempre.
Diseño exterior: Un homenaje a la era dorada
A primera vista, el 12Cilindri se siente diferente a sus predecesores inmediatos. Abandona parte de la agresividad afilada y casi barroca del 812 Superfast en favor de una elegancia más limpia, escultural y, sobre todo, intemporal. El equipo de diseño de Flavio Manzoni ha creado una obra que mira tanto al futuro como al pasado, encontrando su inspiración más clara en uno de los GT más icónicos de la historia: el Ferrari 365 GTB/4 «Daytona» de 1968.
La conexión es innegable en el frontal. La característica banda negra que une los faros, una reinterpretación moderna de los faros escamoteables del Daytona, le otorga una identidad visual única y poderosa. Las proporciones son las de un Gran Turismo clásico: un capó larguísimo que alberga la joya de la corona, una cabina retrasada y una zaga corta y musculosa.
Pero no se equivoquen, esta belleza nostálgica es una esclava de la aerodinámica. Cada línea, cada curva, cada entrada de aire tiene una función. El sistema de refrigeración fue completamente rediseñado, con radiadores de aceite divididos y situados delante de las ruedas delanteras y un complejo sistema de canalización de aire en los bajos para optimizar el flujo térmico y la carga aerodinámica.
La verdadera magia, sin embargo, ocurre en la parte trasera. A diferencia de muchos superdeportivos modernos que dependen de alerones fijos masivos, el 12Cilindri mantiene una silueta pura gracias a un sofisticado sistema de aerodinámica activa. Dos flaps móviles, integrados en la carrocería, pueden adoptar dos configuraciones: Low Drag (LD) para una mínima resistencia al avance a altas velocidades (por encima de 300 km/h) o High Downforce (HD) para generar la máxima carga vertical durante el frenado y en curvas, garantizando una estabilidad imperturbable. Es una solución que combina lo mejor de dos mundos: la elegancia de un diseño limpio con la eficacia de un coche de carreras.
Al volante: La dualidad de la bestia
Sentarse al volante del 12Cilindri es prepararse para una lección de dualidad. Este coche es la encarnación perfecta del concepto de Gran Turismo, un vehículo capaz de cruzar continentes con un confort sorprendente, para luego transformarse en una bestia de circuito con solo girar un dial.
En el modo Sport, el más «civilizado», el 12Cilindri es dócil. La transmisión de doble embrague y 8 velocidades, una obra de arte en sí misma, cambia de marcha con la suavidad de un convertidor de par tradicional. El habitáculo, sorprendentemente bien aislado, permite mantener una conversación normal incluso a velocidades de crucero elevadas. Y por primera vez en un V12 de Ferrari, el lujo y la comodidad no son un pensamiento secundario. Hay portavasos, un cargador inalámbrico para el móvil y, para el colmo de la opulencia, asientos con función de masaje opcionales. Es un Ferrari que no te castiga por querer usarlo a diario.
Pero entonces, tu mano derecha se posa sobre el manettino rojo en el volante. Un clic hacia la derecha. Race.
«Girar el manettino a ‘Race’ no solo cambia el mapa del motor; cambia el alma del coche. Pasa de ser un Gran Turismo dócil a una bestia que grita, un instrumento de precisión que exige respeto y recompensa con una avalancha de adrenalina pura.»
En este modo, el 12Cilindri revela su verdadera naturaleza. La respuesta del acelerador es instantánea, telepática. La dirección, que incorpora el avanzado sistema de cuatro ruedas directrices (4WS) heredado del exclusivo 812 Competizione, se vuelve increíblemente precisa y ágil, haciendo que el coche se sienta mucho más corto y ligero de lo que es. Y el sonido… el sonido lo inunda todo. Las válvulas del escape se abren por completo y la sinfonía del V12, antes contenida, ahora ruge libremente hasta el estratosférico límite de 9,500 RPM. Es una experiencia visceral, una conexión directa entre tu pie derecho y una de las piezas de ingeniería más extraordinarias jamás creadas.
Esta dualidad es la respuesta de Ferrari a un mercado que ha madurado. Los clientes de estos coches ya no solo buscan la brutalidad de un coche de carreras; quieren la emoción, pero envuelta en un paquete que puedan disfrutar en el mundo real, en un viaje de fin de semana o en una ruta panorámica. El 12Cilindri no te obliga a elegir. Te lo da todo.
Cabina y tecnología: El copiloto digital
El interior del 12Cilindri es un salto cuántico respecto a su predecesor. El diseño de «doble cabina» crea espacios definidos para el conductor y el pasajero, pero la verdadera revolución es la nueva Interfaz Hombre-Máquina (HMI). Se compone de tres pantallas que elevan la experiencia a bordo.
Frente al conductor, un imponente display digital de 15.6 pulgadas muestra toda la información vital de conducción, con el tacómetro análogo virtual en el centro, como debe ser. En la consola central, una pantalla táctil capacitiva de 10.25 pulgadas controla el infoentretenimiento, la climatización y otras funciones, compatible de serie con Apple CarPlay y Android Auto.
Pero la innovación más significativa es la tercera pantalla, de 8.8 pulgadas, dedicada exclusivamente al pasajero. Desde aquí, el acompañante puede ver la velocidad, las RPM, la marcha engranada e incluso interactuar con el sistema multimedia. Es un detalle brillante que transforma al pasajero de un mero espectador a un «copiloto genuino», involucrándolo activamente en la emoción de la conducción. Refuerza el carácter de Gran Turismo del coche, un coche pensado para ser compartido y disfrutado en compañía.
Veredicto final y mercado mexicano
Llegamos a la pregunta del millón, o más bien, de los 12 millones de pesos. ¿Para quién es el Ferrari 12Cilindri y justifica su estratosférico precio en México?
La respuesta es clara: este no es un coche para especuladores o para aquellos que buscan el último grito en tecnología híbrida. Este es un coche para conductores. Para puristas. Para el entusiasta que comprende perfectamente lo que está comprando: el capítulo final de una saga legendaria. Es la última oportunidad de adquirir, nuevo de fábrica, un pedazo de la historia del automovilismo, la culminación de la estirpe de los V12 atmosféricos de Maranello.
En México, un mercado con una devoción casi religiosa por Ferrari, la respuesta ha sido contundente, con varias órdenes de compra realizadas incluso antes de su presentación oficial en el país. Su valor no reside únicamente en su asombroso rendimiento, sino en su profundo significado histórico. Es un futuro clásico instantáneo, una inversión no solo financiera, sino emocional. Es la ópera final de un motor legendario, y hemos tenido el privilegio de escucharla en primera fila.
- Motor: V12 a 65° atmosférico
- Cilindrada: 6496 cc
- Potencia: 830 CV @ 9,250 rpm
- Torque: 678 Nm @ 7,250 rpm
- 0-100 km/h: 2.95 segundos
- Velocidad Máxima: > 340 km/h
- Tracción: Trasera (RWD)
- Precio de Partida (México): Aprox. $12,000,000 MXN ($650,000 USD)
