En un movimiento ampliamente anticipado por los mercados financieros, el Banco de México (Banxico) aplicó su cuarto recorte consecutivo a la tasa de interés interbancaria, llevándola a un nivel del 8%, el más bajo desde agosto de 2022.
La decisión llega en un momento en que la economía mexicana muestra signos de debilidad y la inflación, aunque aún por encima de la meta oficial, ha comenzado a desacelerarse ligeramente.
Un respiro monetario en medio de una economía estancada
Desde el inicio de 2025, Banxico ha ejecutado una estrategia de relajación monetaria con cuatro recortes consecutivos de 50 puntos básicos cada uno. Este último ajuste marca un punto de inflexión al colocar la tasa en su nivel más bajo en casi tres años, cuando en 2022 se ubicaba en 7.75%.
El argumento detrás de la decisión, según lo comunicado por la Junta de Gobierno, es doble: por un lado, un entorno inflacionario que si bien no ha alcanzado la meta de 3%, muestra señales de contención, y por otro, una actividad económica que apenas creció 0.1% en abril, de acuerdo con datos del Inegi.
Inflación: desacelera, pero no cede del todo
El más reciente informe del Inegi indica que la inflación de la primera quincena de junio se ubicó en 4.51%, una leve alza frente al 4.42% registrado en mayo, pero aún lejos del objetivo del Banxico de 3%, con un margen de tolerancia de un punto porcentual.
Pese a ello, la tendencia se percibe como moderada, lo que ha dado margen a la autoridad monetaria para flexibilizar su política, buscando equilibrar el crecimiento sin perder de vista el control inflacionario.
Diferencias con la política de la Reserva Federal
Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos mantiene sin cambios su tasa de interés en medio de una inflación aún persistente, Banxico ha optado por tomar distancia de esa postura más restrictiva.
“Estamos viendo un entorno que permite cierta relajación, sin que esto implique perder el ancla inflacionaria”, señaló recientemente Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, en una entrevista para Reuters.
¿Qué esperar hacia adelante?
Si bien el recorte a 8% representa una oportunidad para aliviar la presión sobre créditos empresariales y personales, analistas advierten que la Junta de Gobierno podría adoptar un enfoque más cauteloso en sus próximos movimientos.
El contexto internacional, la volatilidad del tipo de cambio y la persistencia de factores internos como los precios de alimentos y energéticos podrían influir en las decisiones futuras.
En palabras de la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja, “la prioridad sigue siendo mantener la estabilidad de precios, pero reconociendo que también debemos facilitar condiciones para la recuperación económica”.
El impacto para la economía real
Este nuevo entorno de tasas más bajas podría traducirse, en el corto plazo, en menores costos de financiamiento para empresas y consumidores. Sin embargo, su efecto sobre la inflación y el crecimiento será gradual.
En los próximos meses, los mercados estarán atentos a señales que indiquen si Banxico mantendrá esta senda de recortes o si decidirá hacer una pausa estratégica, como sugieren algunos modelos económicos.
El Banco de México ha dado un paso firme al reducir la tasa al 8%, un movimiento que marca un cambio en la narrativa de política monetaria iniciada durante la pandemia. Aunque la inflación no ha sido completamente controlada, la desaceleración abre la puerta a una mayor flexibilidad. El reto será no perder de vista los riesgos macroeconómicos que aún acechan.
