Chelsea derrota 4-1 al Benfica en la prórroga tras una suspensión de 2 horas por tormenta eléctrica. Crónica de un partido caótico con gol de Di María y una roja.
Fue un partido de fútbol que se convirtió en una película de suspense. El Chelsea avanzó a los cuartos de final del Mundial de Clubes tras vencer al Benfica por 4-1, pero el resultado no cuenta ni la mitad de la historia de una noche marcada por una tormenta eléctrica, una suspensión de dos horas y un drama que se extendió hasta la prórroga.
Dominio azul, resistencia encarnada
Desde el inicio, el partido en el Bank of America Stadium de Charlotte fue un monólogo del Chelsea. El equipo de Enzo Maresca, con un juego de posesión y presión alta, dominó al Benfica, que se aferraba a su defensa y a las intervenciones de su portero, Anatoliy Trubin.
El Chelsea acumulaba ocasiones. Un remate de Marc Cucurella fue salvado en la línea por António Silva, y Trubin realizó paradas de mérito a disparos de Cole Palmer. La resistencia del Benfica finalmente se quebró en el minuto 64. El capitán del Chelsea, Reece James, sorprendió a todos con un tiro libre magistral desde un ángulo cerrado que se coló en la portería, poniendo un 1-0 que parecía definitivo.
El cielo se cae: Dos horas de caos y suspensión
Cuando el partido entraba en sus minutos finales, con el Chelsea controlando su ventaja, ocurrió lo impensable. A los 85 minutos, con un 1-0 en el marcador, el árbitro detuvo el encuentro debido a una alerta de tormenta eléctrica severa en las inmediaciones del estadio.
Lo que inicialmente se esperaba que fuera una pausa de 30 minutos se convirtió en una suspensión de casi dos horas, con jugadores, árbitros y aficionados refugiados en las zonas seguras del estadio. La insólita situación, con solo unos minutos por jugarse, generó frustración y una enorme incertidumbre, poniendo de relieve los desafíos de organizar eventos de esta magnitud en condiciones climáticas extremas.
El drama final: Penalti, prórroga y goleada
Tras la larga espera, el partido se reanudó para jugar los minutos restantes y el tiempo añadido. Y el drama no había terminado. En el minuto 95, tras una revisión del VAR, se sancionó un penalti por una mano de Malo Gusto dentro del área del Chelsea. Ángel Di María, en su partido de despedida, no falló desde los once metros, empatando el partido 1-1 y forzando una prórroga increíble.
La prórroga, sin embargo, fue otra historia. El esfuerzo y el drama pasaron factura al Benfica. A los pocos minutos del tiempo extra, el suplente Gianluca Prestianni fue expulsado por doble amonestación, dejando a su equipo con diez hombres. Con superioridad numérica, el Chelsea fue letal. Christopher Nkunku (108′), Pedro Neto (114′) y Kiernan Dewsbury-Hall (117′) anotaron tres goles en rápida sucesión para sellar un marcador final de 4-1 que no reflejó la paridad y el sufrimiento del tiempo reglamentario.
El veredicto del juez: Una victoria forjada en la adversidad
El Chelsea no solo ganó un partido de fútbol; sobrevivió a una prueba de resistencia mental y física. La victoria sobre el Benfica, forjada en medio del caos climático y el drama de último minuto, dice mucho sobre el carácter del equipo de Enzo Maresca. Supieron dominar, supieron sufrir y, cuando tuvieron la oportunidad, supieron matar el partido.
Para el Benfica, es un final cruel para su participación en el Mundial de Clubes. Lucharon con todo, se beneficiaron de un giro del destino, pero la expulsión y el cansancio les condenaron en la prórroga. El Chelsea avanza a cuartos, donde le espera el Palmeiras, con la confianza reforzada tras haber superado una noche de auténtica locura.


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