La IndyCar se enfrenta a su hora más oscura. El escándalo de Team Penske por piezas ilegales destapa una trama de posibles engaños, conflictos de interés y una crisis de gobernanza que pone en jaque la integridad del deporte y la legendaria figura de Roger Penske. La pregunta resuena: ¿fue un error o una trampa deliberada?.
El imperio de Roger Penske, un nombre sinónimo de éxito y pulcritud en el automovilismo, se tambalea bajo el peso de un escándalo que amenaza con manchar su legado y la credibilidad de toda la serie IndyCar. Lo que comenzó como una irregularidad técnica detectada en los autos de Josef Newgarden y Will Power antes de la clasificación para las 500 Millas de Indianápolis ha escalado hasta convertirse en una crisis de confianza con profundas implicaciones.
La Trampa: Atenuadores Modificados y Ventajas Cuestionadas
El núcleo del «Penskegate» reside en la modificación ilegal de los atenuadores traseros en los monoplazas de Newgarden y Power. Estos componentes, que son piezas estándar de seguridad suministradas por la categoría, fueron alterados, presuntamente rellenando una costura. Si bien IndyCar (curiosamente, propiedad del mismo Roger Penske) ha declarado que no encontró evidencia de que esta modificación proporcionara una ventaja competitiva directa , la lógica y las sospechas de los equipos rivales apuntan en otra dirección. ¿Por qué modificar una pieza estándar, arriesgándose a severas sanciones, si no se busca algún tipo de beneficio, por mínimo que sea? Se especula que la alteración podría haber ofrecido una pequeña ventaja aerodinámica.
Esta discrepancia entre la postura oficial de la serie y la percepción externa es uno de los puntos más conflictivos. Si la modificación no otorgaba ventaja, la insistencia en ella y el riesgo asumido por uno de los equipos más laureados y con mayores recursos del paddock resulta, cuanto menos, desconcertante y alimenta las teorías de un intento de engaño deliberado.
Un Patrón Preocupante: El Escándalo del «Push-to-Pass»
Este no es el primer tropiezo ético de Team Penske. El escándalo resuena con ecos del incidente del «push-to-pass» de 2024, donde se descubrió que el equipo tenía acceso ilegal al sistema de potencia extra en momentos indebidos, lo que llevó a la descalificación de Newgarden de una victoria. La repetición de infracciones técnicas graves en temporadas consecutivas sugiere un problema más profundo dentro de la organización, levantando serias dudas sobre su cultura de cumplimiento normativo. El propio Roger Penske admitió: «Hemos tenido fallas organizacionales durante los últimos dos años, y tuvimos que hacer los cambios necesarios».
El Conflicto de Interés de Roger Penske: Juez y Parte
La situación se agrava exponencialmente por el flagrante conflicto de interés que representa la figura de Roger Penske. «El Capitán» no solo es el propietario del equipo infractor, Team Penske, sino también el dueño de la propia IndyCar Series y del Indianapolis Motor Speedway. Esta concentración de poder ha llevado a que competidores y analistas clamen por la creación de un organismo rector independiente, libre de la influencia de empleados de Penske, para garantizar la equidad y la transparencia en la competición. La percepción de que Penske puede ser juez y parte en las decisiones que afectan a su propio equipo es un lastre para la credibilidad de la serie.
Evidencia y Acusaciones: ¿Encubrimiento?
Las alarmas se encendieron aún más cuando equipos rivales afirmaron poseer fotografías que demostrarían que las modificaciones ilegales en los autos de Penske existían «desde hace tiempo». Incluso se ha reportado que el auto ganador de Newgarden en la Indy 500 de 2024, actualmente en exhibición en el museo del Indianapolis Motor Speedway, presenta la misma alteración ilegal. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿Sabían los oficiales de IndyCar de estas irregularidades y no actuaron antes, o fallaron los procesos de inspección técnica? El presidente de IndyCar, J. Douglas Boles, admitió que fue un «fallo» no haber detectado antes estas piezas.
Los despidos del presidente del equipo, Tim Cindric, el director gerente de IndyCar, Ron Ruzewski, y el gerente general de IndyCar, Kyle Moyer , son un intento de controlar los daños, pero para muchos no son suficientes para restaurar la confianza.
«Nada es más importante que la integridad de nuestro deporte y de nuestros equipos de carreras. Hemos tenido fallas organizacionales durante los últimos dos años, y tuvimos que hacer los cambios necesarios. Pido disculpas a nuestros fans, a nuestros socios y a nuestra organización por defraudarlos.» – Roger Penske
El «Penskegate» ha abierto una caja de Pandora. La investigación debe ser exhaustiva y transparente, y las consecuencias deben ir más allá de las sanciones al equipo. Está en juego la reputación de una leyenda como Roger Penske y, lo que es más importante, el futuro de la IndyCar como una competición creíble y justa. La sombra de un engaño calculado, o al menos de una negligencia grave y un posible encubrimiento, es demasiado oscura para ser ignorada.
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