lunes, enero 26, 2026

México: alarmante limbo ante rivales fuera Concacaf

México vuelve a dejar dudas ante Bolivia y confirma que sufre cada vez que sale de Concacaf rumbo al Mundial 2026

México volvió a salir de su zona de confort y lo que encontró no fue precisamente tranquilidad. México ganó 1-0 en su visita a Bolivia, pero la sensación dominante fue otra vez la de un equipo frágil cuando abandona el entorno de la Concacaf. El marcador resolvió el trámite en los números, pero no en las formas, y dejó al descubierto carencias estructurales que siguen sin corregirse en un proceso que avanza hacia el Mundial 2026 con más dudas que certezas. El gol de Germán Berterame apenas maquilló una actuación gris que volvió a encender alarmas internas en México.

Un triunfo que no borra la inquietud

La selección llegó a Santa Cruz de la Sierra con la necesidad de reencontrarse con una victoria internacional significativa, pero el desarrollo del partido dejó más preguntas que respuestas. Hubo dominio territorial por momentos, aunque sin profundidad ni contundencia, repitiendo una tendencia que se ha vuelto habitual en la última etapa del proceso. La circulación fue lenta, la presión desordenada y la toma de decisiones imprecisa en el último tercio del campo, incapaz de imponer condiciones ante un rival que tampoco atraviesa su mejor momento competitivo. Para México, ese tipo de actuaciones ya no pueden seguir normalizándose.

El gol llegó tras un error del arquero Carlos Lampe, quien rechazó mal un centro sin aparente peligro y permitió que Berterame definiera de media vuelta. Esa acción fortuita rompió el cero, pero lejos estuvo de convertirse en un punto de inflexión futbolístico. México no aceleró el ritmo ni mostró hambre de ampliar la diferencia, lo que alimentó la percepción de fragilidad estructural que se repite cada vez que el nivel de exigencia sube.

La constante: sufrir fuera de la zona cómoda

El patrón se repite con inquietante regularidad. México parece otro equipo cuando enfrenta rivales ajenos a la Concacaf. Ha coleccionado empates y derrotas dolorosas en partidos recientes ante selecciones de otras confederaciones, reforzando la narrativa de que su dominio regional no se traduce en competitividad internacional real. Empates con Japón, Corea del Sur, Ecuador y Uruguay, derrotas ante Colombia y Paraguay, y triunfos apretados ante Panamá y Bolivia dibujan un panorama preocupante rumbo a la Copa del Mundo. México sigue acumulando señales de alerta que no deben ignorarse.

Incluso cuando Bolivia se quedó con diez hombres tras la expulsión de Robson Matheus, no hubo un golpe de autoridad. La superioridad numérica no se tradujo en control emocional ni en una presión sostenida. El partido se administró como un trámite incómodo, no como una oportunidad para reconstruir confianza y jerarquía competitiva. Para México, ese conformismo competitivo es uno de los grandes problemas del presente.

Un contexto que desnuda carencias

El problema no es un resultado aislado, sino una tendencia. México sigue siendo una potencia regional, pero cada vez que sale de su burbuja competitiva queda expuesto. Parece un equipo que juega mejor cuando la exigencia es baja y se diluye cuando el nivel sube. El título de la Copa Oro no logró traducirse en una identidad sólida fuera de la Concacaf, y México continúa pagando el precio de esa falta de evolución.

También persiste una falta evidente de gol. La generación de oportunidades claras es limitada y la contundencia sigue siendo intermitente. Se depende de errores rivales o acciones aisladas para marcar diferencia. Sin un plan ofensivo definido, México se vuelve vulnerable ante cualquier rival medianamente ordenado.

Javier Aguirre y un proceso sin consolidación

El camino hacia el Mundial 2026 avanza con un proceso que no termina de asentarse. Javier Aguirre aporta experiencia y carácter, pero ni siquiera su liderazgo ha logrado borrar las inconsistencias colectivas. Hay desconexión entre líneas, poca claridad en la salida de balón y un mediocampo que pierde control ante presiones moderadas. México no termina de encontrar un once base ni un estilo reconocible.

Más allá de los resultados, lo que inquieta es la falta de una identidad clara. No hay una idea de juego que se sostenga más allá del rival o del contexto. Sin una estructura sólida, cada partido fuera de la región se convierte en una prueba de resistencia emocional para México.

Bolivia como espejo incómodo

El rival sudamericano tampoco atraviesa un momento brillante. Fuera de la altitud de La Paz suele perder fortaleza y competitividad. Aun así, el partido no fue un trámite cómodo. Se permitió que creciera emocionalmente, que se mantuviera con vida en el marcador y que creyera en la posibilidad de un empate. México regaló iniciativa en momentos clave.

La dosificación del esfuerzo como si no existieran consecuencias se ha vuelto una constante. Esa falta de colmillo internacional refleja que México todavía no asimila el nivel de exigencia que enfrentará como anfitrión del Mundial.

Un problema más mental que táctico

Hay un componente psicológico que ya no puede ignorarse. Cada salida de la Concacaf parece cargar con un peso emocional extra. Se juega con cautela excesiva, con temor al error y sin la convicción que aparece en el entorno habitual. México entra al campo condicionado por su propia narrativa.

El entorno mediático y la presión amplifican cada tropiezo. Se entra al partido sabiendo que cualquier actuación opaca será interpretada como una señal de crisis, y esa carga se refleja en la toma de decisiones. México juega contra el rival y contra sus propios fantasmas.

Berterame, alivio momentáneo

Germán Berterame fue la solución inesperada para aliviar la sequía goleadora. Su definición fue celebrada, pero no puede convertirse en la base de un proyecto rumbo al Mundial. México necesita que su ataque funcione como sistema, no como una suma de individualidades ocasionales.

Se requiere que sea parte de un engranaje ofensivo más fluido, no un salvador aislado. Hacen falta sociedades, automatismos y una estructura que produzca goles con regularidad. México no puede seguir dependiendo de errores rivales.

Ajustes que ya no pueden postergarse

No basta con ganar partidos apretados ante rivales de menor jerarquía. Estos encuentros deben usarse como laboratorios para corregir mecanismos, probar soluciones y fortalecer la identidad. México tiene poco margen de error en su calendario de preparación.

La salida desde el fondo, la presión tras pérdida y la capacidad de sostener intensidad durante noventa minutos siguen siendo asignaturas pendientes. Dosificar esfuerzo como si cada partido fuera irrelevante es un lujo que México no se puede permitir.

El reloj rumbo al 2026 no se detiene

Como anfitrión del Mundial, no habrá eliminatoria y eso agrava el problema. Faltarán partidos oficiales de alta exigencia, lo que convierte cada amistoso en una oportunidad irremplazable para crecer. México debe exprimir cada Fecha FIFA.

Desperdiciar estos encuentros con actuaciones tibias sería un error estratégico. Se necesita construir confianza, carácter competitivo y una identidad clara antes de que el tiempo se agote para México.

Una victoria que deja más inquietud que alivio

La visita a Bolivia dejó tres puntos, pero también un espejo incómodo que refleja carencias persistentes. Ganar no siempre significa avanzar. México sumó una victoria, pero perdió credibilidad.

Se dio un paso en el marcador, pero se retrocedió en sensaciones. El proyecto sigue buscando respuestas mientras el reloj avanza inexorablemente hacia el Mundial 2026 y México sigue sin despejar sus dudas más profundas.

Giovanna Cancino
Giovanna Cancino
Giovanna Cancino es una experimentada profesional de la comunicación, Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de una década de trayectoria en medios impresos y digitales, se ha consolidado como reportera y editora. Su profundo conocimiento se refleja en sus colaboraciones en la sección deportiva 'Sport Judge', así como en las importantes secciones Nacional e Internacional, asegurando una cobertura fiable y relevante para nuestros lectores.
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