La violencia obliga a Dorados a mantenerse lejos de casa
El Club Dorados de Sinaloa continuará jugando como local en el estadio de Xolos en Tijuana para el Clausura 2025, según anunció la directiva del equipo mediante un comunicado oficial. La decisión, tomada por la Junta de Socios de la Liga Expansión MX, responde a la preocupante situación de inseguridad en Culiacán, que pone en riesgo a los aficionados y al personal del club.
Un cambio forzado: cómo la violencia impactó al deporte
La inseguridad en Culiacán, marcada por una serie de eventos violentos recientes, obligó al equipo a trasladarse a Tijuana durante el cierre del Apertura 2024. Esta medida, tomada inicialmente como un recurso temporal, parece extenderse al nuevo torneo debido a que no se han garantizado las condiciones necesarias para regresar al Estadio Banorte, casa de Dorados.
El equipo compartió su frustración en redes sociales, destacando que el cambio de sede implicó “un reto logístico, económico y social sin precedentes”. Sin embargo, también resaltaron el esfuerzo y profesionalismo del cuerpo técnico y los jugadores al enfrentar esta adversidad.
“El cierre del torneo representó un reto histórico para nuestra institución, pero siempre estuvimos a la altura, representando con orgullo los colores de Sinaloa”, mencionaron en su comunicado.
La sede en Tijuana: ¿una solución temporal?
La elección de Tijuana como sede alterna tiene sentido práctico: el estadio de los Xolos, también propiedad de Grupo Caliente, es el más cercano geográficamente para Dorados. Sin embargo, el traslado implica costos significativos y un desafío logístico que afecta tanto al club como a sus seguidores.
La Liga Expansión MX justificó esta decisión como una medida para priorizar la seguridad. En palabras de los organizadores:
“No podemos poner en riesgo la integridad de los aficionados ni la de los jugadores”.
Aunque esta disposición se menciona como temporal, el regreso a Culiacán dependerá exclusivamente de que las condiciones de seguridad mejoren.
Impacto en la afición y en el club
Para los seguidores de Dorados, esta noticia representa un golpe emocional. El Estadio Banorte no solo es un lugar para disfrutar del fútbol, sino un símbolo de identidad y orgullo para los sinaloenses.
Por su parte, el club ha agradecido reiteradamente el apoyo de su afición durante esta difícil transición, destacando que la presencia de los fans en Tijuana ha sido clave para mantener el ánimo del equipo.
Además, el impacto económico no ha pasado desapercibido. Desde la logística de viajes hasta la disminución en la venta de boletos en su estadio original, los costos acumulados por esta mudanza temporal representan un desafío adicional para Dorados.
¿Qué sigue para Dorados?
Mientras tanto, la Liga Expansión MX y el club trabajan en garantizar que esta situación no afecte la competitividad del equipo. En el corto plazo, Tijuana seguirá siendo la casa del Gran Pez, pero la incertidumbre persiste.
El club ha declarado su intención de regresar a Culiacán tan pronto como sea posible, pero la seguridad sigue siendo el principal obstáculo. Las autoridades locales deberán demostrar avances concretos en la reducción de la violencia para que la Liga apruebe nuevamente el uso del Estadio Banorte.
Un caso que refleja los desafíos del deporte en contextos de violencia
La situación de Dorados pone en evidencia cómo el deporte no es inmune a los problemas sociales. La inseguridad afecta tanto la logística operativa como la relación emocional entre un equipo y su comunidad.
La historia de Dorados es un recordatorio de que, aunque el fútbol puede ser un refugio para muchas comunidades, no está exento de los retos que enfrentan las regiones más golpeadas por la violencia.


TE PODRÍA INTERESAR