Un partido de eliminatorias sudamericanas en Maturín, Venezuela, este 7 de junio de 2025, se vio envuelto en una doble crisis: la selección de Bolivia denunció ser retenida impidiéndole su salida del país, mientras decenas de funcionarios de seguridad venezolanos sufrieron una intoxicación alimentaria masiva en el mismo evento.
La jornada futbolística de este sábado 7 de junio de 2025 en Maturín, Venezuela, trascendió lo deportivo para convertirse en un foco de tensión diplomática y preocupación sanitaria. La selección de fútbol de Bolivia denunció formalmente que las autoridades venezolanas obstaculizaron la salida de su vuelo chárter tras el partido disputado contra la Vinotinto por las eliminatorias sudamericanas.
Paralelamente, un alarmante incidente de intoxicación alimentaria masiva afectó a decenas de funcionarios de seguridad venezolanos que laboraban en el estadio Monumental durante el encuentro.
«Retención» y acusaciones de sabotaje
Según la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) y miembros de la delegación, se negó la autorización de despegue al avión que debía trasladar al equipo de regreso a Bolivia, sin ofrecer una explicación oficial clara.
El director técnico de Bolivia, Oscar Villegas, informó que esta situación forzó al plantel a regresar a su hotel en plena madrugada, alterando su planificación deportiva de cara a próximos compromisos. Hasta las 02:00 horas del sábado, la delegación boliviana continuaba varada en Venezuela.
Harold Howard, responsable de logística y seguridad de la selección boliviana, no dudó en calificar la actitud de las autoridades venezolanas como un «acto de hostilidad y sabotaje». Medios de comunicación bolivianos han recogido estas denuncias, sugiriendo una posible intención deliberada de perjudicar al equipo visitante, especialmente al considerar un cambio de fecha previo del partido que ya había generado suspicacias.
Intoxicación masiva de agentes de seguridad
Mientras la tensión aeronáutica se desarrollaba, un grave incidente de salud pública ocurría en el mismo estadio Monumental de Maturín. Al menos 46 funcionarios de seguridad del Estado venezolano, en su mayoría jóvenes agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Polimonagas, sufrieron una intoxicación alimentaria.
La emergencia colapsó la sala de urgencias del Hospital Universitario Dr. Manuel Núñez Tovar de Maturín. Videos compartidos en redes sociales mostraron el traslado de los afectados, muchos de ellos con síntomas de vómitos severos.
Una minuta policial incluso reportó que una funcionaria llegó inconsciente al centro asistencial. Un total de 5,812 funcionarios habían sido desplegados para el operativo de seguridad del partido. Aunque se mencionaron audios que hablaban de más de un centenar de intoxicados, esta cifra no ha sido confirmada oficialmente.
«Es un acto de hostilidad y sabotaje.» – Harold Howard, Logística de la Selección Boliviana, sobre la situación del vuelo.
Un telón de fondo de crisis persistente
Estos dos graves incidentes, la presunta retención de un equipo deportivo internacional y una intoxicación masiva de personal de seguridad, ocurren en un país sumido en una crisis multidimensional que abarca lo humanitario, económico y político. Venezuela enfrenta una masiva diáspora, con casi 7.9 millones de sus ciudadanos refugiados y migrantes en el mundo, y 7 millones dentro del país necesitando asistencia humanitaria urgente, según cifras de la ONU.
La economía venezolana sigue bajo presión, con una reciente depreciación del bolívar tras el freno a las ventas de crudo debido a aranceles impuestos por Estados Unidos, y medidas como la reducción de la jornada laboral en el sector público para ahorrar energía.
En el plano político y de derechos humanos, Estados Unidos ha instado a sus ciudadanos a abandonar Venezuela ante el riesgo de «detenciones injustas», mientras el presidente Nicolás Maduro ha cruzado acusaciones con figuras como el senador estadounidense Marco Rubio y ha pedido al presidente Donald Trump no dejarse «envenenar con mentiras» sobre su país.
Las relaciones con Estados Unidos se mantienen tensas, especialmente tras la confirmación de que la licencia de operación de Chevron en el país expira y no se permitirá que fondos asistan al régimen.
La combinación de estos eventos en Maturín –la denuncia boliviana y la intoxicación de funcionarios– no solo podría tener repercusiones diplomáticas directas con Bolivia, sino que también proyecta una imagen de desorganización y potencial hostilidad que afecta la reputación internacional de Venezuela como sede de eventos.
Más profundamente, estos hechos pueden interpretarse como síntomas de las dificultades que enfrenta el Estado venezolano para gestionar funciones básicas y mantener relaciones internacionales fluidas en medio de una crisis que parece no dar tregua.


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