
En parques, redes sociales y hogares urbanos, una nueva escena se repite cada vez con mayor frecuencia: personas jóvenes que celebran el cumpleaños de sus perros, los pasean con cochecitos especiales, invierten en alimentación premium, seguros veterinarios y se refieren a ellos como “mi hijo”. Este fenómeno, conocido popularmente como “perrihijos”, es más que una moda: forma parte de un cambio profundo en la forma en que se construyen los vínculos afectivos y se redefinen los modelos familiares.
Al mismo tiempo, las tasas de natalidad caen a niveles históricos en buena parte del mundo. Las decisiones personales, los cambios económicos, las nuevas aspiraciones y formas de vida, están llevando a millones de personas a postergar —o incluso renunciar— a la maternidad y paternidad tradicionales, abriendo paso a nuevas formas de cuidado centradas en animales de compañía.
Menos hijos, más afecto hacia las mascotas
En países como Japón, Italia, Corea del Sur, Argentina o México, los índices de natalidad están por debajo del nivel de reemplazo generacional. En paralelo, el mercado de productos y servicios para mascotas crece a doble dígito cada año, impulsado por una generación que busca construir relaciones de apego y sentido a través de otras formas que no pasan necesariamente por la crianza de un niño.
Los “perrihijos” y “gathijos” se han convertido en receptores de atención personalizada, rutinas de socialización, ropa especial, dietas equilibradas y cuidados médicos comparables con los de un niño pequeño. Esta tendencia refleja una transformación cultural donde el afecto, la empatía y el cuidado se expanden más allá de las relaciones humanas, integrando a los animales como miembros plenos del núcleo afectivo.
¿Qué motiva esta elección?
Expertos en sociología, psicología y demografía señalan múltiples factores que explican este fenómeno:
- Incertidumbre económica: la falta de estabilidad laboral, el alto costo de vida, la precariedad habitacional y la falta de acceso a servicios de calidad dificultan la decisión de formar una familia con hijos.
- Búsqueda de autonomía: muchas personas priorizan sus proyectos personales, viajes, desarrollo profesional o libertad cotidiana, algo que la crianza tradicional suele limitar.
- Cambio de valores: la sociedad contemporánea valora cada vez más el bienestar emocional, la conexión con lo natural y la idea de “familia elegida” por afinidad más que por obligación biológica.
- Nuevas formas de expresión afectiva: los vínculos con mascotas permiten una entrega emocional profunda sin algunos de los desafíos de la parentalidad humana.
Aunque en algunos sectores se critica esta tendencia como una “humanización” excesiva de los animales, muchos especialistas destacan que no se trata de reemplazar hijos por perros, sino de reconfigurar el concepto de familia y de cuidado bajo otras lógicas.
Cambian las familias, cambian los proyectos
El concepto tradicional de familia —basado en la pareja heterosexual con hijos— ya no representa la única ni la más común estructura familiar. Familias monoparentales, parejas sin hijos, amigos que conviven, personas solas con sus mascotas, son cada vez más frecuentes y socialmente aceptadas.
En este contexto, los animales de compañía ofrecen una oportunidad para generar rutinas, compañía, responsabilidad compartida y lazos emocionales profundos. La figura del “perrihijo” opera como símbolo de pertenencia, conexión y amor incondicional en una sociedad donde el tiempo, la economía y la vida urbana han modificado radicalmente las relaciones humanas.
Además, desde la perspectiva psicológica, cuidar de una mascota puede tener efectos muy positivos en la salud mental, reducir la ansiedad, mitigar el sentimiento de soledad y aumentar los niveles de empatía y sentido de propósito.
¿Y qué implica para el futuro?
El crecimiento de esta tendencia abre interrogantes sobre el futuro demográfico, social y económico. ¿Cómo sostendrán los países el recambio generacional si las tasas de natalidad siguen cayendo? ¿Qué tipo de políticas públicas y modelos de convivencia serán necesarios para atender nuevas realidades familiares?
Al mismo tiempo, se abre una oportunidad para repensar el lugar de los animales en la sociedad, su bienestar, sus derechos y el rol que ocupan en la construcción de comunidades más afectivas, sostenibles y diversas.
La combinación entre la caída de la natalidad y el auge de los perrihijos no es una simple anécdota contemporánea: es una señal clara de que estamos viviendo una transformación profunda en la manera de relacionarnos, cuidar y formar familias. Las mascotas ya no son solo “animales de compañía”: para millones de personas, son una extensión del hogar, un espejo de sus valores y un refugio emocional en un mundo cada vez más complejo.
Aceptar y comprender esta realidad no solo permite abrir el debate sobre los nuevos modelos de vida, sino también generar puentes hacia una sociedad más empática, inclusiva y libre en la forma de amar y construir vínculos.