A partir de los 40 años, muchas personas comienzan a notar que alimentos antes cotidianos, como la leche o el pan, ya no “caen” tan bien como antes. Esta transformación en la digestión no es casualidad: obedece a cambios fisiológicos y metabólicos que se acentúan con la edad. La intolerancia a ciertos alimentos se vuelve más común, y los síntomas —hinchazón, gases, malestar estomacal o incluso diarrea— pueden afectar la calidad de vida si no se atienden adecuadamente.
Cambios enzimáticos: el caso de la leche
Uno de los principales motivos por los que muchas personas adultas desarrollan dificultades para consumir leche es la disminución de la lactasa, la enzima responsable de digerir la lactosa, el azúcar natural de la leche. Aunque los bebés la producen en abundancia, esta enzima suele reducirse con la edad en buena parte de la población mundial, un fenómeno conocido como intolerancia a la lactosa.
Esto puede generar síntomas como distensión abdominal, cólicos, diarrea o gases poco después de consumir productos lácteos, especialmente los no fermentados como la leche líquida o la nata.
El pan y la sensibilidad al gluten o al trigo
En cuanto al pan, el problema suele asociarse a una mayor sensibilidad al gluten o incluso a una intolerancia al trigo. Aunque no se trate de enfermedad celíaca, algunas personas desarrollan con la edad síntomas como inflamación, fatiga, dolores de cabeza o alteraciones digestivas tras ingerir productos que contienen trigo o gluten.
Este tipo de sensibilidad puede estar relacionado con una respuesta inmune menos eficiente, cambios en la microbiota intestinal o una digestión más lenta que impide procesar eficientemente ciertos componentes del pan blanco o industrializado.
La voz del especialista
Para entender mejor este fenómeno, el gastroenterólogo Ricardo Méndez, explica: “Después de los 40, el cuerpo entra en una etapa de reorganización enzimática. Muchas personas pierden tolerancia a alimentos que durante décadas consumieron sin problema. No es una enfermedad como tal, sino una adaptación fisiológica que requiere ajustar los hábitos. La clave está en detectar qué alimentos causan malestar y sustituirlos por opciones más digestivas, sin caer en dietas extremas ni eliminar grupos alimenticios innecesariamente”.
El doctor también enfatiza la importancia de prestar atención a las señales del cuerpo:
“El malestar repetido después de ciertos alimentos es una señal clara. No debe ignorarse. Puede tratarse de una simple intolerancia, pero también de gastritis, reflujo o una disbiosis intestinal. Un diagnóstico temprano evita complicaciones y mejora la calidad de vida”.
Si ya no toleras ciertos alimentos, lo más importante es no ignorar los síntomas. Acudir a un especialista permitirá confirmar si se trata de intolerancia, alergia, o un problema digestivo más serio. A partir de ahí, se pueden adoptar ajustes eficaces en la dieta.
OTROS ALIMENTOS QUE TAMBIÉN PUEDEN CAUSAR PROBLEMAS
• Legumbres secas: provocan gases y distensión abdominal si no se preparan correctamente.
• Alimentos muy grasos o fritos: la producción de bilis y enzimas pancreáticas disminuye con la edad.
• Carnes rojas: su digestión se vuelve más lenta y pesada.
• Bebidas carbonatadas o azucaradas: irritan el sistema digestivo y generan inflamación.
• Vegetales crudos (brócoli, col, coliflor): pueden causar gases si no se cocinan adecuadamente.
RECOMENDACIONES CONCRETAS PARA UNA DIGESTIÓN SALUDABLE DESPUÉS DE LOS 40
1. Opta por lácteos deslactosados o fermentados: como el yogur natural o kéfir.
2. Cambia el pan blanco por opciones integrales o sin gluten.
3. Incluye alimentos probióticos y prebióticos: que fortalezcan tu microbiota intestinal.
4. Remoja y cuece bien las legumbres: para evitar gases.
5. Prefiere métodos de cocción saludables: evita frituras.
6. Come despacio y mastica bien.
7. Bebe suficiente agua diariamente.
8. Mantente activo físicamente.
9. Limita café y alcohol.
10. Lleva un diario de alimentos y síntomas.


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