El gobierno de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, decidió extender la regularización de vehículos extranjeros hasta el 30 de noviembre de 2026, lo que cambia las reglas para los “autos chocolate”.
Aunque el anuncio parecía solo una ampliación de fechas, el decreto trae ajustes que modifican por completo la forma en que se compran, envían y legalizan autos usados desde Estados Unidos.
Ya no basta con pagar 2,500 pesos y obtener placas. El programa dejó de ser una amnistía amplia y se transformó en un mecanismo más selectivo, enfocado en movilidad básica y empleo, no en autos de lujo.
El decreto deja de ser general y se vuelve selectivo
El nuevo enfoque busca frenar abusos detectados en etapas anteriores. Durante años, la regularización fue utilizada para legalizar vehículos de alto valor que no respondían a una necesidad de transporte cotidiano.
Con el cambio, el gobierno endureció filtros y dejó claro que el objetivo es apoyar a familias trabajadoras que requieren un vehículo funcional, no facilitar la entrada de unidades premium a bajo costo.

Entran autos asiáticos
Uno de los ajustes más importantes del decreto es la aceptación de vehículos cuyo VIN inicia con letra, lo que permite regularizar autos fabricados en Japón o Corea.
Antes, solo calificaban unidades ensambladas en la región del T-MEC, cuyos números de identificación iniciaban con dígitos. Esto dejaba fuera a modelos muy demandados por su durabilidad y bajo costo de mantenimiento.
Con la nueva regla, marcas como Toyota, Honda y Nissan amplían de forma significativa las opciones disponibles para regularización, lo que ya está impactando el mercado de seminuevos en la frontera.
Ajuste en el mercado de autos usados en México
La entrada masiva de vehículos asiáticos legalizados presiona los precios de los autos usados nacionales. Un sedán o una camioneta importada legalmente puede costar mucho menos que su equivalente vendido en el mercado interno.
Este escenario genera preocupación en la industria automotriz formal, pero para el consumidor representa una oportunidad de acceder a unidades más confiables y a menor precio.
Se cierra la puerta a autos de lujo y deportivos
El decreto también incluye prohibiciones explícitas. Vehículos deportivos, de lujo, blindados o convertibles quedaron fuera del programa de forma definitiva.
Modelos de marcas como BMW, Audi, Mercedes-Benz o Porsche ya no pueden regularizarse, incluso si cumplen con otros requisitos. El sistema del REPUVE tiene instrucciones para rechazar automáticamente estos VIN.
La intención es clara: el programa no está diseñado para estatus ni colección, sino para movilidad básica.
El riesgo real de comprar un auto que no pasará
Intentar regularizar un vehículo excluido implica un alto riesgo financiero. Si el VIN aparece en la lista de rechazo, el trámite se bloquea sin posibilidad de corrección.
Esto deja a muchos compradores con un auto que no puede circular legalmente, sin posibilidad de recuperar la inversión.
El tema de la fecha de ingreso sigue siendo polémico
El decreto mantiene el requisito de que el vehículo haya ingresado a México antes del 19 de octubre de 2021. Sin embargo, en la práctica, este punto sigue siendo difícil de verificar.
La responsabilidad legal recae en el propietario mediante una declaración bajo protesta de decir verdad. Aunque el control es limitado, el riesgo existe si se detecta información falsa en revisiones posteriores.
El tipo de título en Estados Unidos es determinante. Vehículos con título Non-repairable, Junk o con reporte de robo quedan automáticamente fuera del programa.
Aunque algunos autos con título Salvage pueden ser regularizados si fueron reconstruidos correctamente, cualquier daño estructural grave detectado en bases de datos estadounidenses provoca el rechazo inmediato.
Las autoridades mexicanas cruzan información con sistemas de seguridad de Estados Unidos, por lo que el margen de error es cada vez menor.
Costos reales de regularizar un auto chocolate
El costo federal sigue siendo de 2,500 pesos, pero no es el gasto total. Al emplacar en los estados fronterizos, se suman pagos por placas y tarjeta de circulación que pueden elevar el desembolso final.
A esto se agregan gastos de traslado, gasolina y, en muchos casos, honorarios de gestores que ayudan a obtener citas en un sistema saturado.
Aun con estos costos, el trámite sigue siendo mucho más barato que una importación definitiva tradicional por aduana.
La extensión del programa abre una ventana de oportunidad, pero también exige mayor cuidado al comprar un vehículo en Estados Unidos. La inclusión de autos asiáticos amplía opciones, pero las restricciones son más estrictas.
Elegir modelos funcionales, revisar a fondo el historial del vehículo y evitar cualquier unidad catalogada como lujo será clave para aprovechar el decreto sin perder dinero.