Un nuevo análisis de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) revela una cifra alarmante: casi uno de cada tres adolescentes en Estados Unidos presenta prediabetes, una condición silenciosa que los coloca en riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas crónicos. Esta actualización, basada en datos de encuestas nacionales y análisis de laboratorio, está generando tanto preocupación como cuestionamientos dentro de la comunidad médica.
Un aumento significativo respecto a estimaciones previas
Según el nuevo cálculo, 8.4 millones de adolescentes de entre 12 y 17 años tenían prediabetes en 2023. Esto representa aproximadamente el 32% de los adolescentes en ese grupo de edad, una cifra considerablemente más alta que la estimación del 18% publicada en 2020.
Este aumento no solo se atribuye a un empeoramiento general de la salud metabólica en jóvenes, sino también a la aplicación de un nuevo método estadístico por parte de los CDC. Sin embargo, este cambio ha generado preocupaciones sobre la transparencia del análisis, ya que los detalles sobre cómo se llegó a la nueva cifra no han sido publicados en una revista científica revisada por pares ni en informes oficiales como el Morbidity and Mortality Weekly Report.
Qué es la prediabetes y por qué es peligrosa
La prediabetes ocurre cuando los niveles de glucosa en sangre están elevados pero aún no alcanzan el umbral de diabetes tipo 2. Aunque en algunos casos los niveles pueden volver a la normalidad con el tiempo —especialmente durante o después de la pubertad—, en la mayoría de los casos sin intervención, la prediabetes progresa hacia enfermedades crónicas.
Según la endocrinóloga Samar Hafida, de la Asociación Americana de la Diabetes (ADA), el dato actualizado es “un llamado urgente a la acción”. Advierte que podría haber un aumento de casos de diabetes tipo 2 de inicio temprano, para el cual el sistema de salud no está preparado.
Además del riesgo de diabetes, los adolescentes con prediabetes tienen mayor probabilidad de desarrollar problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares y obesidad en la adultez.
Cómo se obtuvieron los nuevos datos
El informe se basó en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES), un estudio representativo que combina exámenes físicos, entrevistas personales y análisis de sangre. Aunque esta fuente es confiable, varios expertos han expresado escepticismo sobre la falta de detalle metodológico en el nuevo cálculo.
Christopher Gardner, investigador en nutrición y diabetes de la Universidad de Stanford, afirmó a Associated Press que la falta de claridad en la metodología es preocupante, especialmente en un momento en que muchas instituciones de salud pública enfrentan recortes presupuestarios y pérdida de personal.
“La transparencia es esencial para confiar en cualquier actualización epidemiológica a nivel nacional”, añadió Gardner.
Recomendaciones para padres y profesionales
La Asociación Americana de la Diabetes recomienda hacer pruebas de detección a partir de los 10 años en niños con sobrepeso o antecedentes familiares, sedentarismo, presión arterial alta u otros factores de riesgo.
En caso de diagnóstico de prediabetes, los especialistas aconsejan:
- Mejorar la alimentación: reducir el consumo de azúcares añadidos y carbohidratos refinados.
- Aumentar la actividad física: al menos 60 minutos diarios de ejercicio moderado o intenso.
- Control médico regular: para monitorear niveles de glucosa, presión arterial y colesterol.
- Intervenciones familiares: fomentar hábitos saludables desde el hogar y reducir el tiempo frente a pantallas.
Una alerta temprana para evitar una epidemia futura
Si se aplicara el nuevo método de análisis a los datos recopilados entre 2005 y 2016, la estimación de prediabetes habría sido de aproximadamente 28%, no del 18% que se publicó originalmente. Esto indica que el problema ha estado creciendo más de lo que se creía, y que una parte importante de la población adolescente ya vivía con esta condición sin saberlo.
El nuevo informe de los CDC sobre la prediabetes en adolescentes estadounidenses es un fuerte llamado de atención. Más allá de los debates técnicos, el dato clave es que millones de jóvenes ya están en riesgo de padecer enfermedades graves a temprana edad. Prevenir ese futuro exige acciones inmediatas, desde el sistema de salud hasta las familias. La vigilancia médica, la educación nutricional y los cambios en el estilo de vida son herramientas urgentes para evitar que esta generación crezca con una carga de enfermedades prevenibles.


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