Masticar bien los alimentos suele relacionarse con una mejor digestión, pero la ciencia ha descubierto que este hábito cotidiano también influye en el sistema inmune, la memoria, el control del apetito e incluso en la prevención del deterioro cognitivo.
Diversos estudios señalan que la forma en que masticamos puede tener efectos importantes sobre la salud general, especialmente conforme pasan los años. Por eso, comer rápido y tragar casi sin masticar podría tener consecuencias que van mucho más allá del estómago.
Masticar fortalece las defensas de la boca
Investigadores de The University of Manchester y los National Institutes of Health descubrieron que masticar activa células inmunitarias llamadas Th17 en las encías.
Estas células ayudan a proteger la boca contra bacterias y hongos que pueden provocar infecciones. Los especialistas detectaron que no son únicamente los alimentos o las bacterias “buenas” los que generan esta respuesta, sino el propio movimiento de masticar.
Sin embargo, los expertos también advierten que una activación excesiva de estas células puede resultar contraproducente. Un exceso de células Th17 se ha relacionado con enfermedades como periodontitis, diabetes, artritis reumatoide y problemas cardiovasculares.

Masticar ayuda a mantener activo el cerebro
La masticación también tiene un efecto importante en el cerebro. Estudios realizados en animales y humanos han encontrado que masticar favorece el funcionamiento del hipocampo, una región importante para la memoria y el aprendizaje.
Cuando una persona pierde piezas dentales, consume solo alimentos blandos o tiene poca fuerza para masticar, disminuyen los estímulos que llegan al cerebro. Esto puede acelerar el deterioro cognitivo y aumentar el riesgo de demencia en adultos mayores.
Además, masticar durante momentos de estrés parece ayudar a regular hormonas como el cortisol y mejora la capacidad del cerebro para adaptarse a situaciones difíciles. Incluso mascar chicle sin azúcar se ha asociado con una mejor memoria y tiempos de reacción más rápidos.
Comer despacio también ayuda a controlar el peso
Otro beneficio de masticar lentamente es que ayuda a controlar el apetito. Al comer despacio, el cuerpo libera hormonas relacionadas con la saciedad, como la colecistoquinina, el GLP-1 y el péptido YY.
Esto permite que el cerebro reciba con tiempo la señal de que ya se comió suficiente, reduciendo el riesgo de excesos y ayudando a mantener un mejor control del peso.
Por esta razón, especialistas consideran que una masticación adecuada puede ser útil para prevenir problemas como obesidad, resistencia a la insulina y Type 2 Diabetes.
Los riesgos de no masticar bien
Comer demasiado rápido puede provocar digestiones pesadas, mayor inflamación, atracones y una menor absorción de nutrientes. También puede afectar la salud dental, ya que la falta de estimulación reduce la producción de saliva, necesaria para proteger dientes y encías.
Además, las personas que mastican poco suelen ingerir porciones más grandes antes de sentirse satisfechas, lo que aumenta el riesgo de sobrepeso y trastornos metabólicos.
Masticar bien no es solo una cuestión de educación en la mesa. Es una herramienta sencilla que puede fortalecer las defensas, proteger el cerebro, mejorar la digestión y ayudar a mantener un peso saludable.
Dedicar unos segundos más a cada bocado puede parecer un detalle menor, pero a largo plazo puede marcar una diferencia importante en la salud.


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