ChatGPT y la nueva forma de enfrentar la soledad
La escena se desarrolló en el Auditorio Nacional, donde miles de jóvenes escuchaban atentos a Marian Rojas Estapé. La psiquiatra española, reconocida por sus libros sobre salud mental, sorprendió al auditorio cuando afirmó con firmeza: “Muchos ya no van a terapia, hablan con ChatGPT”. Su frase retumbó como un eco de la transformación que vive la sociedad en plena era de la inteligencia artificial.
En un contexto donde la tecnología se normaliza y deja de ser novedad, Rojas planteó una pregunta clave: ¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial sustituye los espacios íntimos de la psicoterapia?
El impacto de la inteligencia artificial en la salud emocional
La autora de Encuentra tu persona vitamina explicó que el problema no radica en que ChatGPT sea dañino por sí mismo, sino en la falta de regulación y en el uso que cada persona le da. “Hay quienes depositan en la IA sus miedos, sus dudas, su necesidad de compañía, y eso puede generar una dependencia peligrosa”, señaló.
Para Rojas, el riesgo no es solo individual, sino colectivo. En una sociedad marcada por el individualismo y la hiperconexión, sustituir la escucha terapéutica por respuestas automáticas puede desdibujar los pilares de la salud mental.
Marian Rojas y la denuncia de la desinformación digital
Durante su ponencia en México Siglo XXI, la psiquiatra denunció que circulan en internet miles de videos falsos con su imagen y su voz, creados por inteligencia artificial. “Después de tantos años divulgando con rigor, me encuentro con que la IA replica lo que nunca dije. Y no hay nada que hacer por el momento”, confesó.
Citando a la filósofa Hannah Arendt, Rojas recordó que la pérdida de confianza en la información es una de las amenazas más graves de la era digital. “Necesitamos pilares sensatos de verdad, lugares donde podamos aprender y confiar”, subrayó.
Pornografía, dopamina y algoritmos peligrosos
Más allá de la IA, Rojas también habló de dos ejes centrales de su trayectoria: la pornografía y la prostitución. Recordó casos en los que productores alardeaban de haber reducido la edad de inicio en el consumo de pornografía, aprovechando algoritmos que atraen a los más jóvenes.
“Después de la pandemia, los primeros casos de consumo se dieron a los ocho años. Eso me preocupa porque la pornografía se ha convertido en la primera escuela de sexualidad de muchos adolescentes, y es ciencia ficción, no es la vida real”, afirmó.
Para explicar el fenómeno, usó un ejemplo de neurociencia: la dopamina, que genera placer inmediato, funciona con un sistema de recompensa variable. “Por eso los videos cada vez son más intensos y violentos, porque el cerebro exige más estímulos”, explicó la especialista.
El cortisol y la sociedad en alerta permanente
La psiquiatra ofreció un diagnóstico inquietante: la normalización del estrés. El cortisol, hormona que se activa ante amenazas de supervivencia, se dispara en contextos de miedo, ansiedad o presión social.
“Estamos bioquímicamente diseñados para sobrevivir, no para ser felices”, comentó Rojas. Y añadió que esta sobreexposición al cortisol genera irritabilidad, depresión, ansiedad y una sensación constante de estar en alerta.
El problema se agrava cuando la inteligencia artificial, en lugar de aliviar, se convierte en un detonante más de esa angustia. “El miedo existe y es natural, pero el peligro es cuando el miedo nos secuestra, cuando la amígdala cerebral toma el control”, dijo, recordando el concepto de Daniel Goleman sobre la inteligencia emocional.
México como aula de divulgación
La relación de Rojas con México es larga y profunda. Recordó que hace más de una década, acompañó a su padre a una conferencia en el país, donde él la invitó a cerrar una ponencia. Fue su primera experiencia pública como divulgadora.
“México ha sido mi universidad para aprender a comunicar”, compartió emocionada, provocando aplausos del público. Esa conexión se ha mantenido y consolidado con los años, convirtiendo al país en un espacio donde sus mensajes encuentran gran eco.
ChatGPT, terapia y el futuro de la regulación
Al cerrar su intervención, la escritora dejó un mensaje de advertencia y esperanza: ChatGPT y la inteligencia artificial pueden ser aliados poderosos, siempre que existan marcos claros de regulación y responsabilidad.
“El problema no es la herramienta, sino cómo la usamos. Necesitamos conciencia, límites y educación para que no suplante aquello que nos hace humanos: la capacidad de escuchar y acompañar”, concluyó Rojas.


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