Cuando realizas ejercicio, especialmente actividades de fuerza como levantar pesas o entrenamientos intensos, tus músculos sufren pequeñas lesiones microscópicas conocidas como microdesgarros musculares. Aunque la palabra “desgarro” puede sonar alarmante, este proceso es en realidad una parte natural y necesaria para que los músculos crezcan, se fortalezcan y se adapten al esfuerzo físico.
Comprender qué sucede en tu cuerpo después del ejercicio y cómo favorecer la recuperación te ayudará a mejorar el rendimiento y evitar lesiones a largo plazo.
Qué ocurre cuando los músculos se desgarran durante el ejercicio
Cada vez que haces un movimiento que implica esfuerzo —como correr, levantar peso o hacer flexiones— tus fibras musculares se estiran y contraen repetidamente. En ese proceso, algunas fibras se rompen parcialmente, especialmente cuando se someten a una carga superior a la habitual.
Estas microrroturas no representan una lesión grave; de hecho, son el estímulo que el cuerpo necesita para mejorar. Las células musculares interpretan el daño como una señal de alarma y comienzan a activar mecanismos de reparación que, con el tiempo, generan un músculo más fuerte y resistente.
Sin embargo, si el esfuerzo es excesivo o no se da el descanso suficiente, las microlesiones pueden convertirse en desgarros mayores, lo que sí representa una lesión seria.
Cómo responde el cuerpo después de los microdesgarros musculares
Una vez que las fibras musculares se dañan, el cuerpo inicia un proceso conocido como respuesta inflamatoria, que es esencial para la recuperación. Durante esta fase:
- Aumenta el flujo sanguíneo hacia el músculo afectado, aportando oxígeno y nutrientes.
- El sistema inmunológico libera citocinas y macrófagos, que eliminan las células dañadas.
- Se activan las células satélite, encargadas de reparar las fibras rotas.
Estas células se fusionan con las fibras musculares existentes y generan nuevo tejido muscular. Este proceso, conocido como hipertrofia, es el que permite que los músculos se vuelvan más grandes y fuertes con el tiempo.
Por qué aparece el dolor después de entrenar
Esa sensación de dolor o rigidez muscular que se presenta entre 12 y 48 horas después del ejercicio se conoce como dolor muscular de aparición tardía (DOMS, por sus siglas en inglés).
El DOMS es una consecuencia directa de los microdesgarros y de la inflamación posterior. Aunque puede ser molesto, también indica que tus músculos están adaptándose al esfuerzo.
Para aliviarlo y acelerar la recuperación puedes:
- Realizar estiramientos suaves después del entrenamiento.
- Aplicar compresas frías o baños de contraste (frío y calor).
- Mantener una hidratación adecuada.
- Dormir al menos 7 u 8 horas por noche, ya que la regeneración muscular ocurre principalmente durante el sueño.
La importancia del descanso y la alimentación
El cuerpo no crece mientras entrenas, sino cuando descansas. Si no permites suficiente recuperación entre sesiones, los músculos no alcanzan a repararse y pueden debilitarse.
El descanso activo (como caminar o hacer yoga ligero) ayuda a mejorar la circulación y eliminar toxinas, mientras que los días de reposo total son necesarios tras entrenamientos intensos.
En cuanto a la alimentación, los músculos necesitan tres elementos clave:
- Proteínas: son el material principal de reparación muscular. Se recomiendan fuentes como pollo, pescado, huevos, legumbres o tofu.
- Carbohidratos complejos: reponen el glucógeno muscular, la principal fuente de energía durante el ejercicio.
- Grasas saludables: como las del aguacate, las nueces o el aceite de oliva, que favorecen la producción hormonal y reducen la inflamación.
Además, la suplementación con aminoácidos esenciales o BCAA puede ser útil en deportistas que entrenan con alta intensidad, aunque no sustituye una dieta equilibrada.
Cómo prevenir lesiones musculares graves
Si bien los microdesgarros son normales, los desgarros musculares mayores pueden provocar dolor intenso, inflamación visible y pérdida de movilidad. Para prevenirlos, ten en cuenta estas recomendaciones:
- Calienta correctamente antes de entrenar, activando los grupos musculares que usarás.
- Aumenta la intensidad del ejercicio de forma progresiva.
- Evita repetir el mismo grupo muscular todos los días; alterna rutinas para dar tiempo de recuperación.
- Presta atención a las señales del cuerpo: si el dolor es agudo o limitante, detén el entrenamiento y consulta a un especialista.
Recuerda que más no siempre es mejor. Entrenar sin descanso puede ser contraproducente y ralentizar tus progresos.
Cuando haces ejercicio, tus músculos se desgarran a nivel microscópico, y ese proceso, lejos de ser negativo, es la clave del fortalecimiento físico. Lo que marca la diferencia es cómo acompañas esa reparación: descanso, nutrición, hidratación y constancia.
Entender este ciclo natural de daño y regeneración muscular te permitirá entrenar con inteligencia, mejorar tu rendimiento y evitar lesiones. Así, cada sesión será un paso más hacia un cuerpo más fuerte, equilibrado y saludable.


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