¿Los cigarrillos y el vapeo suben el riesgo de angustia, ansiedad y depresión?

¿Los cigarrillos y el vapeo suben el riesgo de angustia, ansiedad y depresión?
Diversos estudios revelan que fumar y vapear no solo afecta los pulmones, sino también la salud mental


Durante décadas, los efectos negativos del tabaco sobre el sistema respiratorio y cardiovascular han sido ampliamente documentados. Sin embargo, en los últimos años, una creciente cantidad de investigaciones ha empezado a vincular el consumo de cigarrillos tradicionales y dispositivos de vapeo con trastornos como la ansiedad, la angustia emocional y la depresión.

Esta asociación preocupa especialmente porque muchos adolescentes y jóvenes adultos han adoptado el vapeo creyendo que es una alternativa más segura. Pero lejos de ser inocuo, este hábito podría estar deteriorando tanto el cuerpo como la mente.

Fumar y salud mental: una relación de doble vía

Estudios recientes, incluidos aquellos publicados por organismos como los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) y el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA), han señalado que fumar cigarrillos está fuertemente relacionado con un mayor riesgo de padecer depresión y ansiedad crónica.

Si bien tradicionalmente se creía que las personas con estos trastornos fumaban más para “calmarse”, nuevas evidencias apuntan a una dirección inversa o bidireccional: fumar puede desencadenar o agravar síntomas mentales preexistentes.

La nicotina, aunque tiene efectos iniciales de alivio temporal, genera una dependencia química que afecta los niveles de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, esenciales para mantener el equilibrio emocional.

El vapeo también impacta el estado de ánimo

El aumento de dispositivos como cigarrillos electrónicos, pods o sistemas de vapeo ha introducido una nueva forma de exposición a la nicotina y a otros compuestos químicos. Aunque muchos consideran que vapear es “menos dañino”, la evidencia sugiere que puede tener efectos psicológicos similares o incluso peores en ciertos usuarios.

Un estudio publicado en JAMA Network Open encontró que los adolescentes que vapean tienen más probabilidades de reportar síntomas de depresión y ataques de ansiedad que aquellos que no usan estos dispositivos.

Entre las causas potenciales se encuentran:

  • Altas dosis de nicotina en productos de vapeo.
  • Efectos secundarios neuroquímicos de aditivos como saborizantes o solventes.
  • Expectativas de placer que no se cumplen, generando frustración y dependencia emocional.

El círculo vicioso del alivio momentáneo

Muchas personas que enfrentan episodios de angustia o estrés encuentran en el cigarrillo o en el vapeo un alivio momentáneo, similar al que ofrecen otras sustancias adictivas. Sin embargo, ese efecto es engañoso. Tras unos minutos de aparente calma, los niveles de ansiedad pueden rebotar con mayor intensidad, generando un círculo vicioso de dependencia emocional y química.

Además, cuando el cuerpo se habitúa a la nicotina, necesita dosis más altas para obtener el mismo “efecto calmante”, lo que puede derivar en un consumo excesivo y una tolerancia peligrosa para la salud.

¿Hay diferencias entre hombres y mujeres?

Algunos estudios han revelado que las mujeres podrían ser más susceptibles a los efectos emocionales del tabaco y del vapeo, en parte por factores hormonales y por cómo su sistema nervioso responde a la nicotina. También hay investigaciones que indican que los adolescentes, sin importar el sexo, tienen mayor vulnerabilidad psicológica ante estos productos, especialmente si los usan para gestionar el estrés escolar o social.

¿Es reversible el daño a la salud mental?

La buena noticia es que dejar de fumar o vapear puede mejorar significativamente la salud mental, incluso en personas que han lidiado con trastornos emocionales durante años. Un meta-análisis publicado en el BMJ concluyó que quienes abandonan el cigarrillo reportan menos ansiedad, menor estrés y mejor estado de ánimo, comparado con quienes continúan fumando.

Además, existen terapias específicas como:

  • Programas de cesación tabáquica con acompañamiento psicológico.
  • Sustitución de nicotina con parches o chicles.
  • Terapia cognitivo-conductual para reconstruir mecanismos de afrontamiento saludables.

El impacto va más allá de los pulmones

Fumar cigarrillos o usar vapeadores no es solo un problema de pulmones o adicción física. Es también una amenaza silenciosa para la salud emocional y mental, especialmente entre los jóvenes. La evidencia científica es cada vez más clara: el vínculo entre nicotina y trastornos psicológicos es real, profundo y preocupante.

Tomar conciencia de este efecto es un paso importante para dejar de normalizar conductas que, aunque socialmente aceptadas, pueden estar alimentando una epidemia de angustia silenciosa.


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