La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que ingiere, afectando su funcionamiento normal. Aunque muchas personas creen que basta con “sentir sed” para detectarla, lo cierto es que existen síntomas poco conocidos que pueden pasar desapercibidos, especialmente en niños y adultos mayores, quienes tienen una percepción de la sed más limitada o disminuida. Reconocer estos signos puede hacer la diferencia entre una corrección a tiempo y una emergencia médica.
Por qué la deshidratación puede ser más peligrosa en niños y adultos mayores
Tanto los niños pequeños como los adultos mayores tienen una menor reserva de agua corporal y, además, son más vulnerables a los cambios de temperatura o enfermedades que provocan vómito, fiebre o diarrea. En el caso de los mayores, el envejecimiento disminuye la sensación de sed, por lo que pueden pasar horas sin beber líquidos sin notarlo. En los niños, especialmente lactantes, los signos pueden ser sutiles y confundirse con otras afecciones.
Señales poco conocidas de deshidratación en niños
Además del llanto sin lágrimas o la fontanela hundida (en bebés), existen otros síntomas menos conocidos pero igualmente importantes:
- Irritabilidad repentina o somnolencia inusual: Un niño muy inquieto o, por el contrario, excesivamente tranquilo, puede estar experimentando un desequilibrio de líquidos.
- Disminución en la frecuencia de orina: Si pasa más de 6 horas sin mojar el pañal, es motivo de alerta.
- Labios pegajosos y saliva espesa: El cuerpo está conservando líquido, y esto cambia la consistencia de las secreciones.
- Color oscuro en la orina: Aunque no siempre se detecta fácilmente, es un indicador temprano de deshidratación.
- Piel fría en extremidades: Las manos y pies fríos pueden indicar que el flujo sanguíneo está siendo redirigido hacia órganos vitales debido a una baja en el volumen de líquidos.
Señales poco conocidas de deshidratación en adultos mayores
Los adultos mayores pueden no manifestar sed aunque su cuerpo lo necesite, por eso es vital observar otras señales:
- Confusión leve o cambios de ánimo: Una alteración del estado de ánimo o desorientación puede ser un signo temprano de deshidratación cerebral.
- Calambres musculares inexplicables: La pérdida de electrolitos por falta de hidratación puede provocar espasmos en brazos o piernas.
- Piel menos elástica: Al pellizcar suavemente la piel del dorso de la mano, esta debería volver rápidamente a su lugar. Si no lo hace, puede indicar falta de hidratación.
- Dolores de cabeza frecuentes o mareos: Comunes en estados leves a moderados de deshidratación.
- Fatiga persistente: La falta de líquidos afecta la presión arterial y la oxigenación, lo que lleva a un cansancio no justificado.
Factores de riesgo que agravan la deshidratación
Ciertos factores aumentan el riesgo de deshidratación, como:
- Fiebres prolongadas o episodios de diarrea o vómito, especialmente si no se reponen líquidos de forma adecuada.
- Altas temperaturas, donde el sudor excesivo acelera la pérdida de agua.
- Medicamentos diuréticos o laxantes, que pueden provocar pérdida de líquidos sin que el paciente lo note.
- Problemas de movilidad, que dificultan el acceso al agua o la autonomía para servirse.
Cómo prevenir la deshidratación en personas vulnerables
- Establece horarios para beber agua, incluso si no hay sensación de sed.
- Ofréceles líquidos variados: infusiones suaves, caldos, agua de frutas naturales sin azúcar.
- Presta atención a síntomas sutiles y consulta con un profesional ante cambios de comportamiento o alerta.
- En niños, mantén un control constante durante enfermedades o en días de mucho calor.
- En adultos mayores, verifica que el agua esté al alcance, en vasos ligeros o con popotes si lo requieren.
Cuándo acudir al médico
Debes buscar atención médica inmediata si hay:
- Fiebre alta persistente
- Vómitos o diarrea que no se detienen
- Pérdida de conciencia, letargo o confusión grave
- Orina muy oscura o ausente por más de 8 horas
- Signos de deshidratación moderada o severa que no mejoran con líquidos orales
La deshidratación puede presentarse de forma silenciosa pero peligrosa, sobre todo en niños y adultos mayores. Detectar a tiempo sus síntomas menos evidentes es clave para actuar con rapidez y evitar complicaciones. Hidratarse no es solo una cuestión de beber agua cuando se tiene sed, sino de hacerlo de forma constante, consciente y preventiva.
¿Tienes cerca a personas vulnerables? Una simple observación diaria puede marcar la diferencia en su bienestar.


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