“Pensé que tenía TDAH y todas mis redes estaban toteadas de eso”. Este testimonio refleja una tendencia creciente: el autodiagnóstico de salud mental impulsado por TikTok. Aunque desestigmatiza, esta práctica conlleva serios riesgos, desde la desinformación hasta la patologización de emociones normales
“Yo me empecé a dar cuenta que tenía ansiedad porque la gente empezó a hablar en redes. Hacían listas de síntomas, chistes… Y yo dije, a mí me cuadra esta vaina. Pensé que tenía TDAH y todas mis redes estaban toteadas de eso”. El testimonio de Sandor Bernal, un joven de Colombia, encapsula un fenómeno que está definiendo la relación de la Generación Z con la salud mental: el autodiagnóstico a través de las redes sociales.
Plataformas como TikTok se han convertido en un hervidero de contenido sobre bienestar psicológico, pero lo que comienza como una búsqueda de respuestas puede convertirse en una peligrosa trampa.
Un fenómeno de billones de vistas: las cifras del autodiagnóstico
La magnitud de esta tendencia es abrumadora. En 2021, el hashtag #TDAH acumuló 2,700 millones de visualizaciones en TikTok, mientras que #depresion y #ansiedad registran cifras aún mayores. Los médicos y psicólogos han reportado un aumento significativo en las consultas de jóvenes y adolescentes que llegan convencidos de tener un trastorno específico porque se han identificado con un video viral.
El poder del algoritmo y la experiencia personal: ¿cómo funciona la trampa?
El atractivo de este contenido se basa en dos pilares fundamentales que se retroalimentan:
- La experiencia personal: Los videos más influyentes no son los clínicos o académicos, sino aquellos en los que un creador comparte su historia personal. Relatan su lucha, describen sus síntomas de una manera coloquial y explican cómo un «diagnóstico» les trajo una epifanía de autocomprensión. Esta narrativa es extremadamente poderosa porque genera un sentimiento de conexión y validación en quien la ve.
- La cámara de eco del algoritmo: Una vez que un usuario interactúa con uno de estos videos (le da «me gusta», lo comenta o lo ve varias veces), el algoritmo de TikTok interpreta su interés y comienza a saturar su feed con contenido similar. El usuario queda atrapado en una burbuja informativa que refuerza constantemente su creencia inicial, haciéndole sentir que «todo encaja».
El riesgo oculto: cuando la “conciencia” se convierte en “patologización”
Si bien es innegable que esta tendencia ha ayudado a desestigmatizar los problemas de salud mental y a normalizar la conversación sobre ellos, también tiene un lado oscuro: la patologización de emociones y dificultades normales.
Como afirma el psicólogo Rafael San Román, “los trastornos de salud mental y los síntomas que se usan para describirlos a menudo son cosas que a todo el mundo le pasan, pero llevadas al extremo por su intensidad, duración o frecuencia”. El peligro de TikTok es que se pierde este matiz. La distracción se convierte en TDAH, la tristeza en depresión y los nervios en un trastorno de ansiedad.
Este etiquetado puede llevar a una pérdida de resiliencia. En lugar de desarrollar herramientas para afrontar las dificultades cotidianas, la persona adopta una identidad de “enfermo”, lo que puede generar una sensación de no tener poder sobre su propia vida, un fenómeno que los psicólogos llaman “locus de control externo”.
“Con una mayor concienciación sobre los problemas de salud mental se corre el riesgo de fomentar el autodiagnóstico y la patologización de emociones banales”. – Conclusión de estudios recientes sobre el tema.
La búsqueda de un diagnóstico: una necesidad no cubierta
Es importante entender que este fenómeno no surge de la nada. La Generación Z es la más abierta a hablar de salud mental y a buscar ayuda. Sin embargo, en muchos países de Latinoamérica, el acceso a servicios de salud mental es limitado y costoso. El autodiagnóstico en redes sociales emerge, en parte, como un intento de dar sentido a un malestar real ante la falta de recursos profesionales accesibles.
El diagnóstico real vs. la etiqueta de TikTok: el camino correcto
Identificarse con los síntomas de otra persona puede ser un primer paso válido para reconocer que algo no va bien. Sin embargo, un diagnóstico clínico es un proceso complejo que solo un profesional cualificado puede realizar, descartando otras posibles causas y evaluando la intensidad y el impacto real de los síntomas en la vida de la persona.
