En una pequeña casa de Nueva Jersey, Ana —madre primeriza— notaba algo extraño: su bebé no conciliaba el sueño tras algunas tomas nocturnas de leche extraída. Lo que parecía un detalle sin importancia se ha convertido en una revelación científica. Un estudio publicado en Frontiers in Nutrition confirma que la leche materna cambia su composición hormonal a lo largo del día y que esto influye directamente en el descanso de los bebés.
Un alimento dinámico y lleno de señales
La investigación, liderada por Melissa Woortman y María Gloria Domínguez-Bello de la Universidad de Rutgers, analizó muestras de leche materna de 21 mujeres en distintos horarios: mañana, tarde y medianoche.
Los resultados revelaron que las hormonas presentes en la leche, como melatonina y cortisol, siguen los ritmos circadianos naturales de la madre. La melatonina alcanza su punto máximo en la noche, favoreciendo el sueño, mientras que el cortisol es más alto en la mañana, ayudando al despertar y la energía.
¿Qué significa para las madres lactantes?
Para las madres ocupadas que almacenan leche en biberones, esto implica que dar leche extraída en la mañana durante la noche podría alterar los patrones de sueño de su bebé. Los expertos sugieren etiquetar la leche como “mañana”, “tarde” o “noche” para alinear el momento de extracción con el de la alimentación.
Beneficios más allá del descanso
La leche materna es considerada un “súper alimento” para los bebés, repleto de nutrientes, vitaminas y compuestos que fortalecen el sistema inmunológico y el aparato digestivo. Elementos como la inmunoglobulina A y la lactoferrina se mantienen estables durante todo el día, protegiendo al bebé frente a infecciones y favoreciendo su desarrollo.
Lo novedoso del estudio es que ahora sabemos que la leche no solo alimenta, sino que también transmite información biológica que ayuda al bebé a regular su propio reloj interno.
Implicaciones para la vida moderna
En un mundo donde muchas madres trabajan fuera de casa, la lactancia con leche extraída se ha convertido en una práctica común. Sin embargo, este hallazgo sugiere que un simple cambio en la organización —etiquetar los biberones según la hora de extracción— podría mejorar el descanso y desarrollo de los bebés.
Como explica Woortman: “No siempre es posible que las madres estén con sus hijos todo el día, pero alinear la alimentación con el momento de extracción es una medida simple y práctica”.
Un paso hacia la lactancia personalizada
La ciencia demuestra, una vez más, que la lactancia materna es más que nutrición. Es comunicación biológica, inmunológica y ahora también circadiana. Las madres no solo alimentan, sino que marcan el ritmo del sueño y la vigilia de sus bebés.
Este descubrimiento abre la puerta a una nueva forma de lactancia personalizada, donde cada gota de leche conserva el poder de sincronizar el cuerpo y el descanso de los más pequeños.


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