Clara tenía 29 años cuando comenzó a notar algo extraño. No podía concentrarse como antes, se sentía agotada sin razón y, algunas noches, despertaba con mareos inexplicables. “Solo es estrés”, pensó. Su médico general coincidía. Pero 14 años después, un diagnóstico le cambió la vida: esclerosis múltiple.
Un reciente estudio canadiense, liderado por la Universidad de Columbia Británica, confirma que lo que vivió Clara no fue una excepción. Según los investigadores, las señales de EM pueden aparecer hasta 15 años antes de los síntomas clásicos. Esto no solo cambia el paradigma clínico, sino que abre la posibilidad de detectar e intervenir antes.
Una enfermedad silenciosa que comienza mucho antes de lo previsto
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune que daña la mielina, la capa protectora de los nervios, afectando la comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Tradicionalmente, se diagnostica cuando aparecen síntomas visibles como pérdida de equilibrio, visión borrosa o problemas motores.
Pero este nuevo estudio, publicado en JAMA Network Open, revela un patrón prolongado de visitas médicas por síntomas generales como fatiga, ansiedad, dolor y mareos, más de una década antes del diagnóstico.
Las etapas ocultas de la EM: ¿qué pasa debajo de la superficie?
Helen Tremlett, autora principal del estudio, afirma que la EM posee una fase prodrómica —una etapa previa a la manifestación clínica— que puede durar más de 10 años. Esta fase incluye visitas frecuentes al médico por síntomas que suelen atribuirse a otras condiciones.
Según el análisis de más de 12.000 registros médicos:
- 15 años antes: incremento en consultas por fatiga, dolor y problemas de salud mental.
- 12 años antes: aumentan las visitas a psiquiatras.
- 9 años antes: más citas con neurólogos y oftalmólogos.
- 3 a 5 años antes: suben las visitas a emergencias y radiología.
- 1 año antes del diagnóstico: pico de visitas a múltiples especialidades.
Detectar no es diagnosticar, pero puede cambiar vidas
Es importante aclarar que estos síntomas no significan que alguien desarrollará EM. Muchos podrían estar relacionados con otras enfermedades. Sin embargo, detectar patrones en conjunto puede ayudar a monitorizar casos con mayor riesgo.
Marta Ruiz-Algueró, coautora del estudio, subraya que la salud mental —ansiedad, depresión— podría ser uno de los primeros indicadores. “Aún estamos descifrando las piezas del rompecabezas”, afirma.
Nuevas oportunidades para la detección temprana
Este descubrimiento impulsa el desarrollo de:
- biomarcadores tempranos para estudios genéticos o de sangre,
- estrategias de seguimiento clínico personalizado,
- análisis del estilo de vida como posible factor contribuyente.
La fase prodrómica, hasta ahora ignorada, podría ser clave para frenar la progresión de esta enfermedad que afecta a más de 2,8 millones de personas en el mundo.


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