María tiene 73 años, vive sola y solía olvidar nombres y tareas simples. Tras una revisión médica, decidió hacer cambios. No buscó pastillas milagrosas ni costosos tratamientos. Se apoyó en lo que tenía a mano: caminatas diarias, verduras frescas, crucigramas y llamadas frecuentes con sus amigas. Dos años después, su mente está más despierta que nunca.
Lo que hizo María coincide con los hallazgos del estudio US POINTER, publicado por la revista JAMA y avalado por la Asociación de Alzheimer. Esta investigación a gran escala sugiere que es posible preservar la memoria y mantener la agilidad mental en la vejez sin medicamentos, simplemente con cuatro hábitos fundamentales.
Ejercicio físico regular: clave para el cerebro activo
El estudio encontró que realizar al menos 30 minutos de actividad aeróbica moderada cuatro veces por semana, complementado con ejercicios de fuerza y flexibilidad, ayuda a mejorar la función ejecutiva del cerebro: planificación, toma de decisiones y multitarea.
El grupo más activo mostró avances más rápidos, pero incluso quienes solo recibieron sugerencias para moverse vieron mejoras.
Dieta MIND: el poder de lo que comemos
La alimentación también fue fundamental. La dieta MIND, una fusión entre la mediterránea y la DASH, favorece la salud cognitiva gracias a alimentos como:
- Verduras de hoja verde
- Frutas del bosque
- Nueces y cereales integrales
- Aceite de oliva y pescado
- Reducción de azúcares y grasas saturadas
María cambió el pan blanco por avena, y la mantequilla por aceite de oliva. Son pequeños pasos con grandes beneficios.
Estimulación mental: entrenar el cerebro es posible
Resolver sudokus, aprender un idioma o usar apps de entrenamiento cerebral al menos tres veces por semana puede tener un impacto profundo. En el estudio, los participantes que dedicaban 30 minutos a la semana a retos mentales mostraron mejoras en velocidad de procesamiento y memoria episódica.
Vida social activa y chequeos médicos periódicos
La salud cerebral también depende del bienestar emocional y físico. Socializar reduce el riesgo de deterioro cognitivo. María se unió a un grupo de lectura virtual y comenzó a visitar a sus nietos más seguido. También controla su presión arterial y glucosa con regularidad.
Resultados que inspiran
Ambos grupos del estudio —intensivo y autoguiado— mejoraron su salud cognitiva. Quienes comenzaron con bajo rendimiento obtuvieron los mayores beneficios, lo que demuestra que nunca es tarde para empezar.
Ni el sexo, la edad, ni la genética (como el gen APOE ε4) impidieron las mejoras, lo que sugiere que el estilo de vida puede modificar el destino del cerebro.
Limitaciones del estudio, pero un mensaje claro
Aunque el estudio se enfocó en una población específica y no garantiza la prevención total de demencia, refuerza una idea poderosa: los hábitos diarios sí importan.


TE PODRÍA INTERESAR