En el año 2000, beber en exceso parecía un hábito que, aunque peligroso, afectaba a pocos. Hoy, más de dos décadas después, el daño hepático causado por el alcohol se ha duplicado en Estados Unidos. Y lo alarmante es que la cantidad promedio de alcohol consumido no ha cambiado. ¿Qué está pasando entonces?
Un reciente estudio publicado en Clinical Gastroenterology and Hepatology responde esta pregunta y lanza una advertencia urgente: el daño hepático por alcohol no es solo cuestión de cuánto se bebe, sino de quién lo bebe y en qué condiciones.
¿Qué reveló el estudio sobre el hígado y el alcohol?
El equipo liderado por el Dr. Brian Lee, hepatólogo en la Universidad del Sur de California, analizó datos de más de 44,600 personas entre 1999 y 2020. Aunque el promedio de consumo no se disparó, la proporción de quienes desarrollaron cicatrices graves en el hígado sí lo hizo: del 1.5% en los años 2000 a más del 4% entre 2013 y 2020.
¿Quiénes están en mayor riesgo?
Los investigadores detectaron que el consumo excesivo de alcohol está creciendo justo entre los grupos más vulnerables a sufrir daño hepático:
- Mujeres
- Personas mayores de 45 años
- Personas con bajos ingresos
- Pacientes con síndrome metabólico
Este último incluye obesidad abdominal, hipertensión, glucosa elevada, altos triglicéridos y bajo colesterol HDL (el “bueno”). La combinación con el alcohol puede ser letal para el hígado.
¿Qué se considera “consumo excesivo de alcohol”?
Según el estudio:
- Mujeres: 8 bebidas o más por semana
- Hombres: 15 bebidas o más por semana
Este nivel de consumo aumenta significativamente el riesgo de cicatrización hepática, incluso si se mantiene constante con los años.
¿Por qué ahora hay más daño con el mismo consumo?
Los expertos explican que la composición demográfica de los grandes bebedores ha cambiado. Antes, los consumidores excesivos eran jóvenes y relativamente saludables. Hoy, más personas con comorbilidades beben igual… y su hígado sufre mucho más.
Además, el síndrome metabólico ha crecido un 40% en consumidores de alcohol, lo que agrava aún más el daño hepático.
Más allá del consumo, importa el contexto
Este estudio es un llamado de atención para médicos, instituciones y pacientes. No basta con controlar la cantidad de alcohol; hay que considerar el estado metabólico, la edad, el género y el entorno social.
La prevención y la intervención temprana pueden hacer la diferencia entre una vida saludable… o un trasplante de hígado.


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