Cada 14 de febrero, el Día del Amor y la Amistad suele estar acompañado de imágenes de parejas, flores, cenas románticas y celebraciones centradas en el noviazgo. Sin embargo, no todas las personas viven o experimentan el amor de la misma manera. En este sentido surge el concepto de arromance, una orientación afectiva que cuestiona la idea de que el romance es una experiencia universal o necesaria para una vida plena.
¿Qué es el arromance?
Desde la psicología y los estudios sobre diversidad afectiva, el término arromance se refiere a las personas que no sienten atracción romántica o la experimentan de forma muy limitada o poco frecuente. Esto no implica ausencia de emociones, afecto o capacidad de crear vínculos profundos. Simplemente significa que el romance, entendido como enamoramiento, citas o deseo de una relación de pareja romántica, no ocupa un lugar central en su vida emocional.
Las personas arrománticas pueden construir relaciones significativas de muchas formas. La amistad profunda, los lazos familiares, las relaciones de cuidado mutuo o los proyectos compartidos pueden ser igual de importantes y satisfactorios que una relación de pareja tradicional. Para ellas, el bienestar emocional no depende del romance.
Un punto importante que subraya la psicología es que la orientación romántica y la orientación sexual no siempre coinciden. Una persona arromántica puede sentir atracción sexual o no sentirla en absoluto. Existen personas heterosexuales, lesbianas, gays o bisexuales que se identifican como arrománticas en el plano afectivo. Esto rompe con la idea de que el deseo sexual y el romance necesariamente van de la mano.
El arromance como un espectro
El arromance no es una experiencia única ni rígida. Se trata de un espectro amplio y diverso. Algunas personas no experimentan atracción romántica en ningún momento, mientras que otras la sienten solo en circunstancias muy específicas o de manera poco frecuente. Términos como grisrromántico o demirromántico ayudan a describir estas vivencias intermedias, donde el vínculo emocional profundo puede ser un requisito previo para que aparezca algún tipo de atracción romántica.
En una sociedad donde el amor romántico suele presentarse como una meta obligatoria reforzada por el cine, la música, las redes sociales y la publicidad, las personas arrománticas pueden enfrentar incomprensión o presión social. Comentarios como “ya llegará la persona indicada” o “todos necesitamos una pareja” invisibilizan otras formas válidas de relacionarse y pueden generar sentimientos de exclusión.
Desde la psicología, se señala que estos discursos refuerzan la idea de que hay una única manera correcta de amar, cuando en realidad las experiencias afectivas humanas son diversas y cambiantes.

Amar más allá del romance
Hablar del arromance en fechas como el Día del Amor y la Amistad permite ampliar la conversación sobre qué entendemos por amor. El afecto también se manifiesta en la amistad, el autocuidado, la solidaridad, la comunidad y los vínculos elegidos. Reconocer estas formas de conexión ayuda a que más personas se sientan representadas y validadas.
Ser arromántico no significa frialdad emocional, incapacidad de amar o rechazo a los vínculos. Significa, simplemente, que el romance no define ni condiciona la vida afectiva de una persona. Visibilizar esta orientación contribuye a derribar estigmas y a construir una sociedad más empática y respetuosa con la diversidad emocional.
En el marco del 14 de febrero, el arromance invita a recordar que no existe una sola forma de vivir el amor. Celebrar la diversidad afectiva también es una manera de promover relaciones más libres, honestas y conscientes, donde cada persona pueda elegir cómo y con quién compartir su vida.


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