Cómo cocinar frijoles y que no inflamen, según la ciencia

El truco tradicional y científico para cocinar frijoles sin inflamación ni gases. Solo necesitas un ingrediente para mejorar su digestión.

Cómo cocinar frijoles y que no inflamen, según la ciencia

Los frijoles son uno de los alimentos más representativos de la cocina mexicana. Sin embargo, su fama de provocar inflamación abdominal y gases ha llevado a muchos a reducir su consumo. La buena noticia es que existen técnicas tradicionales, hoy respaldadas por estudios científicos, que permiten disfrutarlos sin incomodidad digestiva.

¿Por qué los frijoles provocan inflamación intestinal?

Especialistas en química de alimentos explican que los frijoles contienen oligosacáridos, azúcares complejos como la rafinosa y la estaquiosa, que el cuerpo humano no logra digerir por completo en el intestino delgado. Al llegar al intestino grueso, estos compuestos son fermentados por bacterias, lo que genera gases y sensación de hinchazón.

Investigaciones realizadas por instituciones académicas han confirmado que ciertos métodos de preparación reducen significativamente estos compuestos sin afectar el valor nutricional del alimento.

El ingrediente secreto que reduce los gases al cocinar frijoles

Uno de los trucos más efectivos consiste en agregar bicarbonato de sodio al agua de remojo. De acuerdo con estudios sobre el procesamiento de leguminosas, el bicarbonato alcaliniza el agua y facilita la liberación de los oligosacáridos antes de la cocción. Nutriólogos y especialistas en alimentos señalan que, tras el remojo, es indispensable desechar el agua y enjuagar bien los frijoles para evitar sabores residuales y conservar minerales esenciales como el hierro.

Este método, además de disminuir la inflamación, permite que los frijoles se ablanden más rápido y mejora su digestibilidad, lo que lo convierte en una práctica eficiente y segura cuando se utiliza en cantidades moderadas.

El truco tradicional y científico para cocinar frijoles sin inflamación ni gases.
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¿El epazote ayuda a que sean más digeribles?

La sabiduría culinaria mexicana ha incorporado el epazote en la cocción durante generaciones. Estudios sobre gastronomía tradicional y química de alimentos confirman que esta hierba tiene propiedades carminativas, es decir, ayuda a reducir la formación de gases en el tracto digestivo.

Investigaciones indican que el epazote y el laurel contribuyen a disminuir factores antinutricionales y favorecen la digestión, especialmente en cocciones en olla de presión o cuando el remojo ha sido corto.

Además de sus beneficios digestivos, el epazote aporta un aroma y sabor característicos que refuerzan la identidad de los platillos tradicionales mexicanos.

Expertos en nutrición coinciden en que una correcta preparación permite conservar la proteína vegetal, la fibra, el potasio y el hierro presentes en los frijoles. Aplicar técnicas como el remojo adecuado, el cambio de agua, el uso de bicarbonato o hierbas tradicionales y una cocción cuidadosa ayuda a integrar este alimento de forma regular en la dieta sin generar malestar intestinal.

El truco tradicional y científico para cocinarlos sin inflamación ni gases.

Frijoles refritos tradicionales hechos en casa

Preparar frijoles refritos desde cero no solo mejora el sabor, sino que permite controlar la textura, la cantidad de grasa y la calidad de los ingredientes. El resultado suele ser superior a las versiones enlatadas y conserva el carácter auténtico de la cocina mexicana.

Ingredientes:

  • 2 tazas de frijoles crudos
  • 2 litros de agua
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 2 hojas de laurel
  • Sal al gusto
  • 1/2 taza de leche
  • Aceite vegetal

Tras cocer los frijoles previamente remojados con cebolla, ajo y laurel, se sofríe cebolla picada en aceite hasta que suelte su sabor. En ese aceite se machacan los frijoles y se incorpora la leche poco a poco hasta obtener una textura cremosa, ajustando según el platillo final.

Disfrutar frijoles sin temor a la inflamación es posible gracias a estos trucos ancestrales, hoy respaldados por la ciencia. Recuperar estas prácticas permite volver a colocar este alimento esencial en el centro de la mesa diaria.

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