El Museo Reina Sofía de Madrid fue escenario de una protesta cargada de simbolismo. Frente al Guernica, la emblemática obra de Pablo Picasso que denuncia los horrores de la guerra, activistas de la plataforma Marea Palestina se sentaron con carteles que exigían: “Stop genocidio”.
La acción coincidió con el desfile militar del 12 de octubre —Día de la Hispanidad—, un contexto que potenció el mensaje de repudio a la violencia y al silencio internacional frente a los ataques contra Gaza. Durante varios minutos, los manifestantes permanecieron inmóviles, en un gesto de resistencia pacífica que obligó a desalojar temporalmente la sala más visitada del museo.
Del bombardeo de Guernica a Gaza: la historia se repite
En un comunicado posterior, los organizadores recordaron el paralelismo entre el bombardeo de Guernica en 1937, durante la Guerra Civil española, y los ataques que sufre Gaza en 2025. Ambos, dijeron, representan “crímenes de guerra contra poblaciones civiles”.
“La aviación nazi arrasó Guernica bajo las órdenes de Franco; hoy el ejército israelí bombardea Gaza con el apoyo y la indiferencia de las potencias occidentales”, señala el documento.
Con este acto, los manifestantes buscaron vincular el poder del arte con la memoria histórica y la denuncia política.
“No hay paz sin justicia”: la consigna que retumbó frente al Guernica
Aunque el reciente acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamas ha sido recibido con esperanza, los activistas lo consideran un “espejismo de paz”. Denuncian que la devastación en Gaza, la escasez de alimentos y el bloqueo a la ayuda humanitaria persisten.
“El genocidio no se ha detenido —afirman—. La hambruna inducida continúa, Gaza está destruida y los responsables siguen impunes”.
Desde Marea Palestina exigieron un embargo de armas permanente, la apertura de corredores humanitarios y la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel hasta que haya justicia para las víctimas.
El Guernica, símbolo de resistencia
El Guernica no solo retrata el horror de una guerra pasada; es, para muchos, un grito atemporal contra la barbarie. Por eso, los activistas eligieron esa pintura como escenario: para recordar que el arte puede ser un acto político y de memoria.
“Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”, corearon al final de la manifestación, mientras el eco de sus voces se mezclaba con los trazos en blanco y negro del mural.Horas después, el museo reabrió con normalidad, pero la imagen quedó grabada: el Guernica volvió a ser testigo del dolor y la resistencia de los pueblos.


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