Seguramente todos, y en especial todas, hemos escuchado sobre el cáncer cervicouterino, una enfermedad que afecta significativamente a las mujeres. Este cáncer es muy invasivo porque afecta varias partes reproductivas de la mujer: cuello uterino (cérvix), vagina y vulva. Se sabe que su presencia es causa de la presencia del virus del papiloma humano, mejor conocido como VPH.
Las mujeres que habitan en países de África Subsahariana, Asia Sudoriental y América Central son quienes tienden a presentar mayores casos a nivel mundial.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2022 se registraron alrededor de 600 mil nuevos casos de cáncer cervicouterino, y el 94% de muertes por causa de este cáncer se presentó en países con mediano y bajo ingreso. Para el caso específicamente de México, se sabe que esta enfermedad representa la segunda causa de muerte de cáncer en las mujeres.
Según el Sistema de Información de Cáncer de la Mujer (SICAM), en el 2023 se calculó una tasa de mortalidad nacional de 11.2 muertes por cada 100,000 mujeres mayores de 25 años, siendo Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Veracruz y Yucatán las entidades federativas con las tasas superiores.
En 2024 se registraron 4,646 defunciones, siendo las víctimas mujeres mayores de 35 años, quienes representaron el 93% de los casos. Ya para el 2025, se presentaron 4,645 nuevos casos de cáncer cervicouterino, esto es 89.33 casos semanales.
Recordando que el principal causante de la presencia del cáncer cervicouterino es el VPH, veamos cómo estamos sobre la presencia de este virus en México. Con base a datos oficiales, se sabe que en 2024 se reportó un alza del 30% de los casos de VPH en comparación con 2023, las tres entidades más representativas fueron Jalisco, Ciudad de México y Chiapas. Con esos datos se estima que 8 de 10 personas se contagian de VPH en México, lo cual es muy grave. Ahora bien, es importante mencionar que las cifras oficiales son solo de aquellas mujeres que se les detectó el virus por haber acudido al servicio ginecológico tal vez por otra afección ajena al virus.
De acuerdo con información del Instituto Nacional de Salud Pública, la incidencia en la realización de la prueba de tamizaje es bajo, reportando que en 2023 solo el 31.5% de las mujeres en edad reproductiva se realizó la prueba para la detección del VPH.
El no acudir al servicio médico para una detección temprana del VPH está relacionada, entre otros argumentos, con la percepción que tenemos los seres humanos en general sobre la presencia de cualquier enfermedad, es decir, comúnmente relacionamos la existencia de una enfermedad con la presencia de uno o varios síntomas que nos avisa de que algo no está bien en nuestro cuerpo, lo que nos lleva a buscar ayuda clínica, es decir, solamente acudimos al médico cuando existe una alerta corporal.
Para las personas con VPH, que no presentan síntomas, es raro que acudan específicamente a consulta para saber si tienen o no el virus, lo que aporta en la propagación rápida del mismo.
La importancia de una cultura de cuidado con base en acciones de preventivas para el contagio del VPH, como el uso del condón, o para el caso de las mujeres realizarse el papanicolaou o prueba de ADN del VPH, abonaría en evitar muertes por causa de la presencia del cáncer cervicouterino.
Vulnerabilidades y desigualdades
La existencia del cáncer cervicouterino nuevamente nos recuerda la injusticia de género, pues son las mujeres con mayor desigualdad social y económica quienes presentan las probabilidades más altas de contraer una afección reproductiva. La OMS menciona que el determinante económico reflejado en la pobreza define brechas en la asistencia a los servicios de salud, por ejemplo, está el poco acceso a la vacunación del VPH o en caso de la presencia del virus no contar con un tratamiento a tiempo y adecuado. Igualmente, en este marco de desigualdades, está la condición desfavorable de salud de las mujeres, como son aquellas con VIH, quien tienen seis veces mayor probabilidad de presentar cáncer cervicouterino.
Por otro lado, el estigma social, que sin duda refleja la desinformación de la gente, juega un papel fundamental en colocar a las personas en estado vulnerable. Se sabe que el estigma social ante la presencia de cualquier Infección de Transmisión Sexual (ITS) etiqueta a las personas como promiscuas, causando en ellas vergüenza e inseguridad.
Pensemos en el caso de una mujer que se le ha diagnosticado cáncer cervicouterino, el cual, como ya lo hemos comentado, está relacionado con la presencia de VPH. Ella no solo debe de sobrellevar el diagnóstico, los tratamientos, las vistas al médico, etcétera, sino también tiene que vivir con el señalamiento de las personas, provocando inestabilidad emocional y reflejándose en ansiedad o en depresión.
Tanto el impacto emocional como el estigma social, llevan a las mujeres con cáncer cervicouterino a aislarse de la familia y la comunidad. Para evitar esto, primeramente como sociedad deberíamos informarnos adecuadamente sobre las ITS; además, se requiere que a temprana edad se comience a promover la prevención de una salud sexual con perspectiva de género.
Y por último, es conveniente que se continúe con la campaña nacional de vacunación para prevenir el VPH a temprana edad; ojalá que la Secretaría de Salud realmente cumpla con su compromiso de que, para este año 2026, se proteja a 2.5 millones de infantas y adolescentes con la vacuna.
FB: @mayra.chavezcourtois


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