
Seis amigos, unidos por tres décadas de amistad, levantaron su propia aldea con casas ecológicas para compartir su vejez. ¿La clave? Solidaridad, naturaleza y un pacto de nunca separarse.
En un rincón escondido de Oaxaca, México, un grupo de seis amigos —Pedro, Luisa, Javier, Ana, Carlos y Rosa— ha reescrito el guion de lo que significa envejecer. Tras 30 años de amistad, decidieron que la jubilación no sería sinónimo de soledad, sino de comunidad, sostenibilidad y risas compartidas. Así nació «La Aldea de los Abrazos», un proyecto único en Latinoamérica.
¿Cómo surgió la idea?
Todo comenzó en 2020, durante una cena donde coincidieron en dos miedos:
- La soledad en la tercera edad.
- El impacto ambiental de las ciudades.
«No queremos depender de residencias ni de hijos. Queremos cuidarnos entre nosotros, como siempre lo hemos hecho» — Luisa, 62 años, educadora jubilada.
Así es la aldea sostenible
- Casas de adobe y madera: Cada vivienda tiene 60 m², paneles solares y sistema de captación de lluvia.
- Espacios comunes: Huerto orgánico, taller de artesanías y un salón para cine al aire libre.
- Ubicación estratégica: A 15 minutos de un pueblo médico, pero rodeado de bosque.
El modelo que inspira
Expertos en gerontología y arquitectura sostenible ya estudian el caso:
- Ventajas: Reducción del estrés, menor costo de vida y soporte emocional continuo.
- Desafíos: Legislación sobre propiedad comunal y acceso a servicios.
«Es un ejemplo de envejecimiento activo. La socialización retrasa demencia y depresión» — Dr. Omar González, geriatra.
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