Por instrucción directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, un contingente de 1,600 elementos federales, incluyendo 1,200 soldados del Ejército, ha sido desplegado en Sinaloa para contener la violencia y la actividad del crimen organizado en la región.
En una de las primeras grandes demostraciones de fuerza de su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum ha ordenado un masivo despliegue de seguridad en el estado de Sinaloa, el corazón histórico del cártel más poderoso de México. Este operativo no es una acción de rutina; es una contundente declaración política y estratégica dirigida a las organizaciones criminales, señalando un posible endurecimiento en la política de seguridad nacional.
El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, anunció personalmente el despliegue a través de sus redes sociales. Confirmó que, por instrucción presidencial, él y el Secretario de la Defensa Nacional, General Ricardo Trevilla, se trasladaron a Sinaloa para coordinar el refuerzo de 1,200 efectivos del Ejército Mexicano y 400 elementos adicionales de la SSPC.
El objetivo declarado es «reforzar la seguridad» y «contener los delitos de alto impacto» en una entidad que ha sido epicentro de la violencia generada por la disputa de facciones del Cártel de Sinaloa, principalmente la conocida como «Los Chapitos».
Más que un operativo, un mensaje político
La forma en que se ha ejecutado este despliegue es tan importante como el despliegue mismo. La alta visibilidad, el anuncio público por parte de los más altos mandos de seguridad del país y la atribución directa a una orden de la Presidenta, transforman esta operación militar en un acto de teatro político.
El mensaje es inequívoco y su principal destinatario no es la ciudadanía, sino las propias estructuras criminales. La nueva administración está señalando que no tolerará desafíos abiertos a la autoridad del Estado y que está dispuesta a utilizar toda la fuerza federal para imponer el orden. Este enfoque podría marcar un contraste significativo con la estrategia de «abrazos, no balazos» del sexenio anterior.
«Por instrucción de la Presidenta @Claudiashein, con el General Ricardo Trevilla… nos trasladamos a Sinaloa con el objetivo de reforzar la presencia… El compromiso con Sinaloa.» – Omar García Harfuch, titular de la SSPC, en su cuenta de X.
¿Una ofensiva coordinada a nivel nacional?
El momento de este despliegue masivo es particularmente revelador. Ocurre poco después de la captura en Nuevo León de José «N», alias «El Rocka» o «La Rocka», identificado por las autoridades como un jefe de plaza y operador clave de «Los Chapitos» en el área metropolitana de Monterrey.
La proximidad de estos dos eventos sugiere que no son hechos aislados. Es una práctica común en las operaciones de seguridad que, tras la captura de un objetivo de alto valor, se lance un despliegue a gran escala para desarticular la red restante, prevenir actos de represalia y capitalizar la inteligencia obtenida.
Esto indica que el operativo en Sinaloa podría no ser solo una respuesta a la violencia local, sino parte de una ofensiva proactiva y coordinada a nivel nacional contra la estructura del Cártel de Sinaloa. El gobierno de Sheinbaum parece estar moviendo sus piezas en un tablero complejo, buscando golpear no solo el bastión del cártel, sino también sus redes operativas en otras partes del país. La efectividad de esta nueva estrategia será una de las claves para evaluar el rumbo de la seguridad en México durante los próximos seis años.


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