En un acto de desafío sin precedentes, pobladores del municipio de Tlatlaya, en el sur del Estado de México, mantienen retenidos a cerca de 60 elementos de fuerzas federales y estatales. Los habitantes de la comunidad de San Pedro Limón exigen el cese de la «Operación Liberación», un operativo contra el crimen organizado que, según denuncian, ha cometido irregularidades.
El sur del Estado de México es el escenario de una confrontación de alto riesgo que pone a prueba la autoridad del Estado. Desde la tarde del lunes, aproximadamente 60 agentes pertenecientes a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la Guardia Nacional y la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) se encuentran retenidos por habitantes de la comunidad de San Pedro Limón, en el municipio de Tlatlaya.
Los pobladores, visiblemente molestos, han bloqueado los caminos de entrada y salida de la comunidad, impidiendo el paso de los convoyes oficiales. La retención es una medida de presión para forzar al gobierno a detener la «Operación Liberación», una estrategia de seguridad lanzada para desmantelar las redes de extorsión y monopolio que grupos criminales ejercen sobre la economía local, particularmente en la venta de productos de la canasta básica y materiales de construcción.
¿Qué Exigen los Pobladores?
Los manifestantes acusan a los elementos que participan en el operativo de cometer presuntas irregularidades y abusos durante las inspecciones a ferreterías y casas de materiales en la región. Sostienen que la operación no está dirigida contra los «verdaderos delincuentes» y que, en cambio, está afectando a comerciantes y ciudadanos honestos.
La protesta no se ha limitado a Tlatlaya. A través de redes sociales, se ha reportado la instalación de bloqueos intermitentes en las principales vías de comunicación de otros municipios del sur de la entidad, como Valle de Bravo, Tejupilco y Temascaltepec, lo que sugiere una acción coordinada a nivel regional para oponerse a la estrategia de seguridad del gobierno.
«No estamos en contra de que se combata al crimen, estamos en contra de que se metan con la gente trabajadora. Que vayan por los que nos extorsionan, no por los que tenemos un negocio. Esta operación está mal enfocada», se lee en un mensaje difundido en grupos de la comunidad.
Un Escenario Complejo y Peligroso
La situación es extremadamente delicada por varias razones. Primero, por el desafío directo que representa para las fuerzas armadas y de seguridad, cuya retención por parte de civiles es un hecho grave. Segundo, por el contexto histórico de la región. Tlatlaya es un nombre marcado por la tragedia de 2014, cuando elementos del Ejército fueron acusados de ejecutar extrajudicialmente a 22 civiles, un evento que generó una condena nacional e internacional.
Esta historia previa obliga a las autoridades a actuar con extrema cautela para evitar una escalada de violencia. Un desenlace trágico no solo tendría un alto costo humano, sino también un impacto político devastador para los gobiernos estatal y federal.
La «Operación Liberación» se ha implementado en al menos 11 municipios del norte y sur del estado, y la resistencia en Tlatlaya podría ser un indicativo de los desafíos que enfrentará el gobierno para romper las profundas y complejas redes de poder que los grupos criminales han tejido en estas comunidades, donde la línea entre víctima y cómplice a veces se vuelve difusa por la coerción y la falta de alternativas.
Por el momento, se reporta que mandos de la Secretaría de Seguridad del Estado de México y de la Fiscalía buscan establecer una mesa de diálogo para negociar la liberación de los agentes. El desenlace de esta tensa jornada es incierto y mantendrá en vilo a toda la región.


TE PODRÍA INTERESAR