La nación está de luto por el brutal feminicidio de Margarita y sus tres hijas en Hermosillo. Los cuerpos de las niñas, de 9 y 11 años, fueron hallados abrazados. El principal sospechoso, pareja de la madre, ya fue detenido por este crimen que exhibe la crueldad extrema.
México se enfrenta a uno de los crímenes más atroces de su historia reciente. El asesinato de Margarita, una joven madre de 28 años, y sus tres pequeñas hijas —dos gemelas de 11 años y su hermana de 9— ha desatado una ola de dolor, indignación y un clamor unánime de justicia que resuena en todo el país.
El hallazgo de los cuerpos y los detalles del crimen han revelado una crueldad que ha dejado sin palabras incluso a quienes están acostumbrados a la violencia.
El hallazgo: Una familia aniquilada
La cronología del horror comenzó el viernes 4 de julio, cuando el cuerpo de Margarita fue encontrado en un tramo de la carretera 36, en la Comisaría Miguel Alemán de Hermosillo. Un día después, la tragedia alcanzó su punto más devastador. El sábado 5 de julio, en la misma carretera pero en el kilómetro 7, fueron localizados los cuerpos de sus tres hijas.
El detalle que ha quebrado a la sociedad es la forma en que fueron encontradas: las niñas estaban abrazadas entre sí, las dos mayores envolviendo con sus brazos a la más pequeña, en un último gesto de amor y protección frente al terror. Todas fueron asesinadas con armas de grueso calibre.
«En todos los años que tengo de búsqueda, nunca había visto tanta crueldad. Tres niñas hermanas ejecutadas… tratando de protegerse la más grande a la más pequeña.» – Mensaje del colectivo Buscadoras por la Paz.
Cuando el estado falla, los ciudadanos buscan
Un hecho que subraya la dimensión de la tragedia en México es que los cuerpos de las tres niñas no fueron localizados por las autoridades en primera instancia, sino por el colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora. Este grupo de madres y familiares, que dedican su vida a buscar a sus propios desaparecidos, se toparon con esta escena dantesca durante una de sus jornadas de búsqueda.
Su participación no es un dato menor; es un doloroso recordatorio de la realidad que viven miles de familias en el país, donde la sociedad civil a menudo debe realizar el trabajo forense y de investigación ante la ausencia o lentitud de la respuesta estatal.
El sospechoso: La violencia en casa y el vínculo criminal
La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) actuó con rapidez y anunció la detención del presunto responsable: Jesús Antonio “N”, quien mantenía una relación sentimental con Margarita, aunque no era el padre de las niñas.
La investigación ha revelado un nexo que podría explicar la extrema violencia del crimen. Según la fiscalía, el detenido se dedica a la distribución de drogas y está relacionado con un grupo criminal que opera en la capital sonorense. Extraoficialmente, se ha mencionado que podría ser integrante de «Los Salazar», una célula del Cártel de Sinaloa.
Esta conexión sugiere que el feminicidio se encuentra en la peligrosa intersección de la violencia de género y la brutalidad del crimen organizado. Reportes no confirmados indican que la madre fue torturada antes de morir, y que el asesinato de sus hijas pudo haber sido parte de ese acto de tortura.
Un grito nacional: Reacciones y exigencia de justicia
El caso ha escalado a nivel nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum condenó el crimen y reconoció la necesidad de revisar el aumento de la violencia intrafamiliar y contra la infancia. Por su parte, el padre biológico de las niñas, Carlos Tapia, ha clamado por la pena máxima para el asesino: «Si es posible la cadena perpetua», declaró entre lágrimas.
Mientras la sociedad mexicana procesa este acto de barbarie, la historia de Margarita y sus hijas se ha convertido en un doloroso estandarte en la lucha contra el feminicidio y la violencia, y en una exigencia impostergable de que la justicia, esta vez, no puede fallar.


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