Minero desaparecido en Sinaloa vuelve a encender las alertas tras confirmarse la localización sin vida del segundo ingeniero zacatecano que había sido privado de la libertad en el municipio de Concordia. Con esta identificación, el caso suma ya dos víctimas mortales entre el grupo de trabajadores mineros que permanecieron desaparecidos durante más de dos semanas, profundizando la preocupación por la violencia en la región.

Confirman identidad del segundo minero localizado en Concordia
La tarde de este domingo se confirmó que entre los restos hallados en fosas clandestinas de Concordia se encontraba el cuerpo de Ignacio Aurelio Salazar Flores, originario de Sombrerete, Zacatecas. La noticia comenzó a circular en redes sociales mediante mensajes de condolencias, y posteriormente fue respaldada por autoridades de la Fiscalía de Zacatecas, quienes informaron que la familia ya realizó el reconocimiento oficial.
Horas antes, durante la mañana, se había dado a conocer la identificación de José Ángel Hernández Vélez, el primer ingeniero localizado sin vida. Ambos formaban parte del grupo de diez trabajadores mineros que fueron privados de su libertad el pasado 23 de enero y cuyo paradero permaneció desconocido durante 16 días.
La doble confirmación marca un punto crítico en el caso y coloca nuevamente en el centro del debate la inseguridad que enfrentan trabajadores del sector minero en distintas zonas del país.
Privación de la libertad y desaparición que conmocionó a Zacatecas
Los dos ingenieros eran originarios de Zacatecas y se encontraban laborando en Sinaloa cuando fueron interceptados junto con otros compañeros. Desde entonces, familiares iniciaron una intensa búsqueda, apoyados por autoridades estatales y federales, además de colectivos ciudadanos que exigieron resultados.
Durante los días posteriores a la desaparición, se difundieron fichas de búsqueda y se realizaron operativos en distintos puntos del sur de Sinaloa. El hallazgo de fosas clandestinas en Concordia abrió una nueva línea de investigación que finalmente derivó en la identificación de ambos cuerpos.
Para las familias, el desenlace representa un golpe devastador, aunque también pone fin a semanas de incertidumbre marcadas por la espera y la esperanza de encontrarlos con vida.
Violencia en zonas mineras, un problema persistente
El caso del minero desaparecido en Sinaloa vuelve a evidenciar los riesgos que enfrentan quienes trabajan en regiones donde operan grupos delictivos. La minería, actividad clave para diversas economías locales, se desarrolla en ocasiones en territorios con alta presencia criminal, lo que expone a ingenieros, técnicos y obreros a situaciones de extrema vulnerabilidad.
Especialistas en seguridad han señalado que este tipo de hechos no solo afecta a las víctimas directas, sino que impacta cadenas productivas completas y genera desplazamientos laborales. Además, incrementa el temor entre comunidades que dependen de estas actividades para subsistir.
A nivel local, el municipio de Concordia ha sido escenario de episodios de violencia en los últimos años, y el reciente hallazgo de fosas clandestinas refuerza la percepción de un problema estructural que requiere atención integral.
Investigaciones en curso y exigencia de justicia
Las fiscalías involucradas mantienen abiertas las carpetas de investigación para esclarecer las circunstancias de la privación de la libertad y el homicidio de los ingenieros. De manera paralela, continúan las labores para ubicar al resto de los trabajadores que fueron reportados como desaparecidos junto a ellos.
Familiares y organizaciones civiles han reiterado el llamado a las autoridades para que no haya impunidad y se identifique a los responsables. También pidieron mayor protección para quienes laboran en zonas de alto riesgo y protocolos más estrictos para prevenir este tipo de tragedias.
El caso ha generado muestras de solidaridad desde Zacatecas y Sinaloa, donde ciudadanos han expresado su respaldo a las familias afectadas y su indignación ante la violencia.
Un cierre doloroso que deja preguntas abiertas
La localización sin vida de José Ángel Hernández Vélez e Ignacio Aurelio Salazar Flores cierra un capítulo marcado por la angustia, pero abre otro lleno de interrogantes sobre la seguridad laboral y la capacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos.
Mientras las investigaciones avanzan, la historia del minero desaparecido en Sinaloa queda como un recordatorio de las consecuencias humanas de la violencia y de la urgencia de reforzar estrategias que garanticen condiciones dignas y seguras para quienes trabajan lejos de casa.